Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
32 INTERNACIONAL SÁBADO 2 s 2 s 2008 ABC Juan Pedro Quiñonero Kosovo, Bruselas, Moscú y Bosnia decidirán las presidenciales serbias Las urnas dirán hoy si Belgrado toma el camino de la Unión Europa o marcha con Moscú RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BELGRADO. Serbia, el pueblo que quiso atajar su transición del comunismo y se desvió y se perdió, tiene este fin de semana la oportunidad de enderezar la dirección en elecciones presidenciales o quedarse en las cunetas de Europa. En la autopista danubiana que remonta hacia Occidente vuelve a haber para Serbia una salida hacia Bruselas y el futuro, y otra hacia Kosovo y el arcano del pasado, que ya terminó pero aún es arma electoral y sentimental arrojadiza. Símbolo de lo uno es la nueva estrella emergente del tenis serbio, Novak Djokovic, que ha enviado al americano Federer de vuelta a su casa. Enseña de lo otro, lo es la cantante Marija Sefírovic, que ganó Eurovisión envuelta en la bandera serbia y hace campaña con los ultras. La Oración a Europa con que Sefirovic ganó entonces, su origen gitano y su orientación sexual, le valieron además el nombramiento por Bruselas de embajadora intercultural, lo que ha resultado tan reñido con su fervor nacionalista que la Comisión Europea estudia ahora despojarla. Pero entre Bruselas, Kosovo, la tentación moscovita y el intento añadido de condicionar una secesión de los serbios de Bosnia, esta segunda vuelta electoral tras la victoria nacionalista parece jugarse más fuera de casa, que en el terreno medio donde los serbios se juegan a diario su modesto presente económico (sueldos de 450 euros, 4.300 dólares de renta per capita) y su promesa de futuro en primera línea global, o sea en la Unión. Por meter ya la directa y enfilar la vía occidental hacia la Unión Europea aboga el presidente saliente, Boris Tadic (50) al que se le puede reprochar más hacer poco que malo; y, aunque igualmente patriota, parece pensar que de los héroes y tumbas de Kosovo se ocupen los libros, y del futuro se ocupe más la UE. El candidato del partido Radical, Tomislav Nikolic, aboga en cambio por mantener viva la historia, o al menos el conflicto con esta provincia serbia de mayoría albanesa que lleva mucho al margen de todo y que la guerra ha hecho ya irrecuperable para la vida normal en Serbia, o así lo entienden Washington y Bruselas. El que la inclemente declaración de independencia de Kosovo se haya ido retrasando, para evitar su efecto radicalizante sobre estas elecciones, da cuenta de su importancia: los serbios de los últimos 20 años se reencontraron con Kosovo como la cuna de su identidad y confesión, solapadas desde 1945 por internacionalismo y comunismo. Allí están sus grandes monasterios, que antes pocos visitaban. Nikolic bregó durante años a la sombra de dos acusados del Tribunal de La Haya, el ex presidente Milósevic y el ex jefe nacionalista y paramilitar Vojislav Seselj. Aunque ha suavizado su tono, representaría ese linaje serbio oscuro, gafado y melancólico, que ha llevado a un pueblo con fama de dinámico y moderno al aislamiento. Mientras para Tadic la UE sería lo primero, para Nikolic lo primero es Serbia; dice querer también la UE, pero sólo en los términos que dicte Serbia. Su guía y aliado, a quien visitaba para demostralo el jueves en Moscú, es el nuevo zar ruso Vladimir Putin, que promete hacer de Serbia su plataforma energética para Europa con una inversión de 1.500 millones de euros. Esta evolución no disgusta al menos a la mitad de los electores. La otra Serbia, vigorizante y profesional, ve en cambio esta opción como la confirmación de la peor pesadilla, que se abatió sobre este pueblo cuando abandonó el comunismo y amenaza con dejarlo finalmente exangüe. Pero los demócratas de Tadic se ven lastrados por la imagen antipatriota de otro candidato emergido también de sus filas: Cedomir Jovánovic es el único que asume que Kosovo está perdido. Aunque ni Tadic ni Nikolic admiten la secesión de Kosovo, a diferencia del primero Nikolic ha prometido boicot a las potencias que reconozcan la independencia, recuperando el tono de amenazar al mundo de Slobodan Milósevic. Apertura y pro- europeísmo están de hora baja si, además, el propio primer ministro, Vojislav Kostunica, de cuyo entorno procede Tadic, le ha negado el apoyo público intentando forzarlo a que condicione a Kosovo la oferta de acuerdo con la UE. SEMILLAS PODRIDAS as semillas podridas de las guerras étnicas continúan muy vivas a las puertas de Europa, pero la Unión Europea finge ignorarlo. Los bizantinos trabajos del Tribunal Penal Internacional de la Haya para la ex Yugoslavia, intentando juzgar y condenar los crímenes cometidos durante las más recientes guerras balcánicas, y la imposibilidad de detener, hasta hoy, a varios importantes militares serbios, acusados de los peores crímenes, prófugos en un territorio que tiene una extensión semejante a la de Andalucía, debieran recordarnos los riesgos que corre Europa con la elección presidencial de hoy en Serbia. Boris Tadic es percibido como un pro europeo, que espera el ingreso de su patria en la Unión Europea, tras un Acuerdo de Asociación y Estabilización que varios miembros de la Unión no desean firmar, esperando del gobierno una colaboración más eficaz en materia de persecución de criminales de guerra. Tomislav Nikolic es percibido como un ultranacionalista, apoyado por los ultranacionalistas rusos, que ha hecho una campaña populista, atizando incendios muy semejantes a las del resto de las extremas derechas europeas, con el matiz estratégico de sus relaciones privilegiadas con Moscú. La victoria final de Tadic (perdedor en la primera vuelta) hoy, permitiría prolongar la incertidumbre sobre muchos problemas de fondo (Kosovo, relaciones Serbia- RusiaUE, fin de los procesos que deben juzgar los crímenes de guerra: si es que pueden juzgarse desde el exterior las matanzas de las guerras civiles) La victoria nada imprevisible de Tomislav Nikolic instalaría todos esos problemas en la actualidad más cruda, que en nada nos es ajena. La paz armada en Kosovo, la agitación populista serbia, la prolongación indefinida de los trabajos del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, nos recuerdan, en los Balcanes, donde, en otro tiempo, hubo una importante colonia cultural judía, de origen español, que las semillas podridas de los conflictos étnicos son una realidad bien inmediata y amenazante. L A la sombra de Milósevic Tomislav Nikolic, tras su victoria en la primera vuelta AP Euroentusiastas Nikolic lo intenta por segunda vez en la nueva hora nacionalista Boris Tadic, psicólogo de 50 años, ha caído ya dos veces ante Nikolic, un vendedor de humo de bazar con insospechado gancho. En la primera ronda presidencial de 2004, como en la del pasado 20 de enero, ya aventajó el ultranacionalista al modernizante. Hace 18 años que Serbia no logra salir de la ecuación nacionalismo- comunismo. Aunque Tadic ganó en segundas la Presidencia, la victoria del partido Radical en Novi Sad, segunda ciudad del país fue un aviso. Los reformistas y liberales no han dado la talla. La recuperación económica se ha codeado con delincuencia y corrupción, ofreciendo a los nacionalistas un tema de campaña al margen de Kosovo del que hubieran carecido. Aunque la presidencia de Serbia es apenas ceremonial, opciones tan dispares han convertido estas elecciones en las más reñidas en años y todos lucharán hasta la última hora por los 6,7 millones de electores, incluidos cien mil serbios de Kosovo.