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82 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 6 s 2 s 2008 ABC CLÁSICA Novena sinfonía de Mahler. Int. Orquesta Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Dir. E. Oue. Auditorio Nacional. Madrid. 1- 02- 08 Temporada OCNE Rafael de León: la vida en verso Tal día como hoy del año 1908, nacía en Sevilla Rafael de León, genio y figura de nuestra copla, letra de molde en la que se escribió y cantó el más hermoso y sentido cancionero popular español del siglo XX MANUEL DE LA FUENTE MADRID. No vino en un barco de nombre extranjero, sino en las alas de un estribillo de azahar en la Sevilla de un 6 de febrero, tan bisiesto como éste, pero allá, allá lejos, en 1908. Nunca llevó su brazo tatuado con un nombre de mujer (si acaso, el de Doña Concha Piquer) sí fue hermoso, pero no rubio, como la cerveza, y sí marqués y conde, y ya es hora de ir contándoles entre dientes la vieja historia de su amor: la poesía y la canción popular, ésa que, manuelmachadianamente hablando, no existe hasta que el pueblo correveidile la canoniza por las esquinas y los saraos, la sacramenta por las tascas y los cafés de chinitas. A los marineros hemos preguntado por él, y nos han dicho su nombre, Rafael de León, tatuado en la caricia de su piel. Para casi todos, el letrista que le echó un par de bemoles (y algún que otro do de pecho) a las amarguras de aquella posguerra de mondas de patata y pan negro, y unos ojos verdes, verdes como el trigo verde, para leer con alguna esperanza, verde como la albahaca, las letras trémulas de la cartilla de racionamiento. El verde, verde limón, de un cantor que prefirió las cuerdas de las guitarras a las sogas de las academias, que le cantó a los díscolos de su clase (nobles venidos a menos, nobles venidos a más) a las reinas de aquí María de las Mercedes, no te vayas de Sevilla, que en nardo trocarse puede el clavel de tus mejillas y a las de ahí al lado Eugenia de Montijo, qué pena, pena, que te vayas de España para ser reina. Por las lises de Francia, Granada dejas... pero también a las parralas (la que decía que sí, la que decía que no) y a las zarzamoras (que a todas horas lloraban y lloraban por los rincones) Y, por supuesto, a los toreros Vino en un rayo de luna, de luna del mes de enero; era un chiquillo de Osuna, que quería ser torero y a los toros Embiste, toro bonito, embiste por caridad con divisa verde y oro. Y al Madrid de los tranvías y los Mahler, la OBC y Oue, en Madrid ANTONIO IGLESIAS Sobre la sólida base de ocho contrabajos, se erige, soberana, la gran Simfònica de Barcelona (OBC) que acaba de visitarnos en nuestro Auditorio Nacional, consiguientemente reforzada para alcanzar de conveniente manera una versión de la colosal Novena Sinfonía de Gustav Mahler, el en vida famoso director de la orquesta austriaca y figura auténtica de la composición en su período romántico, en el que no pocos estiman antecedente de la atonalidad. Pese a notorios contrastes, la obra vuelve a hallarse tintada por la muerte y así, su general contorno, es dramático teñido por una enorme melancolía, surgiendo de su rica temática, emotiva en alto grado. Quienes encuentran excesiva su duración de hora y media, hasta con momentos tan dilatados como ese enorme y mantenido pianissimo de su gran final, son su derivada antítesis. La colectividad catalana trajo como timón directorial al japonés Eiji Oue, con extraordinario currículo profesional enraizado en los Estados Unidos y Europa, hoy titular de la Simfònica barcelonesa, que llevó la extensa y compleja partitura mahleriana de memoria, dictándola con gesto holgado de plasticidad evidente, dada la respuesta convencida de unos profesores que saben secundar sus indicaciones, con lo cual la versión alcanzó cimas de soberana identidad. Brillante en todas sus familias, quizá nuestra predilección vaya hacia el metal y las trompas, en todo momento capaces de expresar con calidad y emoción infrecuentes. El dramatismo y sus tensiones románticas cuando el primer tiempo, Andante commodo el sabio contraste de lo popular del länder y vals del segundo; el aire soberano de un dominio de lo imitivativo cuando el scherzo tercero; y con su vuelta genial al perfume del primero en un sublime Adagio final, serían las más encomiables características de una estupenda versión general, si consideramos su contorno expresivo, vivido con meritoria profesionalidad por la centuria invitada a unos Viernes de la Nacional de España con nuestro Auditorio casi lleno. Rafael de León, poeta y letrista, una vida en verso de nuestro lírica popular abrigos de entretiempo Desde Sol a Chamberí, nadie sabe por qué llora pregonando un 15.000. ¡Cuatro series! ¡qué bonitas! ¡Son de doña Manolita! ¿Quién me compra esta penita? ¡Mañana, mañana sale! y al de las violeteras No lo esperes, Almudena, porque nunca ha de venir, que él es duque y tú una pobre violetera de Madrid Un hombre y un poeta que lo dejó casi todo por ponerle versos a tantas y tantas canciones para después de una guerra y que al lado de Quintero y Quiroga, tres eran tres, tres fueron los mosqueteros de la tonadilla, uno para todos y todos para uno de la copla. Se orilló por el lado rosa (y a veces tan amargo) de la vida (lo contaron entonces las lenguas de doble filo: Lo nuestro es navegar sin encontrarnos, a la deriva, amor, a la deriva y desde la acera de enfrente también le lloró a su querido Federico Lo mataron en Granada, una tarde de verano y todo el cielo gitano recibió la puñalada Mortal, mortal y rosa, aquel atardecer de agosto y Rafael, Rafael de León entre rejas como un pájaro me muero, necesito libertad... y entre los rojos de aquella Barcelona de negras tormentas que agitaban los aires, dinamitera y anarcosindicalista. Le cantó a la lima la vecinita de enfrente no, no tiene los ojos grandes, ni tiene el talle de espiga, no, no, ni son ABC Fue un hombre y un poeta que lo dejó casi todo por ponerle letra, y qué letra, a tantas y tantas canciones para después de una guerra sus labios de sangre y al limón tú no tienes quien te quiera, te vas a quedar soltera, solterita se quedó Sus versos viajaron en el baúl de la Piquer, y las maletas de Miguel de Molina, Lola Flores, Manolo Caracol... y viajaron en el corazón de los españoles del estraperlo y el gasógeno, que se los llevaban a la boca cuando por escasear escaseaban hasta los mendrugos, se lo juro, compañero. Rafael de León, poeta de los dobladillos del alma, poeta de las copas de aguardiente, sobre cualquier manchado mostrador, por qué, Rafael, Rafael de León, dio un mortal traspiés su corazón sevillano y ruiseñor, octosílabo y popular, el 9 de diciembre del lejano, por no decir remoto, ochenta y dos. Que nos dejó, don Rafael, en las tinieblas del play- back, en los pozos del karaoke. Si se lo encuentra, marinero, dígale que yo aún muero por él.