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ABC MARTES 29 s 1 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA DEMOCRACIA LIMOSNERA UANDO, en el apogeo del caciquismo restauracionista, Romanones iba por esos pueblos comprando votos a duros de plata, solía redondear la oferta con un puro para que el votante mercenario se lo fumase a la salud del corrupto sistema al que daba cobijo. El Gobierno de Zapatero debe de haber calculado el incremento de la inflación histórica para convertir aquellas cinco pesetas en cuatrocientos euros, pero se ha olvidado de añadir el cigarro porque hace un par de años que nos quitó del tabaco por las bravas. Ése es el único rasgo moIGNACIO derno de esta rancia moCAMACHO dalidad de compraventa electoral, que actualiza un vicio clásico de la política española disfrazándolo con el eufemismo socialdemócrata de la transferencia de renta. Por lo menos deberían cuidarse de no llamar devolución a esta dádiva, porque si tienen algo que devolver a los ciudadanos habrá que suponer que antes nos lo habían birlado. La democracia subastera es una degeneración populista de la competencia electoral, propia de sistemas inmaduros y mal consolidados en los que los partidos tratan de ganarse la voluntad de los electores por el poco refinado procedimiento de meterles dinero en el bolsillo del chaleco. No obstante, existe una cierta diferencia entre prometer bajadas regladas de impuestos, previo paso por el Parlamento de la correspondiente ley de reforma fiscal y sus marcos reglamentarios, y repartir talones discrecionales, subsidios y pagas extras al estilo de Girón de Velasco. En vez de una renta básica de ciudadanía, concepto ya discutible de la socialdemocracia paternalista, el presidente ofrece una desvergonzada prima por el voto, donada coyunturalmente por su graciosa voluntad y sin que genere derecho consolidado alguno. Si el Gobierno quiere disminuir los impuestos, bienvenida sea su intención, pero que lo haga como se hacen las cosas en un país desarrollado: con leyes que marquen las reglas del juego. El óbolo que ofrece Zapatero recuerda a los aquelarres que organizaba Jesús Gil en el esplendor de su bananía, cuando rodeado de guardaespaldas repartía entradas para los toros entre un populacho enardecido a las puertas de la plaza. No es ni siquiera una subasta electoral; es pura democracia limosnera. Eso sí, la maniobra tiene la ventaja de determinar con claridad el precio en el que los socialistas consideran que se puede tasar un voto en el mercado de los favores. Quizá no estaban muy seguros de las ofertas previas, como el cheque- bebé o los alquileres subvencionados, que daban lugar a confusión por las oscilaciones de sus tarifas. Ahora habrá que ver cuántos españoles le dicen a ZP aquello del jornalero, humilde pero digno, al cacique alfonsino: en mi hambre mando yo, guárdese su propina. En mal concepto tiene a los españoles quien piensa que puede alquilar por cuatrocientos euros su anuencia para convertir la nación en una almoneda. Y encima sin tabaco para ahumar las penas. C LISTAS ABIERTAS RIESGOS DEL PP EN EMBRIAGUEZ F UE casi como de repente que el Partido Popular comenzó a creerse que efectivamente podría ganar en marzo. Algunas piezas del mecano se recompusieron en las manos de Mariano Rajoy. Eso es la política, veleidosa, tornadiza, traicionera. Ha sido parecido a aquellos pases magnéticos que se exhibían en las tertulias ilustradas como precursores de la hipnosis. Levántate y anda. Pasó el juicio del 11- M, desfilaron las manifestaciones varias, quedó claro que Zapatero había negociado con ETA, el tándem Gallardón- Aguirre está en el banquillo y ya se divisa que el modelo territorial no será el eje de la campaña electoral. Por un enésimo efecto de las hipotecas- basura norteamericanas, la economía ocupa de nuevo el centro del escenario. Pizarro anda de oficial de máquinas y Rajoy está en la cámara de estrategias con las cartas de navegación, incluso jubiloso, como si notificar las veces que Zapatero le lió en el pasado le vaya a mantener vacunado en el futuro. En determinados estadios de la ilusión antes del parto, los síntomas son confundibles con una leve embriaguez, como les ocurre a los recién enamoraVALENTÍ dos inmediatamente después del flechaPUIG zo. En política, la embriaguez es desaconsejable, por transitoria que sea. Desde luego, el estado dionisíaco es incluso reprobable, pero no parece propensión del prudente Rajoy. También es cierto que genera un efecto positivo y de movilización expansiva pedirle el voto al elector dándole la sensación de que votará caballo ganador. Eso galvaniza el voto fiel y atrae votos volanderos y, en este caso, incide con probabilidad en los caladeros del centro. El riesgo está en la eventualidad de las expresiones y gestos incontrolados- -excesivos- -que son propios de la más ligera embriaguez política. Para ganar hay que creérselo, pero con templanza. El grado de desentendimiento de Zapatero respecto a la economía es elevadísimo y flagrante. En eso no engaña: él no había dado un paso adelante en la acción política para ocuparse de las hipotecas. Jordi Sevilla le ofre- ció algunas sesiones didácticas, pero a Zapatero le urgía más hurgar en la memoria histórica, fundar una Alianza de Civilizaciones. En cuatro años, prácticamente nada de lo que ha dicho sobre materia económica tuvo la relevancia que se espera de un presidente de Gobierno. Quiso delegar todo eso en Miguel Sebastián, pero el mundo empresarial se lo desaconsejó. La opción Pedro Solbes era la menos mala: era la opción de la confianza, no la confianza de Zapatero, sino la de los mercados y de Bruselas. Pero cualquier Robín de los Bosques con cartera ministerial pudo inquietar a Solbes con gastos sociales sin control, con políticas sin respaldo presupuestario, con aventurismo de colegiales de la política. Ahora el mundo va por otro lado. El temor a una recesión norteamericana impacta la economía global. En todas partes, la política vuelve a la economía. Rozamos en España los dos millones de parados. Los temores y pérdidas de los pequeños inversionistas españoles han sido tratados con la mayor torpeza por parte del gobierno socialista. En este momento es muy difícil calcular la repercusión electoral de ese error. Implica, además, la idea de que el PSOE sólo gobierna para los suyos, de nuevo para los descamisados y no para quienes generan movilidad social y riqueza gracias a su capacidad de ahorro. Cientos de miles de trabajadores autónomos atienden a las cotizaciones de Bolsa. Según el Banco de España, la inversión media por familia es de 6.000 euros: en 2005, el 11,4 por ciento de las familias españolas tenía acciones cotizadas en Bolsa. Ahí depositaron sus ahorros. Otros tantos tienen la economía doméstica radicalmente pendiente de una hipoteca. Todos acostumbran a votar. Van entrando las huestes del PP en el gran caballo virtual de la economía para así apoderarse de la ciudad de Troya. En estos casos, lo más indicado es compensar el brío con la ecuanimidad, la tentación de la embriaguez con la noción de interés público, el afán de poder con la virtud de saber competir. Para quien quiera llegar a La Moncloa lo mejor es ir ligero de equipaje, sobrio y realista. No es el peor de los bagajes cuando hasta el último día existe el riesgo de perder. vpuig abc. es