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4 OPINIÓN LUNES 28 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro FUEGO AMIGO ENTRE LOS DEMÓCRATAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera CRECIENTE PESIMISMO ECONÓMICO NFLACIÓN, paro, desaceleración del consumo y sobresaltos en la Bolsa son fenómenos reales que reflejan un tiempo de incertidumbre para la economía española. La realidad se impone y no sirve de nada negar las evidencias, como pretende un Gobierno cada día más incómodo ante la avalancha de datos negativos. Según la táctica habitual de Rodríguez Zapatero, el objetivo es llegar como sea al 9- M, procurando que los votantes no sean conscientes de que las nubes no están ya en el horizonte, sino que la bonanza económica pertenece al pasado. Tiempo habrá para lamentar la oportunidad perdida a la hora de promover reformas estructurales en momentos de coyuntura favorable. A efectos políticos, el problema reside en que los ciudadanos saben apreciar la situación por sí mismos: la carestía de la cesta de la compra, el paro creciente y el pequeño ahorro, que sufre las turbulencias financieras, son realidades tangibles para muchos millones de españoles. Los datos que hoy publica ABC, basados en un informe demoscópico sobre las encuestas del CIS que maneja el PP, resultan muy significativos. Los españoles se muestran especialmente sensibles a los datos que revelan que la creación de puestos de trabajo se deteriora mes a mes y que una buena parte de los nuevos ha ido a parar a manos de trabajadores extranjeros. En el último trimestre se han perdido 74.000 empleos para españoles. Para los afectados, como es obvio, no sirve el consuelo de las cifras macroeconómicas. Amas de casa, mujeres y trabajadores en paro son, como es lógico, quienes muestran una mayor preocupación por el presente y el futuro, sin hacer caso a las llamadas a la calma de los responsables económicos del Ejecutivo. El dato más contundente es que la valoración de la situación económica ha caído veinte puntos en los cuatro años de legislatura socialista. Los españoles hemos pasado del optimismo al pesimismo, pero el presidente del Gobierno sigue aferrado a esa imagen buenista que irrita a mucha gente en una época de dificultades. La economía será, sin I duda, un factor de primer orden en las próximas elecciones. La incorporación de Manuel Pizarro a las listas del PP es un mensaje a los votantes que el PSOE no ha logrado contrarrestar, tal vez porque Pedro Solbes, a pesar de ser un valor seguro, ha tenido que ceder demasiado ante otros sectores del partido y del Gobierno a la hora de lanzar promesas sin fundamento. Los ciudadanos saben cuál es la incidencia efectiva de los datos económicos en su vida cotidiana, y están muy lejos de compartir el optimismo del presidente o el resignado no es para tanto del vicepresidente. Para muchas familias no es fácil llegar a fin de mes, ni siquiera comprar productos básicos cuyo precio se ha disparado desde hace meses. El hecho de que los estudiantes y las clases medias- altas sean los más optimistas debería ser motivo de reflexión para el PSOE, porque la oferta progresista parece alejarse de su clientela natural. El índice de confianza del consumidor, elaborado según datos del ICO, se encuentra también en un nivel muy bajo. Es una medida significativa de cómo están las cosas, porque el consumo ha venido siendo motor de la economía y es un índice preciso sobre el estado de ánimo de muchos votantes. La crisis que intuyen o sufren los ciudadanos nunca beneficia al partido en el poder, pero todavía es peor esa actitud- -a medias entre la prepotencia y la ineficacia- -que pretende decir a la gente lo que tiene que pensar. La firme apuesta de Mariano Rajoy por la economía como clave electoral se refleja en una superoferta fiscal que el PSOE no ha logrado neutralizar con promesas improvisadas. Sin necesidad de grandes conocimientos técnicos, la gente sabe que si hay más dinero en manos de los contribuyentes podrá hacer frente con mayor fluidez a sus necesidades básicas. Zapatero prefiere ponerse la venda delante de los ojos y tal vez se encuentre con una sorpresa desagradable, aunque pretenda lanzar cortinas de humo con asuntos que- -a día de hoy- -están muy alejados de las preocupaciones reales de los ciudadanos. LA PAGA EXTRA DE ZAPATERO A campaña socialista se está convirtiendo en una sucesión de ocurrencias fiscales. Perdido el sentido de la realidad, instalado en el aquí no pasa nada, despreciando las consecuencias económicas de una crisis financiera que se agranda cada día, sorprendido por el rigor y la consistencia de las propuestas de Mariano Rajoy, el presidente Zapatero no tiene mejor idea que enviar un cheque de cuatrocientos euros a cada contribuyente si gana las elecciones del 9 de marzo. No hay justificación económica alguna para este nuevo regalo electoral, como no sea la constatación de que en Moncloa se han quedado sin ideas y de que el equipo económico está cansado y deseando irse a casa. Sólo se les ocurre generalizar la práctica que venían siguiendo con algunos grupos sociales, considerados como base de su particular cantera de votos. Deben de haber hecho cuentas, no les salen, y han decidido hacer un regalo diferido por Navidad a todos los contribuyentes. Si el Gobierno cree que el superávit presupuestario es innecesario, lo podía haber decidido antes de presumir tanto y no esperar a la convocatoria de elecciones. Si se ha acordado ahora de que bajar impuestos también es de izquierdas, podía haber presentado un programa fiscal coherente que redujese la tributación sobre las personas y sobre las sociedades, y no haber desautorizado a Tomás Gómez cuando, nada más tomar posesión como secretario general del Partido L Socialista de Madrid, propuso eliminar el impuesto sobre el patrimonio, lo que provocó que se le echaran encima los ortodoxos del gasto público al clásico grito de que paguen los ricos. Si Zapatero cree que la situación económica se ha deteriorado seriamente y que la caída en la renta disponible de los hogares como consecuencia del repunte de la inflación, la subida de los tipos de interés, el aumento de la presión fiscal y el deterioro del empleo exige medidas de crisis, debería empezar por dejar de descalificar al Partido Popular y de apelar al patriotismo para negar una evidencia que luego reconoce por la puerta de atrás. Si cree que la situación exige medidas extraordinarias- -y un cheque enviado al domicilio de los contribuyentes lo es sin duda- -tendría que empezar por hacer pedagogía y explicar a los ciudadanos que las proyecciones de crecimiento del 3,1 por ciento son irreales, y que el presupuesto aprobado es una ilusión. Quizás el presidente Zapatero considere que su muletilla de ampliar los derechos de los ciudadanos incluye el derecho a recibir un cheque después de cada elección, pero sólo si ganan los buenos. Suena demasiado a prácticas del antiguo régimen, cuando las efemérides se celebraban con pagas extras. Hay veces que es mejor rectificar, y esta es una de ellas. El vicepresidente económico ha de convencer a Zapatero para que retire esta ocurrencia. De lo contrario, perderá también Solbes su prestigio y el respeto profesional. AS primarias de Carolina del Sur han vuelto a demostrar que la carrera hacia la candidatura demócrata en la elección presidencial de noviembre no está decidida. Esta clara victoria parcial le ha dado al senador Barak Obama el aliento que parecía estar perdiendo en las anteriores consultas y ha disparado la incertidumbre para la estratégica jornada del supermartes del próximo 5 de febrero, donde está en juego más de la mitad de los delegados. Los resultados de Carolina del Sur tienen, sin embargo, una lección relativamente nueva en la historia electoral de Estados Unidos: la masiva adscripción racial de los votantes respecto a los candidatos después de una campaña especialmente cáustica entre Hilary Clinton y, sobre todo, su esposo, el ex presidente Bill Clinton, frente a la figura de Obama. Como resultado, después de este periodo de tensiones y acritud trasladado a la sociedad de este Estado del sur, el candidato negro ha sido respaldado masivamente por los electores negros, y viceversa. El aspirante originario de este mismo estado, John Edwards- -que podía aspirar a un reconocimiento especial, aunque fuera a cuenta del paisanaje- -ni siquiera ha sido segundo, y se ha visto desplazado como consecuencia de una controversia en la que parecen haberse resucitado los viejos demonios de los terribles tiempos de la segregación. Mal se presentan las cosas para los demócratas si estas primarias se acaban convirtiendo en una disputa entre la candidata que más rechazo provoca, Hilary Clinton, y otro que ha resucitado apoyándose en el fenómeno de la confrontación racial en una sociedad tan compleja como la norteamericana. Lo peor que podría suceder es que unos y otros prescindieran de anunciar sus propios proyectos y programas y se lanzaran a una carrera suicida cuya meta sería la destrucción del adversario, y que esta discusión se trasladase al electorado. La primera reacción de Hilary Clinton parece haber sido la de pedir a su esposo un poco de mesura en la campaña electoral, para templar un comportamiento que en ocasiones estaba yendo más allá de lo que se espera de un ex presidente norteamericano. En cuanto a la candidatura de Obama, los anuncios de que hoy recibirá el apoyo del sempiterno senador Edward Kennedy, con lo que ello significa, le va a permitir restaurar una posición más ecuménica y además, contrarrestar la bendición que le había dado a Hilary Clinton el New York Times, que puede ser considerado el símbolo del establishment contra el que se ha lanzado el senador por Illinois. Pero si los electores no son claros en Florida y en los estados agrupados el supermartes uno y otra pueden acabar destrozados por el fuego amigo para deleite de los republicanos, que ni siquiera tienen un referente claro, precisamente porque todos partían con la certeza de que, esta vez, los demócratas tenían todas las cartas para ganar la partida. L