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26 1 08 TENDENCIAS Durante los últimos años se ha venido trabajando en el proyecto de aportar un test genético que permita diferenciar el ciervo ibérico frente a otras subespecies o sus híbridos. Un equipo de investigación de la Universidad de Extremadura, dirigido por Juan Carranza, catedrático de zoología, se encarga del proyecto. El test ya está disponible y la Junta Nacional de Homologación de Trofeos ha comenzado a aplicarlo desde hace unos años, de modo que se rechazan aquellos que presentan mezcla con otras subespecies. Uno de los principales problemas a la hora de desarrollar este interesante proyecto era la de encontrar poblaciones puras de ciervo ibérico, lo que hizo que se dedicara bastante tiempo a analizar las más antiguas fincas de caza, para saber si en algún momento se habían importado ciervos de otros países. Aclarado este aspecto, lo más importante fue encontrar una secuencia de ADN única, que diferenciara a estas poblaciones de ciervos. Conseguidos los marcadores diferenciadores, se sacan muestras de cualquier parte del cuerpo de los ciervos que se pretenden analizar. Incluso en aquellos de los que solo queda su trofeo, se puede conseguir el ADN en la cuerna, realizando un finísimo agujero con una broca y recogiendo el polvillo que genera el taladro, es suficiente para poder secuenciar el ADN. El análisis se realiza solo a aquellos ciervos que pretenden ser valorados por la Junta Nacional de Trofeos de Caza, evitando así un fraude en la consecución de los trofeos de caza y velando por la pureza de una subespecie única en el mundo. También sirve para saber en qué condiciones de pureza se encuentra una población de ciervos vivos y si en esa finca se han introducido ejemplares de ciervos de otros países. El ciervo ibérico no es solo objeto de conservación como especie de la fauna, sino también porque es un producto exclusivo. Se tiene la esperanza de que cada vez más los cazadores- -los cazadores de verdad- -sepan valorar estas diferencias, y distingan entre la esencia de la caza y la práctica creciente de abatir animales, sin que importe su origen ni si son realmente salvajes. Los ciervos de Iberia no son ni los más grandes del mundo ni los que poseen mejores trofeos, pero cazadores de todos los países valoran en gran medida esta subespecie, con sus característicos rasgos diferenciadores y vienen a España en busca del ciervo ibérico. No dejemos que la trofeitis aguda que padecemos, extinga una de las subespecies más antiguas del mundo. En las fincas más antiguas Los cazadores de verdad son los primeros interesados en que fauna- -en este caso el ciervo ibérico- -y flora se preserven Caza El ciervo ibérico Hay cazadores y buscadores de trofeos. Los primeros aprecian al animal autóctono, mientras los segundos ni distinguen, ni les importa TEXTO: MARCELO VERDEJA FOTOS: ABC H ace unos 200.000 años se inició la última era glacial. Los hielos ocuparon Europa obligando a los animales a descender por el continente en busca de un clima más benigno. En el caso de los ciervos, se concentraron en reductos como la Península Ibérica, en la que podían aprovechar los recursos y sobrevivir. Cuando la larga glaciación llegó a su fin, 100.000 años más tarde, los ciervos de estas poblaciones del sur de la península se habían hecho diferentes de las que ocupaban Europa central antes de la era glacial. Cuando los hielos se fueron retirando, estas poblaciones volvieron a extenderse colonizando Europa hacia el norte, dando lugar a nuevas subespecies en el continente. Los ciervos que permanecieron en Iberia conservaron algu- nas características que les hacen similares a los que ocuparon Europa antes de la glaciación, como por ejemplo la angulación en la cuerna en el inicio de la corona. Ninguna de las subespecies actuales de Europa tiene cuernas anguladas, pero los fósiles centroeuropeos y el ciervo de Iberia las tienen. No se sabe si esto reporta alguna ventaja, pero la existencia de ese patrón peculiar en la cuerna, es una marca que conecta a nuestros ciervos con los ancestros más antiguos. Este rasgo diferencial del ciervo de Iberia (cervus elaphus) corre peligro de desvanecerse, ante la gran intervención del hombre en esta especie. Se han importado ciervos franceses, rumanos, húngaros, escoceses y hasta el wapití americano, haciendo que en muchos lugares se mezclen las poblaciones, perdiéndose el rasgo peculiar de nuestros ciervos.