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92 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 27 s 1 s 2008 ABC Gabo paseaba por las calles de esta ciudad preciosa como inspiración para El amor en los tiempos del cólera cada noche durante los años 1983- 85 Los García Márquez también estamos condenados a los amores contrariados Las calles de Cartagena de Indias alimentaron las ficciones de García Márquez y hoy sus personajes están presentes en la ciudad Secretos de amor de Gabo Cartagena conserva huellas de los inicios literarios de Gabriel García Márquez y los fantasmas de El amor en los tiempos del cólera y El amor y otros demonios la recorren. Su hermano Jaime mostró en el Hay Festival anécdotas y lugares íntimos del Nobel TEXTO Y FOTOS: JESÚS GARCÍA CALERO ENVIADO ESPECIAL CARTAGENA DE INDIAS (COLOMBIA) La casa de Fermina Daza, en la que Gabriel García Márquez pensaba al escribir El amor en los tiempos del cólera, está en obras. Los lectores recuerdan que su gran amante, Florentino Ariza, se sentaba frente a su fachada para verla siquiera salir. El propio Gabo vive a dos cuadras en una casa magnífica que mira al Caribe sobre la antigua muralla. Entre ambas casas está el antiguo Convento de Santa Clara, lugar central en Del Amor y otros demonios. Tal es la densidad que este baluarte colonial tiene en el universo de Gabo. El Caribe aquí parece traer el perfume de las almendras amargas, que para el escritor era aroma y tentación en el destino de los amores contrariados. Así huele también el cianuro que deja arena en el corazón de quienes se suicidaron por amar o de aquellos que sintieron desde alguno de estos balcones un atisbo del dolor que persigue a las estirpes condenadas a cincuenta, o puede que a cien años de soledad. De la mano de un hermano del escritor, el ingeniero Jaime García Márquez, acompañado por las glosas del poeta y estudioso Gustavo Tatis, el Mapfre Hay Festival enseñó ayer a leer estos secretos entre líneas, entre vidas, entre calles y amores novelados por Gabo. Y, gracias a la memoria de Jaime, también pudieron entrar en la pequeña historia familiar del escritor, donde las llaves adecuadas abren el pasadizo exacto que lleva de la ficción a la realidad mágica de las anécdotas vividas por García Márquez. Para empezar, la casa del Marqués de Valdehoyos, el mayor tratante de esclavos negros de la era colonial cartagenera. Por consejo de su amigo Álvaro Mutis, Gabo lo transformó en Marqués de Casalduero en la ficción. La casa sale en El amor en los tiempos del cólera y también es el lugar en que Bolívar pernocta en El general en res contrariados de sus propios padres. Para conocer los detalles, el escritor curioseaba preguntando siempre por separado a su padre y a su madre sobre la implacable resistencia de su abuelo, el coronel, al amor del que él mismo nacería. La cosa acabó por inquietar tanto a don Gabriel Eligio García que le comentó a su mujer: Gabito debe estar queriendo contar nuestros amores y no lo voy a permitir, porque eso ya lo pienso hacer yo El padre del escritor tenía proyectada, en efecto, una novela familiar, algo acorde con la notable sensibilidad artística del telegrafista que tocaba el violín y a quien tanto costó conquistar a su amor. Los García Márquez también estamos condenados a los amores contrariados confesó ayer Jaime. Aquellos padres que tantas dificultades hubieron de vencer por puro amor negarían a la postre su permiso para la boda de una de sus hijas, Luisa, con el hombre que ella había elegido. La situación fue grave y Gabito, que ya vivía fuera de Colombia, y vino en 1958 a Barranquilla para casarse, se alargó a Cartagena para convencer a mis papás de que no podían hacer tal cosa con Luisa, lo mismo que a ellos les habían hecho. Gabriel había venido por primera vez a Cartagena en 1948, huyendo de las convulsiones políticas del Bogotazo y comenzó a trabajar en El Universal como reportero y autor de la columna Punto y aparte Cuentan que él y sus amigos inventaron en la tertulia que compartían, junto a intensas lecturas, la existencia del poeta supuestamente nicaragüense César Guerra Valdés, y que el juego fue tan lejos que llegaron a publicar poemas de esta especie de heterónimo y anunciaron su visita a la ciudad, que luego debieron desmentir ante el revuelo causado, afirmando que estaba enfermo. Y así lo mataron de mentira. Lo que sí fue verdadero es que en el hospital naval que había en el Baluarte cartagenero, Gabo se entrevistó con el marino Alejandro Velasco, que allí convalecía. Era el único superviviente de los ocho hombres caídos al agua desde un destructor durante una tormenta. La historia de sus nueve días en una balsa se publicó seriada en el periódico y más tarde en el libro Relato de un náufrago. En realidad cayeron porque el barco se escoraba con la tormenta y venía cargado en exceso con electrodomésticos de contrabando en los que los marinos gastaban sus ahorros para luego comerciar Jaime, ahijado del Nobel, cuenta cómo la familia, en la que mandan las mujeres, solía reunirse en un lugar llamado Rincón guapo Ésa es su primera fuente de historias, créanme, lo que pasa es que no nos paga derechos de autor bromea. Pero Cartagena, ciudad poblada de fantasmas de las estirpe de esclavos, herejes e inquisidores, también le inventa historias mágicas que cruzan más allá de la ficción, como el hallazgo de una tumba de la antigua abadesa en Santa Clara. Hoy está bajo el bar del hotel en que han convertido el convento y, en honor al Nobel, han escrito el nombre de Sierva María, protagonista de Del amor y otros demonios, en la lápida. El náufrago del relato Jaime García Márquez su laberinto, camino de la muerte. Jaime relata que Gabo paseaba por las calles de esta ciudad preciosa como inspiración para El amor en los tiempos del cólera, cada noche durante los años 1983- 85. La tuvo tan presente en aquellos paseos que le decía la escribí al pie de la vaca Escribir sorbos de leche, la historia familiar, porque la primera parte reproduce los amo-