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ABC DOMINGO 27 s 1 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 93 TEATRO Autor: Eugène Ionesco. Versión y dirección: Salva Bolta. Escenografía y vestuario: Ana Garay. Iluminación: Juan Gómez- Cornejo. Intérpretes: Jeannine Mestre y Gerardo Malla. Lugar: Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero. Madrid. Delirio a dúo Bajo el caparazón JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN El mundo estalla en pedazos y dentro del caparazón acomoda sus dimensiones la rutina gris del desafecto. Dentro de esa concha imperturbable, una vivienda agobiante, se agita una pareja que alguna vez se amó; ella estuvo casada y se marchó con este hombre que le prometía un futuro feliz, ahora viven instalados en una inquina resignada y repetida que es lo más parecido al amor que se profesan, y que ni siquiera tiene la grandeza asesina de una relación caníbal: sus dentelladas son de felpa triste y habitan en un infierno escalfado. Fechada en 1962, Delirio a dúo no es de las comedias más conocidas de Ionesco, que amortiguó en esta ocasión su sarcasmo para desarrollar un argumento de recinto cerrado Gerardo Malla ABC en el que una situación se va pudriendo, algo relativamente habitual en su teatro. Fuera parece haber un conflicto bélico cuyas explosiones sobresaltan moderadamente a la pareja, enredada en una interminable discusión sobre las diferencias y semejanzas entre tortugas y caracoles. Se esta- blece así un cierto paralelismo entre el estruendo que llega del exterior y las escaramuzas de esa pequeña y sorda guerra conyugal que parpadea en el interior. Cuando más delgada se hace la frontera entre una y otra realidad, los personajes optan por encerrarse aún más adentro de su caparazón: no van a permitir que un gran desastre turbe sus minucias cotidianas. Transparente imagen de lo ajeno que nos podemos mostrar ante lo trascendente mientras calibramos la magnitud de nuestro ombligo. Salva Bolta acerca muy bien ese ambiente de aguas estancadas explicitado por una acertada escenografía de Ana Garay que, para entendernos, hace visible la cuarta pared y suprime la segunda y la tercera, pues el público flanquea desde muy cerca a los actores, lo que acentúa la sensación de agobio. La interpretación enfrenta dos estilos singulares: la expresividad sonámbula de Jeannine Mestre, en plan de maravillosa y descoyuntada dama digna venida a menos, y la elocuencia contenida de Gerardo Malla, cuya cara de palo y mesura expresan la tibieza descolorida de su personaje y sirven de perfecto contrapunto al ritmo de su compañera. Un buen montaje para un Ionesco en fa menor. CLÁSICA OCNE Brahms: Un réquiem alemán Intérpretes: S. Rubens, soprano. R. Trekel, barítono. Orquesta y Coro Nacionales de España. Director: J. Pons. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid Argenta ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Hoy la Orquesta Nacional echa de menos a Ataúlfo Argenta. Se cumplieron el pasado día 21 los cincuenta años de su muerte y con ellos del recuerdo de ese Brahms que se decía bello y grande, serio, expresivamente potente, algo digno de un gran director, de un gran músico, de un intérprete de extraordinaria calidad y fervor Así lo escribió Claude Rostand poco después de escucharle Un réquiem alemán en París, a finales de 1957. Por eso la ONE le ha dedicado una mínima exposición fotográfica y el programa de esta semana, con Brahms y esta misma obra. Pero hay más testimonios directos sobre Argenta que reafirman el elogio. En estas mismas páginas se pudo leer el de Antonio Iglesias y en el boletín de la ONE aparece uno lleno de cariño de Carlos Gómez Amat. Todo ello al margen de los apabullantes datos que, en el programa de mano, recoge Juan González- Castelao, autor de un estudio biográfico de inminente publicación. Porque Argenta trabajó y mucho por hacer de esta orquesta una de las mejores y lo más importante por convertir cada concierto en algo digno de conservarse. Alguna grabación hay que pone los pelos de punta. Así las cosas, acaba de sonar el Requiem de Brahms en el Auditorio. Sin Argenta, por supuesto... pero también sin emoción, que es algo de considerable gravedad. La cuestión ya no es tocar bien o no, cantar mejor o peor (aunque es probable que por aquí cerca pueda encontrarse una soprano más redonda que la alemana Sibylla Rubens, aunque no sea capaz de llenar una página con sus méritos) Porque es cierto que hubo amplias dinámicas, desde el silencioso comienzo a la gran doble fuga, que se observó cuidado y ganas de hacer las cosas. Pero habiendo materia faltó vibración, sutileza, sentido. ¿Qué era previsible? Quizás. Tampoco hay que ir lejos para saber que una obra como esta jamás habría dejado tantos huecos entre los espectadores del viernes. Porque no sólo la ONE echa de menos a alguien como Argenta.