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82 CULTURAyESPECTÁCULOS SÁBADO 9 s 2 s 2008 ABC MEMORIA VISUAL DE ESPAÑA ¡Ra, ra, ra! Consiga mañana, con ABC, el capítulo quinto de la colección Memoria Visual de España, que abarca desde 1936 hasta 1938, por tan sólo un euro y los cupones del sábado y el domingo POR LUIS CONDE- SALAZAR En los albores del fatídico año de 1936 Manuel Azaña proclamaba en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid las medidas de urgencia del nuevo Gobierno (amnistía, reforma educativa y agraria, restauración de cargos públicos y de la Generalitat de Cataluña, entre otras) en un mítin multitudinario con el que se celebraba el triunfo en las elecciones de la coalición de izquierdas Frente Popular. Con esas imágenes para el recuerdo se inicia el quinto capítulo de la serie documental Memoria Visual de España, dirigida por el periodista y realizador Alfonso Arteseros. Desde ese momento y hasta el 18 de julio, día del alzamiento militar que dio origen a la Guerra Civil española, el país vivió envuelto en episodios de tensión y violencia intestina, pero también se dieron otros en los que la diversión y el espectáculo amenizaban en parte a la desconcertada y temerosa población. Por supuesto, el fútbol copaba el interés de los españoles, que al grito de España, España, ra, ra, ra animaban a la selección en un partido contra la temible Alemania en el Estadio Olímpico de Barcelona. Una forma de enfrentarse al saludo nazi de los germanos y a las banderas del Tercer Reich que ondeaban sobre el campo. Aquella primavera dos películas se estrenaban en la cartelera: por una parte Morena clara de Florián Rey, con Imperio Argentina y el cómico Miguel Ligero como protagonistas (inolvidable el Échale guindas al pavo, azúcar canela y clavo que aún pervive como latiguillo en nuestro catálogo de frases hechas) y por otra La hija de Juan Simón de José Luis Sáenz de Heredia, en la que el bailaor Angelillo y especialmente la bailarina del desaparecido barrio de Somo- Una escena de La muerte de Margaret Thatcher que se representa en el este de Londres ABC Margaret Thatcher muere en escena Hasta el momento del alzamiento militar hubo también diversión para una población atemorizada Una obra de teatro que se presenta en Londres analiza el impacto de la vida y la futura desaparición de la Dama de Hierro entre sus compatriotas EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Breaking News: la primera mujer en llegar a primer ministro ha muerto dice sobre el escenario la presentadora de un supuesto telediario. Margaret Thatcher, como Winston Churchill, es un personaje del que los británicos no pueden desprenderse. Obsesionó a muchos en vida, y algunos ya comienzan a obsesionarse con su muerte, aunque no parezca temprana a pesar de que su salud no es perfecta. Una obra de teatro titulada precisamente La muerte de Margaret Thatcher pretende una primera aproximación al impacto que, cuando llegue, tendrá su fallecimiento, el cual servirá también para un último balance sobre su vida: las risas de unos, el dolor de otros y la incapacidad de muchos de sus detractores para ir más allá de los tópicos y aprehender el calado de su figura. La acción la protagoniza un equipo de televisión que está cubriendo en directo la supuesta muerte de la Dama de Hierro, un joven en tratamiento por los problemas psicológicos que le produce la noticia, y el hombre de la funeraria. Thatcher no aparece como personaje, aunque está continuamente presente porque su ataúd ocupa el centro del escenario. Las referencias a su muerte, con sus ironías y bromas, no llegan a tener mal gusto. Quienes debieran protestar en realidad son los laboristas, pues el supuesto fallecimiento se emplaza en un Reino Unido gobernado por el tory David Cameron. De modesto presupuesto y representada en un pequeño teatro del este de Londres, el Courtyard Theatre, la obra tiene el interés del reconocimiento que supone por parte de los que se llaman hijos de Thatcher (la generación que creció con ella en el poder) de que sus posibles prejuicios hacia el personaje no están adecuadamente fundamentados. Lanza también la advertencia de que, tal vez, ni siquiera en su muerte mucha progresía caerá del caballo (no para aplaudirle donde difiere la ideología, sino para admitirle altura personal desde la discrepancia) La victoria electoral conservadora de 1979- -dice el autor de la pieza, Tom Green, en rrostro (Barcelona) Carmen Amaya, que entonces contaba con tan sólo 23 años, hicieron vibrar a los espectadores de la gran pantalla. Carreras de coches en Barcelona (con triunfo de Nubolari en un Alfa- Romeo) la Feria de Abril en Sevilla con presencia del presidente interino de la República Diego Martínez Barrio o los sanfermines en Pamplona con sus gigantes y cabezudos, vino, juerga y toros a la caza del mozo, son otros de los testimonios visuales que recorren nuestra historia más reciente antes de que diera lugar el conflicto armado que acabó con las ilusiones de casi todos. Lo que llegó después fue destrucción, asesinatos injustificables por ambos bandos, matanzas, venganzas camufladas, enfrentamientos entre genes que rimaban... En definitiva, páginas en negro de nuestro pasado sólo coloreadas por testimonios singulares como el del recientemente fallecido Pepín Bello, último superviviente de la Generación del 27. Alegrías y penas La obra es reflejo de la obsesión que los británicos siguen teniendo por la ex primer ministro relación al momento en que Thatcher llegó a primera ministra- -es mi recuerdo político más temprano. Viendo a los actores dar vida a los personajes y situaciones he llegado a ver que la obra es probablemente tanto más acerca de mí, uno de los hijos de Thatcher como sobre la propia mujer Green avanza que está maravillado por la visceralidad con que se elogió o se vituperó a Thatcher durante su etapa en Downing Street, y se pregunta si eso seguirá siendo así cuando se muera. Quería explorar cómo nos podemos sentir tan estrechamente conectados con alguien con quien nunca nos hemos encontrado, y hasta qué punto la muerte de alguien puede cambiar nuestras percepciones acerca de su vida En La muerte de Margaret Thatcher los periodistas no logran superar los tópicos que han acompañado a Maggie Personaje controvertido en la muerte como lo fue en vida sueltan como latiguillo. Enredados en sus propias trifulcas amorosas, los informadores narran superficialmente los hechos: funeral privado y no de Estado, marcha de un ex minero desde el norte de Inglaterra para escupir sobre el féretro de Thatcher, a la que se unen miles de personas sin que cumplan con su objetivo... Y el joven traumatizado por las noticias, atendido por la psiquiatra, va descubriendo que su problema psicológico obedece más a sus propios demonios familiares que a Thatcher.