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ABC MARTES 29 s 1 s 2008 ESPAÑA 27 Para el Gobierno español, el antiguo Zaire se ha convertido en un país de atención prioritaria Calvar y Cáceres viven ajenos al coltán. Velan porque no se reproduzca la llamada Primera Guerra Mundial Africana, que acabó por devastar medio continente la pasada década y dejó tres millones de muertos. Están en Congo para proteger a los congoleños. La visita del ministro Moratinos, tercera escala africana, los ha traído a Kinshasa. El jefe de la diplomacia española ha llegado a este país como pacificador, tras ser el cooperante y el negociador de convenios de inmigración en Mali y Bissau. Ayer firmó un acuerdo básico de cooperación con su homólogo congoleño, el marco jurídico que permitirá desarrollar las futuras acciones bilaterales y abrir una oficina técnica comercial. Para el Gobierno español, el antiguo Zaire se ha convertido en país de atención prioritaria, por lo que el compromiso es donar un mínimo de 20 millones de euros anuales. Las carreteras están devastadas, la atención sanitaria en el aire, las escuelas a medio recomponer. Moratinos se arrancó en lingala, uno de los idiomas oficiales del país, entre los aplausos y los tres besos de rigor del ministro de Exteriores de Congo, y visitó la sede de la Embajada española, que fue atacada con un obús en 2006 como represalia por el despliegue de la Legión. Está previsto que hoy se entreviste con el presidente Joseph Kabila. La palabra paz del amigo español resonó ayer por una ciudad que sigue dando la espalda a los extranjeros. El negociador Moratinos, tras la firma del acuerdo básico de cooperación con su homólogo congoleño, Antipas Mbusa EFE Dos Milab españoles a orillas del río Congo Dos cascos azules españoles hacen su misión en el Congo; son los ojos y la voz del intento de paz en África s Moratinos llegó ayer a Kinshasa, firmó un acuerdo de cooperación y se arrancó en la rueda de prensa en lingala, un dialecto local CRUZ MORCILLO ENVIADA ESPECIAL KINSHASA. José Manuel Calvar y Víctor Cáceres son Milab observadores militares, dos de los 316 españoles que viven en la República Democrática del Congo. Ambos pertenecen a la Monuc, la misión de Naciones Unidas en este país, la más numerosa desplegada en el mundo con 17.000 cascos azules y otros cinco mil miembros civiles. El capitán de corbeta Calvar y el capitán de caballería Cáceres son el último reducto militar que queda en el empobrecido y convulso corazón de África tras la misión de observación electoral de Eufor, que envió a 132 legionarios españoles para mantener el orden en la capital, Kinshasa, durante las elecciones de 2006. El capitán Cáceres vive en Kikwit, la ciudad de los borrachos una población al sur de la capital en la que residen medio millón de congoleños. El militar forma junto a otros cuatro cascos azules de Zambia, Ghana, Nigeria e Indonesia el team side de la región de Bandundu. Cada mañana, cuatro de ellos salen a patrullar las aldeas de la zona en dos todoterrenos por carreteras- caminos en las que si se mete el coche en un agujero ya no sale ironiza Cáceres. Sin armas, con un chaleco y un casco como única defensa, los team son los ojos y la voz de la ONU en la cuenca del río mítico. Cada día hablamos con los alcaldes, con los jefes de las aldeas, con los directores de prisiones, con todo aquel que manda algo explica el casco azul, que tiene por delante cinco meses de misión. A la hora del almuerzo tiene que estar listo el informe de operaciones para enviarlo al cuartel general de Monuc en Kinshasa, con el nivel de amenaza reflejado en el papel, del 1 al 5; y que éste no lle- gue, porque entonces hay que salir corriendo. Calvar y Cáceres están en zona dos, separados por 800 kilómetros pero con el mismo riesgo. Ambos aseguran que no se sienten amenazados porque su territorio de acción está alejado del hervidero real del Congo. Los puntos negros a los que está prohibido viajar y donde la vida no vale ni medio dólar son Ituri, Kivu norte y Kivu sur, tres provincias al este del país en la frontera con Ruanda, Burundi y Tanzania. Allí se libra la batalla por el coltán (se produce el 80 del mundo) un superconductor empleado en ordenadores, móviles y misiles por el que las multinacionales están dispuestas a emular la colonización del rey belga Leopoldo II. Unas y otras azuzan a las tribus de la zona para hacerse con el control. Más de 20.000 menores son víctimas de la explotación infantil en España, según la OSCE S. E. MADRID. Nuestro país no es ajeno a graves lacras que asuelan otras sociedades de naciones en vías de desarrollo. De hecho, en España hay cerca de 20.000 niños, identificados por la Policía, que son víctimas de la explotación infantil. Se les obliga a prostituirse, a mendigar o a cometer delitos, y otras veces son presa de redes internacionales que los utilizan para trabajar, en adopciones ilegales o incluso para tráfico de órganos. Estos escalofriantes datos fueron revelados ayer por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) durante la celebración de un congreso sobre la trata de niños, organizado por la ONG Save the Children. La representante de OSCE en este foro, Eva Biaudet, advirtió de que estas cifras suponen sólo la punta de iceberg porque hay muchos más menores que son víctimas de la trata de seres humanos. Por ahora, lo que se conoce son sólo estimaciones de la magnitud del problema Y es que la explotación infantil es un negocio que mueve miles de millones de euros. Los niños- -explicó Biaudet- -son más fáciles de reclutar, convencer y trasladar que los adultos. Un niño que mendiga en Viena o Madrid puede sacar cien euros al día, mientras que las niñas obligadas a prostituirse generan unas ganancias de entre 1.000 y 3.000 euros semanales. Si tenemos en cuenta que un proxeneta paga aproximadamente unos 3.000 euros por cada niña, en una semana ha amortizado la compra También Save The Children dispone de estimaciones sobre este problema. Según la ONG, entre 40.000 y 50.000 niñas y mujeres en España son víctimas de la trata de seres humanos. Proceden de Rumanía, Marruecos, África susahariana, Brail y Centroamérica.