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26 1 08 TENDENCIAS ¿Hay más tolerancia que convivencia? El príncipe etíope Asfa- Wossen Asserati, vástago de una de las más viejas dinastías del mundo, reflexiona sobre Europa y por qué la gente moderna carece de afabilidad. Tras sus libros sobre contrastes entre Europa y África, con Manieren (Maneras) busca explicar a los europeos de las nuevas generaciones, al menos del ámbito germano, cómo sus padres cambiaron la cordialidad en la convivencia por un mal humor permanente Príncipe Asserati El mal humor es el mayor ejemplo de mala educación TEXTO Y FOTO: RAMIRO VILLAPADIERNA NIETO DEL NEGUS DE ETIOPÍA. ASESOR DE EMPRESAS Y ANALISTA DE LAS BUENAS MANERAS El nieto de la Reina de Saba Pertenecer a la monarquía más antigua del mundo es aplastante. Uno crece bajo una sola palabra: responsabilidad. Me persigue y siempre estará conmigo, aunque viva en Alemania. He querido rechazarla pero es mi destino y no me va a dejar. No sabe cuantos etíopes viven en mi situación, La mayoría sólo espera el momento de volver. Pero le diré sólo que para mí la monarquía más justificada del mundo es la española: haberse ganado por derecho el papel de garante de la democracia es algo único y que todas le envidian -Hablar a los demás de buenos modales ¿no es una falta de modales? -Absolutamente, pero seamos flexibles, que también es de buena educación. -En Centroeuropa hay hoy una recuperación de los valores burgueses, que edificaron la sociedad cívica. -Se añora un tiempo que se percibe hoy como mejor porque en los últimos 30 años ha decaído mucho el trato entre personas, tenemos una relación muy poco civilizada. Por eso ahora en Alemania se debate tanto sobre los valores que hicieron grande la cultura burguesa: el respeto, la urbanidad, la libertad... -Denostar al burgués es un rasgo cultural del siglo XX. -Un error- -y nada racional- -si pensamos que hoy la mayor parte de los ciudadanos somos sin duda eso que vilipendiamos. Viniendo de África, yo valoraba mucho lo burgués, gente que tenía respeto por la tradición y el lugar del que venían, el mundo que les precedió y lo adaptaron a la ciudad. -Cortesía ha rimado a veces con hipocresía. ¿No está el mundo bastante mal como para decidir que lo peor es ponerse corbata o ir a misa el domingo? El auténtico enemigo es el que pasa por encima de todo. Y a veces resulta que son quienes querían revolucionarlo todo y se creen mejores por no respetar nada, empezando por sí mismos. ¿A qué llamamos maneras? -Es la actitud con que uno aborda el día: el mal humor es el peor ejemplo de mala educación. No se trata de saber comer espárragos, sino entender el motivo para hacerlo bien. La civilidad es simbiosis de contenido y formas. Nobleza y paz interior son los pilares más importantes de la educación para la convivencia. No conozco mayor signo de civilidad que hacer feliz a alguien aunque sea por un segundo. ¿A más confort peor humor? -El ser humano nunca estará sa- tisfecho con lo que logra en lo material. El arte de vivir es saber decir basta ya y ponerse límites. Thomas Mann le escribía a su hermano: eres demasiado absoluto, yo en cambio me he permitido darme una constitución Los que saben dónde están los límites, que acepta que hay incluso tabús no necesita un libro de modales. ¿Cree que sobre gustos no hay nada escrito? -Los gustos son discutibles, el buen gusto no. A la postre todos preguntan qué hacer y cómo hacerlo. Cuando la Revolución Francesa acabó con todo un sistema, el páramo social fue tal que hubo que reinventarlo: buscaron a los antiguos profesores de baile para que les enseñaran las virtudes del trato y la educación. También aquí, tras el seísmo de los años 60 y el fin de la comunicación familiar, las escuelas de baile son las únicas que conservan esas enseñanzas ancestrales. -Relativizar ¿no es a veces no saber? -Con Sartre decíamos: ¿Por qué el hombre tiene que afeitarse si la vida es una basura? Así llegamos al verdadero problema de Europa: la civilización se nos está yendo de las manos. Si contención y discreción son rasgos de lo mejor de la sociedad, ¿por qué todo te invita a lo contrario? ¿Por qué? -La civilización europea se yergue, como dijo Klaus Mann, sobre dos columnas, Hélade y Gólgota: Grecia y el cristianismo. Si se intenta decir que el cristianismo no tiene nada que ver con Europa, ¿cuál es la alternativa, en qué se basa nuestra cultura? ¿Habla del debate del Tratado Europeo? -Los europeos hemos llegado al callejón sin salida de no poder aceptar que la fe ha sido base de la civilización, en Europa por lo menos. La educación y maneras de crianza que he ido encontrando son, desde luego, hijos de la moral y nietos de la religión. -Vivió el 68 en la Universidad de Fráncfort, ¿qué se reprocha? -El 68 fue necesario y lo pasamos genial. Pero en Inglaterra, Francia o Italia revolucionó menos las mentalidad, mientras que en Alemania dividió el modo de pensar de una generación. Tiramos por la ventana todo un patrimonio y unas respuestas aquilatadas y quedamos desorientados. ¿Por qué cree que con la vida privada comienza el fin de la convivencia? Un africano nunca llevará a su padre a una residencia, es importante que hijos y nietos vean que ya no se es fuerte, ni joven, aprender a vivir la enfermedad y la muerte