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96 CIENCIAyFUTURO VIERNES 1 s 2 s 2008 ABC Una araña en la cara oculta de Mercurio La sonda Messenger de la NASA desvela la superficie sembrada de cráteres del planeta más pequeño del Sistema Solar S. BASCO MADRID. Si algún astrofísico pensaba que Mercurio, el menor de los ocho hermanos que integran el Sistema Solar, es muy parecido a la Luna en su aspecto gris y anodino, se ha equivocado de medio a medio a juzgar por el análisis que hacen los expertos de la NASA de las cerca de 1.200 imágenes enviadas por la sonda Messenger, que sobrevoló el planeta a unos 200 kilómetros de altitud el pasado día 14. Volverá a hacerlo en octubre próximo, y en septiembre de 2009, y a partir de marzo de 2011 se fijará a él como una lapa orbitándolo hasta que la sonda aguante. En 1974 y 1975, la sonda Mariner 10 fotografió cerca de un 45 de la superficie del planeta. Nada extraordinario reveló. Pero las imágenes del 55 restante, captadas por las instrumentos de alta resolución de la Messenger, han desvelado un Mercurio atormentado, rocoso y colorido con una paleta de azules suaves y rojos desvaídos. Su piel está recorrida por largas cadenas montañosas con picos por encima de los 5.000 metros, flanqueadas de barrancos y acantilados, fruto de una agitada actividad tectónica al principio de su proceso de formación, estimado hace unos 4.600 millones de años. El planeta se muestra salpicado de cráteres, grandes y chicos, algunos de más de 2.000 metros de profundidad. Muchos proceden de impactos de asteroides; otros, de la antigua actividad volcánica que experimentó Mercurio, de la que quedan claras muestras en forma de grandes coladas. Pero el hallazgo que, por extraño, más ha llamado la atención de los expertos es la Araña Se trata de una formación geológica en forma de telaraña, o más bien de radios de bicicleta confluyendo sobre un eje. Un centenar de grandes surcos rectos, trazados casi a regla, se unen sobre un punto formado por un cráter o depresión central de 41 kilómetros de circunferencia. Se ignora qué pudo haber originado esta formación, situada casi en el centro de la cuenca Caloris, un gigantesco cráter único en el Siste ma Solar, con más de 1.600 kilómetros de diámetro y sin duda fruto del impacto de un gran asteroide hace unos 4.000 millones de años. El hermano menor de la Tierra tiene apenas un tercio de su tamaño, lo que representa algo más del doble que la Luna. La sonda ha descubierto también singularidades en su campo magnético. Al igual que el de nuestro Planeta Azul, está generado a partir de líquidos metálicos, lo que no ocurre en los casos de Venus y Marte, los otros dos planetas terrestres del Sistema Solar. Dicho campo magnético tiene la particularidad de que desvía el viento solar, apantallando la superficie de Mercurio en una burbuja y protegiéndola de radiaciones y altas temperaturas. jan las espectrografías en el rango del ultravioleta obtenidas por la sonda exploradora. Tan singulares características han hecho exclamar a Sean Solomon, de la Carnegie Institution, científico jefe del programa: Mercurio no es el planeta que todos esperábamos... Es muy dinámico, allí han pasado y pasan aún muchas cosas James Head, experto de la NASA en este programa, coincide en el entusiasmo de Solomon: Estamos empezando a llegar donde nadie antes había llegado Y es que la sonda Messenger, lanzada en la noche del 3 al 4 de agosto de 2004, está sacando un gran partido a los 300 millones de euros presupuestados en su programa y a su larguísimo viaje. Lleva tres años y medio ya de camino- -unos 8.000 millones de kilómetros recorridos- y le quedan otros tres años hasta alcanzar su objetivo final: entrar en una órbita en torno a Mercurio para permanecer en ella. Composición del suelo Ahora sabemos, además, que el suelo del planeta contiene grandes cantidades de hidrógeno, calcio y sodio, según refle- Más información sobre la misión: http: www. nasa. gov mission page s messenger main index. html Antigua actividad volcánica Imagen de la Araña una curiosa formación geológica captada por la sonda Messenger en Mercurio NASA CON LOS OJOS AZULES UNA VEZ NACIÓ UN NIÑO Hace más de 6.000 años, una mutación genética modificó la aportación de melanina al iris s De ese hombre procede el 9 de la población mundial POR S. B. Se trató de una mutación genética, del gen OCA 2, que codifica la proteína P, implicada en la producción de melanina, el pigmento responsable del color de la piel, el cabello y los ojos. Ese gen no cambió por completo sus cromosomas, apenas los necesarios para reducir la capacidad de introducir melanina en el iris. Ese niño tuvo descendencia MADRID. Hubo una vez un niño, hará más de 6.000 años, que nació con los ojos azules. Los suyos- -todos tenían los ojos marrones- -debieron pensar de todo, que era un enviado de la divinidad, o vaya usted a saber. Pero el caso es que fue el primer hombre de la historia con los iris color de cielo. una vez adulto, y pese a ser los ojos azules un carácter recesivo el 9 por ciento de la población mundial los tiene de ese color. Todos descienden de aquel individuo. Originalmente, todos los hombres tenían los ojos castaños- -marrones- pero una mutación que afectó al gen OCA 2 en nuestros cromosomas derivó en un cambio que desconectó la habilidad de desarrollar ojos de ese color Así lo explica en la página web de la Universidad de Copenhague el profesor Hans Eiberg, del departamento de Biología Molecular, autor de una investigación que da cuenta de esta mutación. Los demás colores de ojos, del negro al castaño o al verde, se explican por la cantidad de melanina del iris, que muestra una gran variación en cada uno de estos casos. Pero los ojos azules sólo presentan una pequeña diferencia en la cantidad de melanina. De ésto podemos concluir que todo los individuos con ojos azules proceden del mismo ancestro afirma el profesor Eiberg, quien en 1996 identificó al gen OCA 2 como responsable del color de los ojos. La transformación de los ojos castaños en azules no supone algo positivo, ni negativo, para el hombre, ya que en nada modifica aspectos esenciales, ni siquiera accesorios, para su supervivencia. Es apenas algo banal, un capricho de la genética, una anomalía intrascendente. Pero ha dado lugar a centenares de poemas. Dígalo Bécquer si no. Una cuestión banal