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ABC DOMINGO 27 s 1 s 2008 Precampaña electoral s La estrategia del PP ESPAÑA 19 Un hueco para Rato Génova busca un formato de acto electoral que sea compatible con las nuevas responsabilidades del ex vicepresidente económico para que explicite su apoyo a Rajoy s El líder del PP clausura hoy la última conferencia económica que organiza su partido POR CRISTINA DE LA HOZ MADRID. No todo está dicho en la campaña de Mariano Rajoy. El PP quiere poner toda la carne en el asador para culminar el asalto a la Moncloa y tras el fichaje de Manuel Pizarro y de las ofertas económicas y fiscales que están presentando estos días, pueden venir otras sorpresas como la participación de Rodrigo Rato en algún acto de campaña. No se trataría de ningún mitin al uso, según señalaron fuentes de la dirección del PP a ABC, sino de buscar algún formato que no sea incompatible con sus nuevas e importantes responsabilidades El nuevo director general senior del banco franco- estadounidense Lazard y miembro del Consejo Asesor Internacional del Santander no va a ponerse a dar mítines pero sí puede participar en algún acto sectorial del partido como el celebrado este mismo fin de semana en Madrid y que hoy clausurará Mariano Rajoy, formato que le vendría como un guante. Hablamos de una conferencia económica y de empleo- -organizada por Miguel Arias Cañete- -en la que participa todo el equipo económico de Rato en los gobiernos del PP, entre ellos Cristóbal Montoro, Luis de Guindos o Juan Costa. Se trata en estos dos días de analizar tanto la situación presente de la economía española como los objetivos de futuro. El líder del PP clausurará esta cita junto a Manuel Pizarro- -ya metido de lleno en el área económica del partido- -y Costa. Además, los mismos medios consultados indicaron que Rato mantiene contacto con Génova, donde llegó a participar en una reunión a mediados de diciembre. Desde que Juan Costa desembarcó en la sede nacional para encargarse de coordinar el programa electoral se organizaron cada quince días reuniones del equipo económico, que terminaron a finales del año pasado. En la última de ellas se invitó a Rodrigo Rato, quien, al margen de su decisión de mantenerse alejado de la política, no pierde la afición por la misma y tiene muchas cosas que decir en el capítulo económico Economía es la palabra clave de la campaña popular. Tal es así que junto a los dos cara a cara que mantendrán José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy los días 25 de febrero y 3 de marzo- -siempre y cuando se pongan de acuerdo en las cadenas de televisión que los emitirán- el otro enfrentamiento estrella es el del vicepresidente segundo, Pedro Solbes, con Pizarro. El PP propone un solo debate televisivo al que puedan engancharse el resto de las cadenas que estén interesadas, apostando Negociación PP- PSOE Acebes y Arias Cañete inauguraron la cumbre económica del PP por Telemadrid, puesto que ambos son números dos de las listas por la circunscripción madrileña. Carlos Aragonés, por el PP, y Oscar López, por el PSOE, serán los que negocien este debate, según ha podido saber ABC. Pero al margen de la influencia que está adquiriendo Pizarro, el secretario general del EFE Telemadrid es la opción favorita por el PP para organizar un debate entre Solbes y Pizarro PP Angel Acebes, no quiso olvi, darse ayer de los que han pilotado el área económica en estos cuatro años de oposición. Así, agradeció en el acto de inaguración de la conferencia sobre economía el magnífico trabajo desarrollado por Miguel Arias Cañete y por su equipo, entre los que citó a Elvira Rodríguez y a Álvaro Nadal. MÁQUINAS DE GUERRA Estimo, entre otras cosas, que los partidos han mutado en maquinarias bélicas, y que la guerra expulsa la circulación de ideas bargo, esto de lado. El episodio, al margen de sus repercusiones prácticas, suscita algunas cuestiones interesantes. Empezaré expresando un sentimiento de extrañeza personal. La opinión ha aceptado, de modo unánime, que Aguirre encarnaba valores conservadores, en tanto que Gallardón representaba al ala más progresista del PP. Estimo que se trata, o de un malentendido, o de una exageración. Hagamos un poco de análisis comparado. Dentro del partido demócrata americano, o asimismo del republicano, nos encontramos con candidatos cuyas propuestas difieren de modo claro en torno a puntos de máxima relevancia. Éste es partidario de llevar más allá la bajada de impuestos; tal otro de fortalecer el Estado asistencial; fulano propugna replantear la presencia en Irak o conceder una amnistía a los inmigrantes ilegales, en tanto que Mengano proclama todo lo contrario. La disensión, repito, se verifica, no sólo entre los partidos, sino en el interior de ellos. O para ser más precisos, la disensión va uncida a nombres y apellidos. Se dirá que este hecho es producto del sistema presidencial americano y del itinerario que hay que seguir hasta instalarse en la Casa Blanca. Pues no, o no sólo. En la democracia alemana, de signo parlamentario, el señor Lafontaine defiende una visión de la política que no es compatible con la que están impulsando sus conmilitones en el gobierno de coalición. No se aprecia nada parecido en el caso del PP. Es cierto que el alcalde ha presidido un matrimonio entre dos militantes homosexuales; es cierto que hace gestos que el mundo de la cultura percibe como próximos, cómplices u hospitalarios. Ahora bien, de tales desmarques, a un conjunto articulado Álvaro Delgado- Gal ras alcanzar un punto de incandescencia, el pleito Aguirre Gallardón parece haberse enfriado, o mejor, entrado en periodo de hibernación. La realidad sepulta a la realidad: la publicación de las listas definitivas que los populares presentarán a las elecciones, los altibajos de la bolsa, o los lirismos del señor Saura, han desplazado a un segundo término el paso de comedia, y también de tragedia, que vivió la derecha hace semana y pico. Pero el lance ha dejado mal sabor de boca. No sólo por la tardía y desaliñada gestión de Rajoy, sino por las prisas poco elegantes de los otros dos protagonistas. Dejemos, sin em- T de ideas con un recorrido original, media un abismo. Las inflexiones que con todo derecho, y probablemente con acierto, introduce RuizGallardón, revisten más un carácter táctico que ideológico. Curiosamente este registro, fundamental en el mundo de la política profesional, ha sido bendecido como una filosofía, o casi, en diarios y tertulias. Vale la conversa. No es baladí la relación estrecha que une a la presidenta de la Comunidad con determinados medios de comunicación. Nadie podrá deducir de aquí, no obstante, qué piensa Esperanza Aguirre sobre muchos problemas de enjundia. Asistimos a un sistema de alianzas, no de conceptos. Lo que antecede tiene un reflejo en la organización del partido. Ha habido algo raro, impostado, en el proceso que culminó hace días. Informalmente, el alcalde ha oficiado como cabeza de una opción alternativa a la línea oficialista del PP. En los partidos ortodoxos, quizá atávicos, el dirigente alternativo acaudilla una corriente interna, tasable en votos o adhesiones que se pueden enumerar en los con- gresos o incluso en el Parlamento. Gallardón, sin embargo, no acaudilla ninguna corriente. Es más, pone cuidado sumo en enunciar su fidelidad al presidente, y con fundamento. Si su discrepancia se materializara en algo más que un estilo diferente, se convertiría de inmediato en un San Sebastián de la política. El desenlace peregrino, es que ha dado la sensación de que Gallardón pedía permiso a Rajoy para que éste le concediera un puesto en la parrilla de salida... si las cosas no rodaban bien en las elecciones. Cabe combinar la rivalidad con la lealtad. Pero no con la subordinación. Ésta es una innovación española. ¿Se trata de una cuestión técnica, es decir, vinculada con la economía organizativa de los partidos, o hay algo más? Creo que hay algo más. Estimo, entre otras cosas, que los partidos han mutado en maquinarias bélicas, y que la guerra expulsa la circulación de ideas. Es verdad que las máquinas bélicas no funcionan siempre como es debido. Es cierto que a veces descarrilan, o se atascan en los repechos. Pero producen el mismo efecto que si fueran perfectas.