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10 LA ENTREVISTA www. abc. es DOMINGO 10- -2- -2008 ABC El principal enemigo de una buena muerte es el miedo María Ángeles DuránsSocióloga y superviviente de un cáncer Llegó a preparar su propio fin ante un diagnóstico fatal. Y desde entonces jamás le ha vuelto la cara a la muerte, todo lo contrario de lo que hace esta vieja España nuestra, hedonista e individualista, que mira hacia otro lado mientras permite que se sigue muriendo tan mal POR VIRGINIA RÓDENAS FOTO: JULIÁN DE DOMINGO Lo hizo por solidaridad con los enfermos que van a morir. Sólo por eso, se resistió a cancelar su cita con el comité de ética del hospital de Galdácano que la había invitado a dar una conferencia sobre la situación de los dolientes terminales y que le ofrecía la posibilidad de encontrarse con médicos y enfermeras, que toman continuamente decisiones sobre los pacientes que están terminando de vivir. Fue así como su compromiso con los moribundos la arrancó de la convalecencia de una intervención quirúrgica y aún con los puntos frescos se marchó al Norte. Pero no fue como catedrática de Sociología, nunca lo hubiera hecho- -advierte- sino porque he padecido cáncer, pensé que iba a morir y he visto cómo morían muchos compañeros de enfermedad -Que hay un sufrimiento añadido para los enfermos y para sus familias: el miedo a que llegado el momento se muera con dolores y obligados a vivir más de lo que ellos creen que pueden resistir, y que eso era injusto, y que había que escucharles. La sociedad española es una sociedad culturalmente católica, pero con un porcentaje bajo (un 16 de personas practicantes, lo que crea una situación objetivamente conflictiva porque nadie puede imponer a otro, y menos en un tema tan importante como este, sus propias convicciones ideológicas, pero tampoco es bueno que se produzcan enfrentamientos profundos porque los que más van a sufrir son los propios enfermos y sus familias. Les dije también que a mí me ayudaba mucho recordar el poema de la Virgen de la buena muerte, que aparece en Los milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, precursor de los místicos, en el que se cuenta el prodigio que se obró sobre un obispo, ahijado de la Virgen y a quien quería mucho, y al que cuando le llegó la hora de morir, nuestra Señora, su protectora, no le dejó sufrir y le mandó ir con Ella al lugar en que está Les expliqué que me parecía bueno buscar en nuestras raíces culturales los elementos que nos permiten superar las circunstancias conflictivas. Por ejemplo, uno de los libros más utilizados de toda la Edad Media es La Leyenda Dorada de Santiago de La Vorágine, una obra importantísima en la que se inspiraban gran parte de los predicadores y en el que aparece una referencia a la muerte de la Virgen María que es una delicia. Dice, más o menos textualmente, que un día en que especialmente sufría la Virgen por el deseo de reunirse con su Hijo se le acercó un ángel y le dijo: No llores más María porque dentro de tres días verás a tu Hijo Y narra perfectamente cómo la Virgen se quiere morir, quiere ir ya al Cielo, algo que aparece en todos los místicos- muero porque no muero y la Virgen se pone muy contenta y empieza a preparar su muerte; el Espíritu Santo logra reunir a los apóstoles que estaban desperdigados predicando por el mundo y todos vienen a acompañarla en el momento de la última partida, que es un momento dulcísimo. Pues estos también son nuestros principios. medad hasta que en un plazo relativamente corto, pero no previsible, mueres, habiendo acumulado más dolor y más sufrimiento para todos. Hay una encuesta, que como tal no es muy buena porque sólo recoge opiniones de universitarios, en la que se pregunta sobre las condiciones de la que para ellos sería una buena muerte y destacan el no hacer sufrir a los que te rodean. Y a mí me parece que cuando se habla de la muerte se individualiza demasiado porque el sufrimiento del que va a morir no sólo es el suyo, sino el de todos los que están alrededor, y que el que más derecho tiene a tomar decisiones sobre lo que allí sucede es el propio enfermo. Con enorme generosidad, y no por quitarse al enfermo de encima, muchísimos hijos, esposos, hermanos... desean una muerte rápida a su familiar y, a la vez, muchísimos enfermos no desean que el periodo de tanta angustia del final, y en el que con tanta frecuencia están separados de sus familiares, fuera tan largo. Entonces, les conté una anécdota personal. El año en que estuve recibiendo intensa ayuda de mi familia (no puede evitar la emoción, las lágrimas rebosan sus ojos) mientras recibía quimioterapia y radioterapia, mis hijos sacaron muy malas notas. Sé que salí adelante no sólo por los médicos y mi propio esfuerzo, que también, sino en buena parte a toda la energía y afecto de mi familia, de mis amigos y compañeros de trabajo que se volcaron en mí. Pero mis cuatro hijos no levantaron cabeza, y si yo hubiera pensado que me acercaba al final no hubiera querido que ni ellos ni nadie a mi alrededor hubiera seguido añadiendo dolor a la inevitable factura de mi partida. -Hay millones. Al año, en España mueren 300.000 personas. Yo distingo de la muerte que llega cuando uno ya tiene la vida muy vencida, dañados muchos órganos diferentes, y acepta la idea de la propia decrepitud como el precio de haber vivido, y otras muertes, como la de los afectados de cáncer, en las que cuando todavía están jóvenes y en muy buen estado de salud aparece una enfermedad muy dura en la que en ciertos casos se puede prever que eso no va a tener remedio. Entonces, tienes tiempo, como yo, para enfrentarte, con una energía que normalmente el que va a morir no tiene, al hecho mismo de tu probabilidad de muerte. Para mí fue un desafío en toda regla y viví la enfermedad y el riesgo mortal, que al principio era muy alto, en pleno vigor de mi pensamiento, de mi voluntad y de mi conciencia de derechos ciudadanos. CULTURA CATÓLICA Me ayudaba recordar el poema de la Virgen de la buena muerte, cuando Nuestra Señora no dejó sufrir a su ahijado y le mandó ir con ella. Esas también son nuestras raíces TESTAMENTO VITAL ¿Su caso se puede generalizar? ¿Y qué les dijo? La línea central de la Iglesia y la Asociación Morir Dignamente es similar: no siempre morir es peor que no morir. Debe abrirse un debate, sin crispación, tendiendo puentes MUERTE EN CAMPAÑA -Se lo dije a los médicos. El juramento hipocrático tuvo sentido en la Grecia en que vivió Hipócrates en que la mayor parte de las enfermedades de que se moría la gente eran agudas o accidentes en los que si se superaba esa fase intensa de la enfermedad al día siguiente se recuperaba la salud, mientras que hoy se trata de enfermedades degenerativas en que si superas un momento de agravamiento, lo que te espera al día siguiente es más del mismo sufrimiento de la misma enfer- ¿Y en dónde radica la misión hipocrática? Los que están al final de la vida son viejos, no votan porque no están para esas zarandajas y no tienen dinero. Así que lo suyo no cuenta EUTANASIA Y MEDICINA Los médicos no han aceptado que parte de su trabajo debiera ser ayudar a morir. Cuando el enfermo es terminal muchos médicos pierden interés por él ¿Qué le pasó por la cabeza cuando cayó en la cuenta de que sobre su muerte podría no tener la última palabra? -No lo soporté. Sentí secuestrados mis derechos por los que tanto había luchado toda mi vida, el derecho de voto, a la afirmación personal, al nombre...