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4 OPINIÓN DOMINGO 27 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO VENEZUELA, PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro RETAGUARDIA ETARRA AS relaciones entre el caudillo venezolano y la organización terrorista ETA son viejas y bien conocidas, puesto que Hugo Chávez, a diferencia del dictador cubano, Fidel Castro, no las ha ocultado nunca. Al contrario, en este caso ha sido el Gobierno socialista el que ha cerrado los ojos para no verlas. Los exabruptos de un grupo de chavistas frente a la Embajada de España en Caracas- -gritando vivas a ETA y quemando fotografías de Su Majestad- -son, en efecto, el fruto de una actitud política equívoca y desenfocada durante estos últimos cuatro años. Para un Gobierno cuyo presidente padece semejantes complejos intelectuales en su concepción del mundo, y que ha demostrado que no tiene claro si Estados Unidos está o no de nuestra parte, parece natural verse confundido por el discurso de alguien como Hugo Chávez, que se dice indigenista, antiimperialista y defensor de los estereotipos más rancios de la izquierda. Los primeros pasos de este Gobierno en la política exterior en Iberoamérica fueron, en efecto, levantar alegremente el acoso diplomático europeo a la dictadura cubana y ponerse a hacer negocios con Hugo Chávez, en ambos casos sin la menor consideración de los valores democráticos. De todos esos esfuerzos, el catastrófico resultado salta a la vista. Lo menos que se puede decir es que el presidente del Gobierno y su ministro de Asuntos Exteriores han actuado con un grado de ingenuidad que no se corresponde con las responsabilidades que han estado llamados a ejercer. En Venezuela, los etarras han seguido teniendo un santuario cómodo- -con el único inconveniente para sus perversos planes de estar mucho más lejos que Francia, a efectos prácticos- donde gozan de una libertad que, según ha publicado la prensa venezolana, les permitirá incluso presentarse como candidatos a cargos públicos en las próximas elecciones municipales, además de haber llegado a ocupar cargos de confianza en instituciones del Ejecutivo. Lo mismo ha sucedido en otros países de la esfera chavista, como la Bolivia de Evo Morales- -del que Zapatero se declaró admirador- donde se ponen las televisiones públicas al servicio de los independentistas catalanes para que difundan sus mensajes de odio a España. Mientras tanto, el Gobierno calla y aguanta. Por eso era tan importante que se hubiera reaccionado desde España con todo vigor ante gestos de Chávez como el de declararse aliado de la narcoguerrilla colombiana de las FARC y pedir que sea considerada una fuerza beligerante porque en su carrera alocada para salvar sus planes revolucionarios cualquier día puede pedir que se saque a ETA de la lista de organizaciones terroristas. El apoyo expreso e incondicional que se le dio en Madrid al presidente colombiano Álvaro Uribe ha sido el único gesto coherente que se ha visto en los últimos cuatro años. El problema es si, después de todo esto, las buenas palabras de hoy aún pueden resultar creíbles. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera L OBLIGADOS A ENTENDERSE A decisión de Mariano Rajoy de excluir al alcalde de Madrid de la lista del PP por la capital no ha sido el punto final que el máximo dirigente popular pretendía poner a una situación de discordia que sigue viva en el seno de su partido. Ruiz- Gallardón mantiene su intención de abandonar la alcaldía de Madrid a partir del 9 de marzo, sea cual sea el resultado de las elecciones generales, poniendo fin, al menos temporalmente, a una brillante carrera política. La lista definitiva del PP por Madrid- -llamativa, sin duda- -ha ratificado al alcalde en su renuncia, pues la inclusión de determinados candidatos hace aún másevidentesu derrotapersonalfrentea Esperanza Aguirre. Sucede, sin embargo, queuna vez cerrado el capítulo de la candidatura en Madrid se abren otros de los que Mariano Rajoy también debería ocuparse, pues Ruiz- Gallardón y Aguirre están al frente de las dos instituciones más importantes controladas por el PP y no puede permitirse el lujo de permanecer al margen de los acontecimientos que puedan producirse. La ausencia de comunicación entre el alcalde y Rajoy desde la reunión en la que el primero fue descartado como candidato abre las puertas a la reedición del mismo desencuentro, con apariencias distintas. Rajoy no puede llegar tarde a los problemas de su partido, ni pensar que éstos se resuelven simplemente no haciéndoles caso. Tampoco debería haber manifestadoen latelevisión públicacatalana quese siente orgulloso y satisfecho por no haber incluido en la lista de Madrid al alcalde ni a la presidenta de la Comunidad, de la quereconoció que también quería ser candidata. Es evidente que Rajoy estaba en su derecho de tomar la decisión que tomó, pues para eso es el líder del partido, el candidato a la presidencia y el responsable de ganar las elecciones. Pero, vistas las consecuencias de lo sucedido y sus efectos en el terreno personal, y aunque realmente esté orgulloso y satisfecho, no resulta procedente expresarse en esos términos porque provocan innecesariamente mayor irritación. Palabras que, además, alimentan la polémica, en vez de reducirla a una mayor discreción, y legitiman la continuidad del debate en la derecha sobre la exclusión electoral de Ruiz- Gallardón. La prioridad del PP es ganar las elecciones generales. Este objetivo no puede ser, sin embargo, utilizado para forzar el silencio de cualquiera que, desde la afinidad ideológica y lealmente, considere que las cosas debían haberse hecho de otra L manera. Este diagnóstico tampoco exime al alcalde de Madrid de ejercer su propia responsabilidad en relación con el cambio político que precisa España a partir del día 9 de marzo, y que sólo será posible si gana el PP con mayoría suficiente para investir a Mariano Rajoy como presidente del Gobierno. Es el momento de trascender las dimensiones personales de las disputas, por muy sólidos que sean los motivos deRuiz- Gallardón para sentir que no ha sido tratado con justicia por su partido, después de haber sido quien arrebató la comunidad de Madrid al PSOE y quien, tras recibir el encargo de José María Aznar, mantuvo y consolidó las mayorías absolutas del PP- -alcanzadas por Álvarez del Manzano- -en el Ayuntamiento de lacapital, en un momento muydifícil (año 2003) paraestepartido. Ruiz- Gallardón ha de tener en cuenta que algunos le negarán el pan y la sal si el PP gana las elecciones sin que él haya participado en la campaña, y que también le acusarán de haber contribuido a su derrota si las pierde. No mejor suerte puede esperar cuando ahora mismo, pese a sus credenciales de ganador, es destinatario de las peores invectivas. Pesealos errores cometidosporsu dirección, elPP eselpartido que ofrece un proyecto nacional viable y necesario para España, el que representa la continuidad de principios constitucionales básicos para el Estado y la Nación. Bajo sus siglas se cobijan personas de todo tipo, pero hay una generación de políticos con experiencia y juventud cuya emergencia depende en buena medida no de una derrota, sino de una victoria de Rajoy el 9- M, que es la opción para que el PP conduzca su renovación sin crisis, ni rupturas. Ruiz- Gallardón no debe excluirse del esfuerzo que no sólo el PP sino todo el centro- derecha español- -político, social y económico- -ha de asumir como reto propio para propiciar el cambio de Gobierno. Aguirre tiene en este contexto, además de poder, capacidad de referencia; y su responsabilidad consiste en utilizar una y otra de forma tal que el conflicto con el alcalde se desactive en vez de avivarse, más aún cuando en su mano está garantizar, desde la solidaridad de comulgar en un mismo proyecto, que el programa electoraldel PP en elAyuntamiento deMadrid contará con su concurso, lo dirija Ruiz- Gallardón o quien pudiera sustituirle, si el alcalde- -lo que está por ver- -deja la política. Esperanza Aguirretienemuchoqueganar, perotambiénqueperder en este envite, y, como el regidor madrileño, su comportamiento y actitud serán decisivos para un futuro político inmediato. SE DESTRUYE EMPLEO OSúltimos datos de la EPA son malos, esperados y previsibles. Lo peor no es que la tendencia de creación de empleo se haya revertido; ni siquiera que la crisis de la construcción haya afectado también al empleo en servicios, o que la industria sea incapaz de absorber el excedentedeoferta detrabajo. Lo verdaderamente significativo es que, por primera vez desde el año 1995, se destruye empleo en el último trimestre del año. No sólo no se crean ya suficientes puestos de trabajo para absorber el crecimiento de la población activa, sino que disminuye el número de ocupados. El número de desempleados aumentó en 117.000 personas en 2007 y la tasa de paro subió hasta el 8,6 por ciento. Pero, sobre todo, el volumen de ocupados disminuyó en 33.700 personas. El ministro Caldera, que no podía disimular el pasado viernes su contrariedad al presentar estas cifras, intentó cantar las excelencias de la legislatura, pero la gente está preocupada con el presente y con lo quesignifica para el futuro. No quiereoír historias, sino realidades, y se acuerda de las promesas del presidente Zapatero de reducir la tasa de desempleo hasta el 7 por ciento, que sue- L nan tan vacías como su insistencia en negar la evidencia y magnitud de la crisis. Mantener la previsión de crecimiento económico en el 3,1 por ciento ya era antes de este dato de un optimismo desmedido; hoy es simplemente increíble. Pero hay más datos preocupantes en las cifras de paro: es todo, menos tranquilizador, que el desempleo se cebe particularmente entre los extranjeros residentes, con una tasa de paro cuatro puntos y medio superior a la de los españoles. Todavía el año pasado la economía española siguió creando empleo en la construcción, pero destruyéndolo en la industria. No parece ser un patrón sostenible, ni augura nada bueno para este año, en el que se dejarán sentir en toda su magnitud los efectos de la crisis inmobiliaria. Se pone así de manifiesto la ausencia de una verdadera política industrial, pese a toda la propaganda sobre el gasto en investigación y desarrollo. Es la consecuencia necesaria de un Gobierno metido a aprendiz de brujo, más atento a ocupar el poder empresarial e intervenir en la vida de las compañías privadas que por dinamizar la economía con reformas necesarias.