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ABC MIÉRCOLES 30- -1- -2008 Terry Gilliam quiere salvar in extremis el último filme del fallecido Heath Ledger 77 Dos perras labradoras, terror de los piratas de DVD CD al oler el policarbonato ANTONIO ASTORGA MADRID. Los piratas del caribe malayo les han puesto precio a sus cabezas: 30.000 dólares. Allí Lucky y Flo, dos preciosas perras labradoras de color negro, demolieron una red de piratería- -desde abril a agosto de 2007- -al detectar 1,88 millones de discos ópticos (DVD CD) ilegales, cuyo valor ascendía a más de 2,25 millones de euros, tras lo cual la Policía arrestó a 26 personas. Y todo por un olor: el del policarbonato. El perfume del DVD. Lucky y Flo integran la primera brigada mundial canina antipiratería, que ayer exhibió sus habilidades en Kinépolis. A partir de ahora actuarán en España, donde las cifras de piratería son alarmantes: 200 millones de películas descargadas de forma ilegal en 2007 a través de internet, 827.800 DVD incautados... Lucky y Flo no distinguen entre un DVD CD grabado ilegalmente o no, pero en las aduanas, aeropuertos, maleteros de los coches o guaridas de los manteros pueden detectar en cuestión de segundos entre cientos de cajas cuáles de ellas contienen discos ópticos de policarbonato. La autoridad policial abre el embalaje y comprueba si hay mercancía ilegal: películas, músicas, juegos... Así han actuado en EE. UU. Canadá, Hong Kong, Singapur, Filipinas, Dubai, Reino Unido y Malasia, país que condecoró a los canes, tras una certera actuación en un centro comercial de diez plantas, donde husmearon más de un millón de compactos ilegales: La policía local nos advirtió de que no podíamos volver puesto que las mafias le habían puesto precio a sus cabezas señala Michael Buchan agente de la MPA (representante de los intereses de la industria del cine a nivel mundial) quien junto a Philip Ray adiestró a las labradoras. En su primera intervención en un aeropuerto inglés los detectives caninos localizaron una caja que una vez abierta contenía alimentos para perros. ¿Hambre canina? No, debajo de esas latas había un disco con pornografía infantil. Desde ese día creí en las perras confía Philip, amigo de los gatos- -tiene dos- y de estos canes, que serían la sensación de la revista Perros y caballos Uno de los dibujos de Alfredo González para la edición de Poeta en Nueva York EFE García Lorca vive en Nueva York, aunque no le gusta La Casa Hispánica de Columbia reedita sus versos americanos ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. En lo más alto de Broadway campea la formidable Universidad de Columbia. Al fondo a mano izquierda, la Casa Hispánica que acogió a Federico García Lorca entre 1929 y 1930. Allí no aprendió una palabra de inglés pero parece que sí tocó varias veces el vetusto piano que se conserva en la planta baja, junto con una puerta antigua, conventual y descomunal, arrancada de sus goznes y apoyada contra la pared. Les daría pena tirarla. La Casa Hispánica de Columbia parece una casita de Bernarda Alba en medio de Manhattan. Su aire está cargado de espíritus de paso. Uno de los pocos permanentes, el profesor Gonzalo Sobejano, llega puntualísimo a la presentación de la edición ilustrada de Poeta en Nueva York del editor Pedro Tabernero, con dibujos de Alfredo González. Más que una edición parece una invitación: hablamos de 1.000 primorosos ejemplares, de los cuales sólo 200 llegarán a ser puestos a la venta. El resto se repartirá entre universidades e instituciones académicas. Es un libro- embajada cultural, buscando mayormente complicidades en los EE. UU. Así lo han entendido y avalado los herederos de Lorca. El profesor Sobejano principia precisando que no es la primera edición ilustrada de Poeta en Nueva York sino por lo menos la tercera. También la menos deudora, a su juicio, del carácter desesperado y hasta agónico de los versos de Lorca en Manhattan. Nada que ver con el bigote de alegría, gracia y deporte que Alfredo le ha dibujado, llenando página tras página de una Nueva York explosivamente naïf, risueñísima. Antes incluso de que el profesor Sobejano tenga ocasión de aclarar que con esto no está cuestionando el maridaje entre versos y dibujos, sino destacando la interesante tensión entre ellos, ya tercia raudo James D. Fernández, del Centro Juan Carlos I de la Universidad de Nueva York, ilustre trinchera de la cultura hispana en la ciudad. Fernández raja con ímpetu el melón del misterio lorquiano más allá de gitanos y de muslos como peces: en Nueva York, proclama, el lenguaje lorquiano adquirió una densidad, una riqueza de contradicciones, que hacen muy arduo dibujarlo. Sigue una lectura en español (pobre) y otra en inglés (magnífica) con la que la audiencia entra en trance. Los españoles porque sí, los americanos porque quizás buscando lo pintoresco se han dado de bruces con lo tremendo. Un proceso probablemente análogo al que experimentó Leonard Cohen al descubrir los versos de Lorca por casualidad en una librería de Montreal. Y supe que ese hombre me había destrozado maravillosamente la vida afirma Cohen. De Cohen son, precisamente, los versos que hacen de prefacio a esta edición. Y que el profesor Sobejano pondera con mimo, como quien destila la mayor y más terrible de las profecías: la de lo que no ha sido. De lo que no pudo ser porque Lorca se volvió a Granada para que lo mataran, en vez de quedarse en Nueva York para sufrir todo lo que haga falta y para hacerse viejo. Y dice el oráculo de Cohen: Lorca vive en Nueva York Nunca volvió a España Se fue un tiempo a Cuba Pero ha vuelto a la ciudad Está cansado de los gitanos Y está cansado del mar No soporta tocar su vieja guitarra Sólo tiene un tono Supo que lo habían matado Pero no, mira Vive en Nueva York Aunque no le gusta REUTERS