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98 TVyCOMUNICACIÓN www. abc. es comunicacion MIÉRCOLES 6- -2- -2008 ABC The New York Times ajusta cuentas con Bush para lavar sus culpas El diario acusa a la Casa Blanca de desatar una caza de brujas contra los periodistas ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Coincidiendo con el calentamiento de los motores electorales, saltan chispas entre la Casa Blanca y The New York Times Uno de sus reporteros en Washington, Philip Shenon, acaba de sacar un libro dedicado a las miserias ocultas de la comisión investigadora del 11- S, una comisión teóricamente independiente, pero que según Shenon fue salvajemente presionada por el entorno de George W. Bush para ocultar graves errores de la CIA. Paralelamente otro reportero de la casa, James Risen, está citado a declarar ante un gran jurado federal para que revele qué fuentes le asistieron para escribir otro libro, este aparecido el año 2006, con el título State of War el estado de la guerra. Risen atribuye en su libro al gobierno de los Estados Unidos considerables esfuerzos para sabotear el programa nuclear iraní. Lo más curioso es que Risen habla de todo esto en su libro pero no lo menciona en ninguna de las noticias que ha firmado en The New York Times Lo cual no ha sido óbice para que la empresa cierre filas con él y deplore públicamente que la Casa Blanca se dedique a perseguir filtraciones desencadenando una caza de brujas contra los periodistas. El caso de James Risen recuerda al de la que hasta hace dos años también fue reportera en Washington de The New York Times Judith Miller. En 2005, Miller pasó tres meses encarcelada por negarse a revelar quién había sido su fuente en el caso Valerie Plame, la agente de la CIA cuya identidad se filtró a la prensa como castigo porque su marido, el diplomático Joseph Wilson, había cuestionado públicamente las razones para la guerra de Irak. La fuente de Miller no era otra que Lewis Scooter Libby, jefe de gabinete del vicepresidente Richard Cheney. Y sin embargo, entre el caso de James Risen y el de Judith Millr hay diferencias apreciables. Aunque The New York Times empezó defendiendo a capa y espada a ambos, en el caso de Miller rápidamente adoptó una política de perfil más bajo. Es más, poco después de su liberación la despidió. La echó a la calle. Ya hay un libro sobre los esfuerzos de la Administración para sabotear el programa nuclear iraní Cambio de actitud Valerie Plame, agente de la CIA vendida por el Gobierno AFP George Bush, centro de los ataques Philip Shenon acaba de sacar un libro dedicado a las miserias ocultas de la comisión investigadora del 11- S James Risen está citado a declarar para que revele qué fuentes le asistieron para escribir el libro State of War La crispación de los medios españoles es inexistente en Estados Unidos según el analista Rick Edmonds DAVID BLÁZQUEZ MADRID. Los medios de comunicación españoles están perdiendo independencia frente a los partidos políticos, a los que están muy vinculados según detalla Rick Edmonds, analista de Medios del Poynter Institute de Florida, en el Informe Anual sobre Medios de Comunicación. Edmonds ha explicado a ABC en su paso por Madrid que la prensa estadounidense hace de verdad gala de la libertad de expresión, ya que no dudan en criticar- -si así lo creen necesario- -a Bush, a Clinton o al presidente de turno El analista sostiene que existen grandes diferencias entre los periódicos norteaméricanos y españoles y cita como ejemplo el tratamiento de la información que los medios de EE. UU. otorgaron a los atentados terroristas del 11- S, muy distintos al tratamiento de crispación que la prensa de nuestro país dice que sostuvo en el fatídico 11- M. Edmonds insiste en que no hubo ninguna división ni confrontación entre periódicos a la hora de analizar lo ocurrido en Nueva York el 11- S, aunque sí hubo posteriormente diferentes posturas en las decisiones de Bush, sobre todo en torno a la Guerra de Irak En cuanto a la solución que Edmonds promueve, destaca la mayor independencia de los diarios y un mayor rigor profesio- nal en el periodista, que debe ser un intermediario escéptico, no comprometido con el poder político El analista estadounidense también señala significativamente la actual crisis que viven los periódicos en EE. UU. como The New York Times o The Wall Street Journal ante la fase de transición en la que se hallan por el auge de internet hacia una nueva plataforma digital y los problemas en el trasvase de recursos publicitarios, que está provocando pérdidas que conllevan una reducción de personal, lo que podría además influir en los propios periódicos e incluso en la política de los partidos políticos estadounidenses según afirma Edmonds, que a su vez añade: Las tiradas de papel no sólo no desaparecerán, sino que seguirán siendo líderes influyentes en la opinión pública Esto podía parecer asombroso, más teniendo en cuenta que Miller nunca fue una reportera del montón. Fue todo lo contrario: una verdadera diva. Sus inmejorables fuentes en la Casa Blanca y en Próximo Oriente, donde se le aribuían hasta amoríos con testas coronadas, la convirtieron en una informadora de referencia inmediatamente después del 11- S. Se considera que sus noticias fueron clave para convencer a la opinión pública de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. Hillary Rodham Clinton no es la única que se equivocó dando por buenas las razones de Bush y votando a favor de la guerra. Aquel error, entonces, lo cometió mucha gente. También The New York Times que andado el tiempo incluso pidió disculpas a sus lectores por la pobre cobertura de estos temas en los tiempos de Judith Miller. Que es cuando muchos creadores y consumidores de opinión pensaban justo lo contrario que ahora.