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82 CULTURAyESPECTÁCULOS MARTES 29 s 1 s 2008 ABC ÓPERA Esponsales en el Monasterio Autor: Sergei Prokofiev. Intérpretes: L. Petrova, V. Voynarovski, A. Jenis, A. Durseneva, V. Grivnov, K. Rohrer, V. Matorin, Coro de la Generalitat Valenciana, Orquesta de la Comunidad Valenciana. Director de escena: D. Slater. Director musical: D. Jurowski. Lugar: Palau de les Arts, Valencia Las proteínas del pescado ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Hace veinticinco años que se estrenó en España Esponsales en el monasterio la ópera de Prokofiev. Se dice que fue un acontecimiento en el limitado panorama lírico español de la época todavía incapaz de creer en la boyante realidad actual. Por supuesto que hoy también sería importante que la obra viniera de la mano del Teatro Mariinski, como lo hizo entonces, pero sólo a la abundancia actual puede achacarse que haya quedado algo perdida su reaparición en el Palau de les Arts. Las novedades se viven ahora con otra alegría, aun cuando estos Esponsales se anuncien con medios formidables. Si entonces el director musical fue Yuri Termikanov, hoy es Dmitri Jurowski (1979) Joven pero ya gran maestro, con facilidad para la concertación, oído para el equilibrio y sabiduría para el acabado, quizá sin pretender ese punto de acidez al que tan proclive es Prokofiev pero muy exigente con el resultado. Destacó el muy logrado sentido del discurso, de la oratoria, algo imprescindible en una ópera grande pero de materia camerística, cómica, dada al enredo, al equívoco y al estereotipo. Así la define el argumento de Sheridan, sobre el que también Gerhard compuso La Dueña De ahí la gracia de la producción que Daniel Slater estrenó en el Festival de Glyndebourne en 2006. Un recoleto teatrillo dieciochesco en el que todo parece sencillo y familiar, pero que transmite orden, fluidez y en- CLÁSICA Obras de Chaikovski, Mozart y Dvorak. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Madrid, Mischa Maisky (violonchelo) Director: Jesús López Cobos. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid Auditorio Nacional Dvorak es así ANTONIO IGLESIAS Ofreciéndonos un atractivo programa- -confiada su interpretación a la excelente Orquesta Sinfónica de Madrid, con Jesús López Cobos (titular) al frente, y solista de campanillas el letón Mischa Maiksy, figura reconocida de nuestros públicos- las Juventudes Musicales Madrileñas se apuntan un tanto de relieve extraordinario, dados sus resultados; muy en particular por la soberbia traducción del Concierto para violonchelo y orquesta, Op. 104 del gran checho Antonin Dvorak que, por encima de toda circunstancia, es así de desmelenado, soberbio en un derroche de sensibilidades, apoyado en la base de que han de servirlo una agrupación sinfónica valiente, contando con un solista de la clase excepcional que hubo en esta sesión. No le importa el esporádico y circunstancial roce con la de Viacheslav Voynarovski EFE La producción muestra un recoleto teatrillo dieciochesco en el que todo parece sencillo y familiar, pero que transmite orden, fluidez y encanto canto. Ya pueden ser las pescaderas vendiendo el género podrido de Mendoza, los frailes pecadores surgidos que surgen del suelo, la goyesca escena de Carnaval, los encuentros imprevistos, los esperados y los cómicos. Tan rusos, por ejemplo, como el de la Dueña y Mendoza, sostenido en las graves y saludables voces de Alexandra Durseneva y Vladímir Matorin. O la cómica realización que Viacheslav Voynarovski hace de Don Jerónimo, tenor de eslava naturaleza con recursos teatrales como para proporcionar más de una alegría a los espectadores. al lado porque todo en él es emotivo, desbordado, fruto del que solamente desea expresar un contenido emocional de la partitura. Responder a ello, adentrándose en tal manera, colaborando en ella a la perfección, se me antoja as del espectáculo- -en primerísimo lugar López Cobos- -en el colmado Auditorio Nacional, presidido por Su Majestad la Reina. La anterior obra llenó la segunda parte de un programa que inició su andadura con la Cuarta suite de Piotr Illich Chaikovski, titulada Mozartiana y una de las más conocidas sinfonías de Mozart: la número 40, KV 550, las dos páginas ofrecidas con seguro pulso por la batuta soberana de nuestro López Cobos, ostensible conocedor de sus pentagramas, que él supo llevar a los siempre excelentes profesores de su Orquesta Sinfónica de Madrid, sobresaliendo el gran violín de su concertino, Ara Malikian, en la suerte de cadenza de una de las variaciones del final de la Mozartiana un excepcional clarinete todo a lo largo del programa, las dos trompas cuando el Trío del tercer tiempo mozartiano. Y podría seguir mi referencia a una excelente melancolía y una fuerza inimaginable volviendo a Dvorak. Concierto, pues, memorable.