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ABC JUEVES 7 s 2 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 87 Gelman y García Montero estrenan una nueva colección poética de Visor TULIO DEMICHELI MADRID. Jesús García Sánchez- -por todos conocido como Chus Visor- -celebra a finales de 2008 nada más y nada menos que cuarenta años de su Colección Visor de Poesía y por eso, cuando en realidad van transcurridos 39 y medio, lo cual ya se considera fiebre alta, ha decidido crear la Colección Palabra de Honor que inauguran los libros Mondar, del poeta argentino y premio Cervantes 2007 Juan Gelman, y Vista cansada, del poeta y ensayista granadino Luis García Montero, quien llevaba sin publicar poesía desde La intimidad de la serpiente, obra que apareció en la editorial Tusquets durante el año 2003. Chus Visor ni se ha enterado de la cuenta: setecientos libros de poesía divididos por 40 arrojan casi un título y medio al mes, lo cual, si no es pasión inédita, es una inaudita obsesión poética muy de agradecer. Por eso y porque ya sentía que lo estaba haciendo como un autómata- -afirmaba ayer Visor a ABC- decidí invitar a Luis García Montero- -quien, además de ser un gran poeta, es muy amigo mío- -a codirigir esta nueva colección, que está muy cuidada: libros de pasta dura, con solapa generosa y un papel de gran calidad, en la que editaremos cuatro libros al año. Y es que llega un día en el que ya prefieres hacer las cosas con otro, Creo que ha llegado el momento y va a ser muy bueno para la editorial Para abrir boca, enseguida llegarán a las librerías los dos primeros títulos, ya citados, y a lo largo del año seguirán Nada grave, el poemario póstumo de Ángel González, y otro del mexicano José Emilio Pacheco, al que todavía no ha puesto título. Para el año que viene, la lista de autores ya está cerrada: José Manuel Caballero Bonald, Felipe Benítez Reyes, el venezolano Eugenio Montejo y el catalán Joan Margarit. Varias generaciones de lectores de poesía se han ido formando en los libros de Visor, cuyo catálogo no sólo incluye obras escritas en nuestra lengua, sino traducciones de todo el mundo. Además, esta editorial ha venido publicando las obras ganadoras de diversos premios, como el Casa de América, el Generación del 27, el Ciudad de Melilla, el Tiflos, el Jaime Gil de Biedma, el Loewe, el Fray Luis de León o, entre otros, el Viaje del Parnaso. José Luis Galar en la estacióm de Canfranc (Huesca) ABC Estación de leyenda En La frontera dormida (Destino) José Luis Galar nos traslada a la Segunda Guerra Mundial, cuando los nazis ocuparon la estación internacional de Canfranc SERGI DORIA CANFRANC (HUESCA) Las etimologías significan la Historia. La palabra maquis tiene forma de ginesta corsa. Mientras contemplamos la Torre de Fusileros y el Coll de los Ladrones, puestos de vigilancia en la frontera pirenaica, José Luis Galar, novelista zaragozano aficionado a comer con espías, nos cuenta que irse al maquis es echarse al monte En un estrecho valle de nieves y nubarrones que se conjugan para la ventisca aparece la Estacion Internacional de Canfranc. Otro topónimo: Canfranc, camino franco El alcalde, Fernando Sánchez, muestra el escudo de los derechos medievales de Rota y Porta Los lugareños cobraban por el paso de Jaca a Francia, a cambio de mantenerlo limpio de nieve. En julio de 1928, el rey Alfonso XIII, el general Primo de Rivera y el presidente francés Gaston Doumergue culminaron un largo y costoso proyecto ferroviario que se arrastraba desde mediado el siglo XIX, y ponían en marcha la Estación Internacional. De estilo modernista y toques déco, la estación ostentaba una desmesurada amplitud. Una trama de raíles para facilitar el cambio de trenes por la diferencia del ancho de vías español y europeo: el viejo temor de la invasión... El conjunto daba un cuadro de Magritte: objetos dispares para la sensación surrealista: un edificio de aspecto vienés, entre rocas agrestes... Por esas vías que durante décadas criaron la mala hierba del olvido transita La frontera dormida de Galar. Nos dice que durante su accidentada biografía ferroviaria, por Canfranc pasó de todo: Todo el mundo sabía que en la posguerra entraron toneladas de oro, pero podía más la discreción aragonesa También sabían los lugareños que por esos andenes anduvo la vida y la muerte. En 1942, los nazis tomaron la estación. Permanecer en un andén significaba la Francia Ocupada, la detención por la Gestapo y la muerte; saltar al otro andén, tal vez, salvar el pellejo. Las consecuencias del encuentro de Hendaya entre Hitler y Franco sobresaltaron La frontera dormida soros de la Europa saqueada. Nazis que esconden cuadros de Vermeer; vagonetas de wolframio, enviado por Franco para blindar los tanques de la Wermacht; amores entre muchachas del lugar y oficiales de las SS; redes de la Resistencia y maquis que asoman desde el corazón del bosque. Canfranc, con su estación imposible, en medio de la nevada totalitaria da para mucho: La línea tuvo más importancia estratégica que ferroviaria... Al acabar la guerra, decayó la frecuencia de trenes, hasta que un accidente provocó su cierre en 1970 añade el alcalde. Quedaron para el recuerdo los gendarmes y la guardia civil, que seguía rastreando maquis en los años sesenta... Ahora la estación está en obras y resulta más difícil apreciar su decadencia austrohúngara. Tras un acuerdo con los franceses y Adif, el consistorio persigue su reapertura y reconvertirla en hotel de lujo, con un Museo del Ferrocarril, zona residencial e instalaciones para el deporte blanco. Pero la literatura puede, y mucho y La frontera dormida es pura ficción. Más que hablar de El oro de Canfranc que documentó el periodista Ramón J. Campo en su libro imprescindible. Galar prefiere soñar con un cuadro inexistente de Vermeer, El alquimista Es la piedra filosofal del thriller histórico. Y Canfranc, con su estación imposible, el camino franco de la leyenda. Cuatro títulos al año De estación a hotel Canfranc o Casablanca Entre 1942 y 1944, Canfranc se parecía a Casablanca. El espionaje era intuitivo y el protagonismo oral apunta Galar. Se luchaba por ganar una guerra y también por poseer los te-