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44 MADRID Tragedia en Fuenlabrada SÁBADO 26 s 1 s 2008 ABC (Viene de la página anterior) conscientes de que la familia pasaba por una situación difícil, sobre todo a raíz de la enfermedad de la madre, pero nunca llegaron a intuir la tragedia. Hilario, residente en la vivienda colindante al escenario del crimen, afirmó que eran frecuentes las discusiones entre el padre y el hijo, aunque nunca llegaban a la violencia. Se escuchaban gritos, pero nunca llegué a oír golpes afirmó Hilario. Otros vecinos del inmueble manifestaron que jamás habían escuchado nada raro y que ayer ni siquiera oyeron los disparos. Aparentemente era una familia modelo, pero los problemas se quedan en casa comentó apesadumbrada la vecina del quinto. Según explicaban los conocidos de la familia, el padre se dedicaba a repartir carne con un camión, aunque hace poco se había prejubilado para dedicar más tiempo a su esposa. Como si se tratase de un presagio, Jesús solía frecuentar el Mesón La Matanza, situado en la calle Checoslovaquia de la localidad, donde más de una vez se había quejado de la situación que atravesaban. Se sentía muy solo, decía que nadie le apoyaba, por eso no avisó a los vecinos y se fue directamente al bar afirmó con rotundidad el camarero del mesón. Jesús y Ángeles tenían además una hija de 28 años, Leticia, que desde hace tiempo no vivía en Madrid. Los vecinos relataban que la joven había visitado a sus padres la semana pasada y se había marchado hace poco, ajena a la desgracia que se cernía sobre su familia. Este parricidio es el segundo que tienen lugar en Madrid en lo que va de año a manos de un enfermo mental. El pasado día 21, un hombre esquizofrénico de 40 años acuchilló hasta la muerte a su madre, de 81, en el distrito de Carabanchel. Ludópata, inestable y depresivo La esquizofrenia no era el único problema que sufría al joven parricida de Fuenlabrada. Había superado una fuerte adicción a las máquinas, no tenía trabajo y solía mantener discusiones con su padre por el dinero POR L. TOSCANO FOTO CHEMA BARROSO MADRID. La mayoría de sus vecinos nunca llegaron a sospecharlo, pero los que lo conocían bien sabían que Fernando López, el joven parricida que acabó ayer con su vida y la de su madre, tenía serios problemas mentales. Según explicaba uno de sus amigos, visiblemente afectado por su pérdida, el joven trabajaba en la construcción, comprobando la fortaleza del hormigón, pero llevaba tres meses sin empleo a causa de una depresión. Era una persona muy inestable. Un día se levantaba y si no tenía dinero para tabaco no iba a trabajar comentaba ayer el joven. Según contaba, sus amigos del barrio intentaban animarle, pero desde hace más de 20 días, ni siquiera lograban que saliera de casa, últimamente ni se afeitaba La depresión no era el único problema que tenía Fernando. Además, el joven se medicaba por un principio de esquizofrenia que, según sus allegados, nunca se había manifestado de forma violenta. Discutía bastante con su padre porque le pedía dinero y él no se lo daba porque sabía Un policía encontró en el patio de la vivienda el cuchillo que utilizó para agredir a su padre que se lo gastaba en las máquinas afirmaba su amigo. Y es que Fernando había pasado por una ludopatía fuerte que, al parecer, ya había conseguido superar a través de la terapia. Además, el joven solía mostrarse bastante nervioso, como con temblores lo que hizo sospechar a algunos miembros del vecindario que había coqueteado con las drogas, sobre todo con la cocaína. Otros desmentían totalmente este hecho algún que otro porro, pero nada más afirmaba el camarero de La Matanza. José Cabrera Forneiro Psiquiatra y Especialista en Medicina Legal ESQUIZOFRENIA, FAMILIA Y SOCIEDAD uantas veces más tendremos que oír y ver tragedias como la de Fuenlabrada en Madrid? ¿Cuántas veces nos quejaremos de los sucesos incomprensibles que quizás pudieron haberse evitado? En definiti- ¿C va, cuándo nos daremos cuenta que detrás de una persona que padece una enfermedad mental grave como es el caso de la esquizofrenia, hay eso, una persona enferma que debe atenderse y tratarse, una familia desesperada por falta de medios, desinformación e incomprensión; y al final un precio tan caro como la misma muerte. Las personas que padecen una enfermedad mental como la esquizofrenia, que son en nuestro país alrededor de 400.000, no tienen culpa de nada, no se explican lo que les pasa y, lo que es más grave, en ocasiones ni siquiera son conscientes de la misma enfermedad. Y recae sobre sus familias y personas cercanas la responsabilidad plena de cuidarles, atender- les, entenderles, ayudarles a seguir el tratamiento prescrito por los psiquiatras y sufrir no solo los vaivenes de la enfermedad, sino el estigma social que ésta implica. Lo que ha ocurrido en Fuenlabrada tiene detrás una historia, nada sucede porque sí, todo al final tiene un sentido. Hoy sabemos que solo un 3 aproximadamente de las personas que padecen esta enfermedad pueden cometer agresiones en forma de lesiones o incluso muerte contra otros; es decir, sin duda somos mucho más peligrosos los que nos llamamos normales Y estas agresiones siempre, siempre van contra la familia, a la que el enfermo culpa muchas veces de su angustia, y suce- den cuando éste ha dejado de tomar la medicación, o cuando lleva mucho tiempo que no va al médico, o cuando no hay un dispositivo sanitario para un internamiento temporal... porque claro lo de quitar los hospitales psiquiátricos estuvo bien, pero a cambio ¿qué quedó? Pues quedó un gran vacío que como siempre la familia ha tenido que llenar con poca información, con mucha incomprensión y, sobre todo, sin apenas ayuda. Esto no es de recibo, no puede seguir así, y FEAFES como Federación Española de Familias debe ser escuchada, atendida y apoyada para que lo que ha sucedido en Fuenlabrada no vuelva a suceder. ¡No es justo En el parque con su madre A pesar de sus diferentes enfermedades, los vecinos califican a Fernando López como amable y cariñoso un chaval majo No era raro encontrar al joven acompañando a su madre, en silla de ruedas, en un paseo por el parque. Ella nunca habló mal de él, ni se sentía amenazada confirmaba entre lágrimas una amiga de la fallecida quien reconocía que la situación de la familia no era fácil: la enfermedad de Ángeles era muy dura y la de su hijo también, por lo que el padre tuvo que dejar de trabajar para poder hacerse cargo de ellos Tanto el padre como el hijo eran muy aficionados a la caza, por lo que el domicilio familiar estaba repleto de armas. No obstante, la enfermedad de la madre provocó que, cada vez, salieran de caza con menos frecuencia.