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ABC VIERNES 8- -2- -2008 81 No es país para viejos EE. UU. 2007 122 minutos Género- -Drama Director- -Ethan y Joel Coen Actores- -Tommy Lee Jones, Javier Bardem, Josh Brolin Los Coen, Bardem y las dos fortunas E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Vivimos en un mundo de autorías y de denominaciones de origen, desde el agua hasta el vino, desde un corte de pelo hasta un cuadro o una casa. Los Coen son claramente una denominación de origen dentro del cine: un vino de Rioja, una película de los Coen... Y ésta última, No es país para viejos puro coen, es además un gran reserva dentro de su marca, a la altura de cualquiera de sus más grandes títulos, como Fargo La materia prima es un mero pinod noir, una novela de Cormac McCarthy, un narrador de frontera con aromas a café de fogata y a tiempo muerto. La historia es poderosísima y, ya desde las primeras escenas, profundamente ejemplar. La yema del argumento es la fortuna, o sea, ambas: la suerte y la riqueza. Luego es, en consecuencia, una historia intensamente filosófica que nos habla con sigilo como una y otra se solapan, se rehúyen y hasta se repudian. A los Coen les gusta pintar su América, una américa de interior, desgastada y polvorienta como la chepa de un camello viejo, que cruza con pasos largos y broncos a ambos lados del Río Grande, y cuentan de ella cosas trascendentes y tristes pero con tantísima cinematogracia que uno las ve entusiasmado, entretenido y hasta entre guiños y risas. Los Coen son tan buenos, tan jodidamente buenos, que no necesitan ir de profundos, reflexivos y de líricos para serlo a una altura digna de los grandes tuertos del cine. Hacer poesía Javier Bardem, retratado en Los Ángeles esta semana REUTERS de la pradera dándole patadas a las piedras... Y en este mundo tan viejo y tan nuevo ha ido a caer Javier Bardem, un actor que sabe rimar a cantazos, y le cae en suerte un personaje difícil para cualquier otro (con otro, Anton Chigurth se hubiera muerto sin nacer) y que él convierte en especial, en lejano y cercano, en repugnante y atractivo... y en un elogio diabólico al rigor, la eficacia, el trabajo bien hecho y la promesa cumplida mediante una incomprensible mezcla de indecencia y sentido del humor. Le hará ganar no sólo un Oscar, sino un Oscar muy trabajado y merecido. Lo extraño y a la vez meritorio por parte de Bardem es que haya sido capaz de absorber él la mayor parte del caldo gordo de esta película, de haberse convertido en su punta de lanza desde el lugar de secundario y más teniendo en cuenta que sus protagonistas, Josh Brolin y Tommy Lee Jones, están espléndidos. La trama es seca y negruzca como la boñiga de un coyote: un tipo sin futuro se tropieza con un montón de cadáveres y en el medio un maletín con dos millones de dólares, y su suerte consistirá en que a partir de ese momento su vida, o sea acabar con ella, será el objetivo de Anton Chigurh, entre otros. Que los Coen, teniéndonos a todos en un puño y en un ¡puñetas! nos hablen al tiempo de un lugar y de una época que se evaporan ante nuestros ojos, es sólo cuestión de estilo, o sea, pura denominación de origen: esa escena incomprensiblemente demoledora entre un sheriff de los de antes y un viejo que vive en ningún sitio rodeado de gatos. Como es puro estilo el modo apresurado, ensortijado, incluso mal contado, que tienen de narrar el desenlace de esa trama criminal de un hombre con suerte que se encontró dos millones de dólares. Hoy, día de su estreno, diremos que No es país para viejos es mejor aún que Fargo Luego, ya veremos.