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ABC DOMINGO 10 s 2 s 2008 ESPAÑA 29 SE ROMPE UN TABÚ La reacción contra presiones migratorias intensas ocasiona más bajas en el electorado de izquierdas, más expuesto a los costes migratorios, que en la derecha que se pida a los inmigrantes el compromiso de aceptar las costumbres españolas. Las democracias contemporáneas pueden exigir el cumplimiento de la ley. Pero no más. La razón no es baladí: se supone que lo no previsto por la ley genera espacios de libertad individual en los que las autoridades no tienen derecho a penetrar. La cosa, por descontado, no concluye aquí. En el fondo, es verdad que la ley, a pelo, no sirve para mantener unida a una sociedad. Esta idea, en la que concurren, a la par, socialistas y liberales, es un mito contemporáneo, no un principio realista. Ahora bien, como no está formulado en ningún sitio cuáles han de ser las costumbres de un país, resulta extemporáneo incluirlas en un contrato virtual. La socialización se verifica a distintos niveles, con grados varios de eficacia, y no se puede formalizar. Exigir garantías en papeles sellados, integra un gesto para la galería, al tiempo que una fuente de problemas innecesarios. Otra cosa es que se revisen los procedimientos que hasta ahora se han seguido para la incorporación de inmigrantes. Deben revisarse, por la sencillísima razón de que el procedimiento predominante ha sido... la falta de procedimientos. Tanto durante la etapa popular, como a lo largo de la última legislatura, la entrada de ilegales ha representado un trámite oficioso que las administraciones toleraban para captar mano de obra. La regularización ex post operada automáticamente gracias al concepto de arraigo -tres años de estancia en el país- Álvaro Delgado- Gal La idea de que los inmigrantes se comprometan mediante contrato a respetar las leyes y costumbres españolas, enunciada por Rajoy hace cuatro días, ha levantado un revuelo extraordinario, y en parte, artificial. Se trata, obviamente, de una improvisación, de tintes obviamente electoralistas, y por lo mismo, un poco irritante. Al tiempo, y aunque sea con memorable falta de tacto, el PP ha roto un tabú, y esto ya es algo, o mejor, es mucho. El PSOE se ha dedicado a volcar los ojos hacia arriba, como las doncellas del cine mudo. Pero se colocará pronto, muy pronto, en la estela abierta por el PP. Examinemos el asunto... con un poco de orden. Ha sido una ligereza, y en ello lleva razón el Gobierno, El PSOE se ha dedicado a volcar los ojos hacia arriba, como las doncellas del cine mudo, pero se colocará pronto, muy pronto, en la estrategia abierta por el PP encajaba al foráneo en el sistema. La fórmula arranca de la Ley Orgánica 4 2000 de 1999, promulgada con amplísimo consenso interpartidario. Contra lo que se ha dicho, es posible reducir dramáticamente el flujo de inmigrantes ilegales con medidas modestas. Un ejemplo: bastó la exigencia del visado, para que la inmigración ilegal de procedencia ecuatoriana descendiera en un ochenta por ciento en el espacio de unos meses. Estas cosas han empezado a hacerse tarde porque, simplemente, no se han querido hacer. ¿Por qué no se han querido hacer? En primer lugar, porque la economía y sociedad españolas necesitaban una inmigración alta. En segundo lugar, porque la inmigración alta convenía al gobierno de turno. El aumento de trabajadores empuja el PIB y las cuentas de la S. S. y mejora la imagen del Ejecutivo. A ello se han agregado intereses de sectores concretos. En cierto modo, los empresarios, y la clase media o media alta, han sido los más beneficiados por la explosión migratoria. No las clases populares, que han competido a veces por los mismos puestos de trabajo, y en todo momento, por prestaciones públicas inevitablemente escasas. El cambio de ciclo, y el he- cho notorio de que no se pueden mantener los ritmos actuales- -hemos pasado, en muy poco tiempo, de ser un país sin inmigrantes, a porcentajes excepcionales de población extranjera- hacen oportuno que se abra un debate en profundidad. Por el instante hemos oscilado, entre la palabrería buenista, y actitudes cautelosas en teoría, aunque no acompañadas de políticas efectivas en la práctica. Apunto lo último en referencia al PP. El PP se ha dedicado a denunciar una situación de la que él es, en parte, responsable, y responsable activo. Su desmarque, aunque peque de oportunista, cumplirá, con todo, una función democrática valiosa: desenterrar un problema auténtico y ponerlo sobre el tapete. El PSOE, a despecho de sus aspavientos, chupará rueda. El motivo es evidente: según demuestra tozudamente la experiencia, la reacción contra presiones migratorias intensas ocasiona más bajas en el electorado de izquierdas, especialmente expuesto a los costes migratorios, que en la derecha. Queda atrás la ensoñación infantil del Toledo de las tres culturas, y empieza lo moralmente serio: la realidad. Debe ser tratada con tacto, altura, y sentido del equilibrio.