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32 INTERNACIONAL LUNES 4 s 2 s 2008 ABC La ratonera de Guangzhou El temporal impide a un millón de personas, en su mayoría emigrantes de las provincias pobres, salir por tren de esta ciudad del sur del país, para pasar las fiestas del Año Nuevo chino con su familia POR PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL GUANGZHOU (CHINA) Día y noche, y soportando unas temperaturas bajísimas, la multitud continúa haciendo interminables colas en las calles adyacentes a la estación y durmiendo en el Centro de Exposiciones donde se celebra la Feria de Cantón. Hasta donde alcanza la mirada, una marea humana se extiende por las calles adyacentes a la estación de trenes de Guangzhou (Cantón) una próspera e industrial ciudad de 12 millones de habitantes situada al sur de China, en la provincia de Guangdong. Allí donde se posa la vista, ríos de gente humilde tirando de grandes maletas y cargados con pesados fardos de colores se mueven frenéticamente de un lado para otro sin saber hacia dónde ir ni por qué. Simplemente se dedican a seguir las indicaciones que, a gritos, les dan policías uniformados de azul y voluntarios ataviados con gorras rojas y camisetas amarillas, quienes encauzan a la masa hasta las barreras que forman soldados y agentes antidisturbios perfectamente alineados para impedir que la muchedumbre invada la ya de por sí atestada estación. Desde la autopista contigua a este imponente edificio, parece un hormiguero humano en constante movimiento pero, a pie de calle, es la viva imagen del caos que ha provocado en China el peor temporal de nieve sufrido en medio siglo. Llevo ya dos días aquí esperando y todavía no sé cuándo va a salir mi tren, ni si podré llegar a tiempo a casa para pasar el fin de año con mi mujer y mi hijo se queja a ABC Tian Hongjun, un obrero de 30 años de Chongqing, en el suroeste de China, que trabaja en una fábrica de muebles de cocina en la cercana ciudad de Shunde. Como millones de emigrantes procedentes de las zonas rurales de las provincias pobres del interior, Tian sólo puede volver una vez al año a su hogar para reencontrarse con su familia. Y es que, ganando un salario mensual de 2.000 yuanes (200 euros) por jornadas laborales de ocho horas, este jóven únicamente puede gastarse los 130 yuanes (13 euros) que cuesta un billete de asiento (no de litera) para un viaje que dura 35 horas en tren. Debido a las fuertes nevadas que han bloqueado las autopistas y vías del centro y sur del gigante asiático, Tian Hongjun y otros seis millones de chinos como él se han quedado atrapados en las estaciones de las grandes urbes industriales. Por ese motivo, y según explica, he dormido las dos últimas noches en un colchón en el suelo en el Centro de Exposiciones un monumental edificio donde se celebra la famosa Feria de Cantón y que tiene capacidad para albergar a 20.000 personas. Hacer lo posible Hormiguero humano Una cifra que se vuelve ridícula si se tiene en cuenta que un millón de pasajeros está esperando para salir de Guangzhou, que se ha convertido en una ratonera justo cuando va a comenzar el Año de la Rata. Aunque no consiga un asiento antes del miércoles- -cuando se celebra la cena familiar del fin de año chino- -regresaré a casa y pasaré unos días con mi familia antes de volver a reincoporarme al trabajo el día 15 indica Tian con resignación, ya que cree que no se puede luchar contra el mal tiempo y que el Gobierno y la Policía están haciendo todo lo posible para solucionar el problema Éste es el drama de los obreros que trabajan en las plantas de la denominada fábrica global quienes, por sueldos irrisorios, manufacturan la mayor parte de los productos que se consumen en el mundo y luego ni siquiera tienen vacaciones pagadas. La multitud de pasajeros espera tras el cordón policial junto a la estación de trenes de Guangzhou Por eso, 11 de los 19 millones de trabajadores emigrantes que viven en la provincia de Guangdong han desistido de su intención de volver a casa y ya se preparan para pasar el inicio del Año Nuevo Lunar en las fábricas junto a sus compañeros. Mientras tanto, los más osados como Tian Hongjun, siguen arrastrando sus maletas por los aledaños de la estación REUTERS de trenes aguardando a poder montarse en un tren que los saque de esta ratonera y los lleve hasta su hogar. Ayer, el Gobierno chino advirtió a la población que el temporal todavía no había amainado y que los equipos de emergencia tenían una tarea difícil por delante. El comunicado del Comité Principal de la Oficina Política del Comité Central de Partido Comunista, dirigido por el presidente chino, Hu Jintao, pedía a la población que actuara con la mente despejada y sabiendo que ciertas regiones del sur seguirán sufriendo las bajas temperaturas, y que los desastres volverán a ocurrir El temporal, el peor en cinco décadas, ha afectado a 19 de las 34 provincias de China y se ha cobrado la vida de más de 60 personas. No ha amainado Primera muerte por una estampida humana A pesar de que millares de policías y soldados han formado varias barreras para contener a la masa y regular su acceso a la estación de ferrocarriles de Guangzhou, el sábado se produjo una estampida que le costó la vida a Li Hongxia, quien procedía de la provincia central de Hubei y trabajaba en una fábrica de relojes. Su fallecimiento se suma a las más de sesenta personas que han perecido en accidentes de tráfico causados por el temporal, que ha originado unos daños superiores a los cinco mil millones de euros y sigue provocando cortes de electricidad y agua en diecisiete provincias. La culpa la tienen el mal tiempo y la costumbre que tenemos los chinos de volver todos a casa una vez al año para ver a nuestra familia señala Yuan Degang, un empleado de una siderurgia que lleva tres días esperando para coger un tren a la castigada provincia de Hunan, frente al lujoso Hotel Marriott de Guangzhou, próximo a la estación de ferrocarriles. Los pantalones roídos y la humilde chaqueta negra de Yuan Degang, que componen el uniforme nacional del chino pobre, contrastan con los coloristas vestidos de las jovencitas que pasan a su lado camino del McDonald s y haciendo caso omiso a los revendedores de billetes que quieren hacer negocio a costa del temporal y de la desgracia de los emigrantes rurales.