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36 INTERNACIONAL Primarias en EE. UU. s El supermartes MIÉRCOLES 6 s 2 s 2008 ABC EL LEVE PESO DE LO EXTERIOR En las cuestiones internacionales los candidatos están básicamente de acuerdo, Irak incluido; en consecuencia, no son materia principal de lucha electoral los principales candidatos de lo que parece. Está surgiendo cierto consenso, por ejemplo, alrededor de la noción de que Estados Unidos debería permanecer en Irak algún tiempo más, aunque sea con un nivel reducido de fuerzas militares. También se reconoce ampliamente que Estados Unidos debe tomar más medidas tanto fronteras adentro como diplomáticamente para encarar el cambio climático global; que Estados Unidos debe trabajar con sus aliados europeos para impedir que Afganistán caiga nuevamente en la anarquía; y que Estados Unidos debe adoptar la postura más fuerte posible contra el terrorismo y todos aquellos que de una u otra manera lo respalden. Ningún candidato importante defiende algo que remotamente se asemeje al aislacionismo. Por último, aunque tal vez más importante, el deterioro de la economía de Estados Unidos hoy está opacando a la política exterior. La mayor crisis que enfrentan muchos norteamericanos es su creciente incapacidad para cumplir con sus cuotas hipotecarias mensuales. La recesión, la pérdida de empleos y el elevado costo del petróleo, no la guerra, es lo que más temen los norteamericanos para 2008. No es la intención sugerir que la política exterior está ausente de la campaña. Junto con la economía, una cuestión dominante en la agenda política- -y que ha afectado particularmente la política republicana- -es la inmigración. Existe una creciente oposición al ingreso ilegal, pero no un consenso sobre qué hacer con quienes han estado en el país ilegalmente durante años o quienes quieran venir a Estados Unidos en el futuro. También es posible ver en la política de ambos partidos una creciente preocupación sobre la globalización. En tiempos económicos más difíciles, inevitablemente surgen posturas más duras frente a la competencia externa y la externalización de servicios. También puede existir una preocupación latente por la política exterior en la atención que se le otorga a la cantidad y la calidad de la experiencia relevante de los candidatos. Un deseo de cambio es una muletilla común del debate norteamericano, pero dista de ser la única. El renovado interés en la política exterior y el resto del mundo podría salir a la superficie si se produjera un acontecimiento dramático en el exterior. Pudimos comprobarlo hace unas pocas semanas, cuando fue asesinada la ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto. En ese momento se instó a los candidatos demócratas y republicanos por igual a explicar qué estarían dispuestos a hacer si existiera la posibilidad de capturar a Osama bin Laden o la necesidad de asegurar las armas nucleares de Pakistán. De la misma manera, Irak podría volver a ocupar la escena central si de pronto se revirtiera la situación positiva de los últimos meses, quizá después de un nuevo estallido de violencia entre los suníes y chiíes del país. Estados Unidos e Irán podrían entrar en guerra no por cuestiones nucleares, sino por el comportamiento temerario de los Guardias Revolucionarios (como ocurrió recientemente en el Estrecho de Ormuz) y si el presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad intentara provocar una crisis para desviar la atención interna de sus fracasos económicos. El orden en Pakistán podría desintegrarse irrecuperablemente. Un ataque terrorista podría recordarles a los norteamericanos que son tremendamente vulnerables. Las posibilidades son infinitas. El próximo presidente de EE. UU. se enfrentará una serie de desafíos acuciantes y difíciles en materia de política exterior- -y la manera en que él o ella responda afectará no sólo a Estados Unidos, sino a todo el mundo- Mientras tanto, sin embargo, la política exterior sólo tendrá una influencia indirecta en la elección de los norteamericanos. Project Syndicate, 2008 Richard N. Haass Presidente del Consejo sobre Relaciones Exteriores Chelsea Clinton, ayudando a su madre en Hartford AP ¿Y ESTO QUIÉN LO PAGA? Con la economía en recesión, las bolsas cayendo en picado y el paro en aumento, las promesas de los políticos parecen a veces pura palabrería POR ANNA GRAU NUEVA YORK. Aunque ya es habitual que se manifieste cierto desfase entre las promesas de cualquier candidato a la Presidencia y lo que un presidente puede cumplir a la hora de la verdad, la actual precampaña americana se lleva la palma del delirio de grandeza económico. En pleno pánico a la recesión, con el votante por primera vez más preocupado por su bolsillo que por la guerra de Irak, George W. Bush encarga presupuesto tras presupuesto que dispara tanto el gasto militar como el endeudamiento público. Esta política amenaza con dejar unos números ingobernables para su sucesor, incluso si éste es republicano. Si es demócrata, tendrá que tener una imaginación privilegiada para convertir en realidad las arengas por un mayor gasto social que caracterizan tanto a Hillary Rodham Clinton como a Barack Obama. Con un déficit que está previsto que supere los 400 billones de dólares (272.942 millones de euros) en el 2008 y también en el 2009, es imposible que a nadie le salgan los números sin subir los impuestos o sin apretarse con mucha severidad el cinturón. Los demócratas han sido los adalides tradicionales de lo primero, pero no parece lo más popular, ni siquiera lo más sensato, justo en el momento en que todas las economías familiares de América tiemblan mientras ven cómo se devalúan casas, se destruyen puestos de trabajo y el dólar sigue en caída libre. Si encima Bush deja tierra quemada tras de sí, con los seguros médicos más básicos para los más pobres, Medicare y Medicaid, ya esquilmados para pagar la cuantiosa factura de la guerra, quien venga detrás lo tendrá muy difícil para presumir de cambio Significativamente la economía ha ganado más terreno que claridad en los discursos de los candidatos. Todos hablan del toro pero nadie lo coge por los cuernos, temerosos de hablarle a la gente de que se avecinan sacrificios. Mucho menos de admitir alguna responsabilidad propia, presente o futura, en ello. Presumir de cambio a carrera electoral acaba de superar el supermartes y es todavía prematuro predecir con total seguridad quiénes serán los candidatos demócrata y republicano, mucho menos quién se convertirá en el 44. presidente de Estados Unidos. Pero no es demasiado pronto para abordar la cuestión de qué efecto está teniendo la política exterior norteamericana en la campaña y qué revela sobre cómo ven el mundo los norteamericanos. Para sorpresa de muchos observadores experimentados, la política exterior sólo tiene un impacto moderado en los votantes. Esto es inesperado, porque hace apenas seis meses la guerra en Irak dominaba el paisaje político. Si bien Irak sigue importándoles mucho a los norteamericanos, su importancia a la hora de determinar cómo votan ha disminuido, en parte porque las bajas norteamericanas allí se están reduciendo marcadamente mientras que la situación de seguridad parece mejorar gradualmente. En consecuencia, existe una presión pública considerablemente menor para hacer algo totalmente diferente. La política exterior también se ha vuelto menos saliente que hace apenas unos meses ya que la posibilidad de una guerra entre Estados Unidos e Irán ha disminuido, tras la Estimación de Inteligencia Nacional recientemente publicada sobre el programa nuclear iraní. La evaluación de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos de que Irán ha suspendido su programa de desarrollo de armas nucleares- -y, más importante aún, que su capacidad de enriquecimiento de uranio en gran escala probablemente esté a años de distancia- -pospone el día en que un presidente norteamericano tenga que decidir entre convivir con un Irán nuclear o atacarlo. Una tercera razón para el modesto impacto de las cuestiones internacionales en la elección del próximo presidente por parte de los votantes es otro hecho sorprendente: un mayor acuerdo entre L EE. UU. deberá permanecer en Irak algún tiempo más, aunque con un nivel reducido de fuerzas La economía, sobre todo, y la inmigración son los asuntos dominantes