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ABC MIÉRCOLES 30 s 1 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LOS DÍAS DE PLOMO RA un zumbido siniestro que se clavaba en las entrañas como una amarga punzada de frío y de congoja. En el espeso silencio funeral de las calles atestadas, el pájaro gris volaba sobre las cabezas de una multitud sobrecogida por el desconsuelo y la zozobra, rasando los tejados, y dibujaba arabescos invisibles en aquel cielo plomizo y ceniciento que presagiaba un futuro de luto, desasosiego y pesadumbre. Recuerdo las miradas perdidas, los puños apretados, el estremecimiento afligido que sacudía la atmósfera como un espasmo eléctriIGNACIO co. Y el miedo, y el estupor, CAMACHO y la angustia, y la rabia. Sobre todo, la rabia, áspera, mortificante y destemplada como un puñetazo en el alma. Desde hace diez años, cada vez que un helicóptero sobrevuela la ciudad siento de nuevo en las tripas el hormigueo atormentado de aquellos días de plomo en que el cielo lloraba lágrimas de espanto. Vuelvo a ver las manos anónimas que se alzaban para tocar los féretros, los montes de flores húmedas al pie de la esquina maldita, las velas rojas de una vigilia estéril, las caras vueltas para ocultar el llanto. Vuelvo a evocar las horas desgarradas de aquella madrugada que parecía no amanecer nunca, las luces azules de la policía titilando al alba, el paso quedo de la gente que afluía sin despegar los labios, el espontáneo duelo cívico que fue brotando en medio de la desolación y la herrumbre moral como un árbol de dignidad y de coraje. Y la lluvia, helada como un cuchillo de desamparo, caudalosa como un río de tristeza. No habrá lluvia capaz de borrar tanta ignominia, ni tormenta de tiempo que arrastrar pueda los arenales resecos de toda aquella infamia. Porque, mientras Sevilla lloraba por unos huérfanos a los que alguien trató de preservar con dibujos animados de la terrible certeza de los telediarios; mientras España aguantaba el aliento para no sucumbir a la cólera; mientras un arzobispo clamaba en la catedral, como un nuevo Becket, por el hermano muerto de un Caín sempiterno; mientras millones de personas de bien se descorazonaban en el sinsentido del horror, alguien se regocijaba desde la cárcel ante el dolor de una sociedad convulsionada. Porque dejaron escrito que nuestros lloros eran sus sonrisas y nuestro sufrimiento su alegría. Porque no sólo quisieron, aunque jamás lo lograsen, asesinar nuestra libertad, sino también pisotear nuestro honor, mortificar nuestra serenidad y derretir nuestra esperanza. Por eso, y por la limpia fortaleza truncada de Alberto, y por la dulce paz segada de Ascensión, y por la inocencia que les robaron a sus hijos, y por la irreversible amargura de una madre, y por la confianza que perdimos y por el desaliento que hallamos, y por la mirada abatida de Teresa, y por la tragedia inútil, y por la alevosía del crimen, y por la pena padecida, y por la ira acumulada, y por estos diez años de soledad insondable, desconsolada y yerma, no olvido ni perdono. Y no reconozco a nadie, repito, a nadie, el derecho de administrar en mi nombre el perdón ni la memoria. E EL RECUADRO JIMÉNEZ BECERRIL MURIÓ DE INFARTO N O sé si sigue usted la actualidad de esta ópera de los tres centavos, perdón, de este sainete de los 400 euros. Según la cual, aquí nunca nadie habló del Proceso de Paz, ¿quién ha levantado ese infundio? Y aquí nunca se negoció con la ETA. Y mucho menos cuando la ETA puso el triquitraque en Barajas y logró inventar una triste realidad digna de Libro Guinness: la tregua con muertos. ¿Usted ha visto alguna vez una tregua con muertos? Pues en España la hubo. Pero no se lo crea. Son falseríos del canallerío del facherío. Que no saben qué inventar. Aquí nunca nadie se sentó a pactar con los asesinos ni se bajó ante ellos los pantalones propios y los del Estado de Derecho, porque usted sabe que siempre lo que han querido ha sido ilegalizar al Partido Comunista de las Nekanes Vascas y a la ANV Aquí nunca estuvimos a papitos con un etarra en huelga de hambre, ni nunca se retrasó comparecencia alguna en la Audiencia Nacional esperando que llegara un gachó que el hombre tenía problemas a causa de la nieve en las carreteras, para ponerlo inmediatamente de patitas en la calle. Por eso me extraña lo que esta chica que vive en Italia y que habla tan bien y ANTONIO con tanta emoción y garra, Teresa JiméBURGOS nez Becerril, ha organizado para esta tarde en mi pueblo, que es el de ustedes, Sevilla, para lo que gusten mandar. ¿Pues no que ha organizado un homenaje cívico en memoria de su hermano Alberto Jiménez Becerril, concejal del Ayuntamiento de Sevilla, y de su mujer, Ascensión García Ortiz, fallecidos hace ahora justamente diez años? ¿Que cómo fallecieron? Pues no lo tengo muy por seguro, pero a juzgar por cómo tantos, durante diez años, han mirado para otro lado cada vez que nombraban estas muertes, me imagino que debió de ser en accidente de carretera o algo así. ¿Víctimas del terrorismo, dice usted? Por favor, no levante infundios, tenga un poco de memoria: aquí las víctimas del terrorismo no existen. Aquí los que existen son unos hombres de paz, como Otegui, el otro y el de la moto. Lo que pasa es que como el facherío lo aprovecha todo con tal de cargarse nuestro proyecto de mo- dernidad, de progreso, de futuro y de por aquí te quiero ver, se han inventado eso de las víctimas, que es como lo de los obispos y la familia, pero sin Virgen de la Almudena. Y lo que más me sorprende es la tenacidad de esta chica, Teresa Jiménez Becerril, que está empeñada en demostrar que a su hermano lo mató la ETA, vamos, que no murió de infarto, como el médico militar Muñoz Cariñanos, o de embolia cerebral, como el fiscal Portero, y así sucesivamente hasta mil. Murió en el peor de los casos en atentado, pero nunca de la ETA. Tengo delante la esquela mortuoria, grandecita, modelo 4, que ponen el Ayuntamiento de Sevilla y la oficialista Fundación Jiménez Becerril en el décimo cabo de año de su muerte. Y lo dice bien clarito: Fallecieron en nuestra ciudad, víctimas de atentado ¿Atentado de quién? Ah, pues no sé: de Al Qaeda a lo mejor. ¿Pero de la ETA dice usted, y que descorcharon champán por su asesinato? Por favor, no me estropee el pasodoble, que estamos en vísperas de elecciones, y como diga usted que a Jiménez Becerril lo mató la ETA puede que luego no podamos continuar, como queremos, el proceso de usted ya me entiende... Porqueel acto cívico de esta tarde en el Hotel Meliá Sevilla tiene que ser algo relacionado con el mundo de los espectros y de la güija. Van a asistir unos señores que no existen, como no existe la ETA. Va a asistir José Antonio Ortega Lara, que como bien sabe usted es un personaje del Cuéntame que nunca estuvo en un zulo secuestrado por la ETA ni nada. Y va a asistir Mari Mar Blanco, que es la hermana de otro que tal, de un pueblo que como usted bien sabe nunca existió, de Ermua: un pueblo con Espíritu que se han inventado, algo así como el Macondo de García Márquez, pero en facha. Y Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio, otro español de las Vascongadas que tampoco existió nunca. Y no sigo, porque voy a tener que citar a Francisco José Alcaraz, y me van a decir entonces los procesos que tiene pendientes por inventarse precisamente estas historias para no dormir, con lo tranquilos que dormimos nosotros, porque sabemos que Alberto Jiménez Becerril murió de infarto y lo demás son patrañas del facherío de España; perdón, del Estado Español, que lo de España es ahora propiedad del Gobierno para su propaganda de la mandanga.