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ABC VIERNES 25 s 1 s 2008 VIERNES deESTRENO 87 El aborto como forma de resistencia contra el régimen comunista Cristian Mungiu cuenta un drama personal en 4 meses, 3 semanas y 2 días ABC MADRID. Otilia y Gabita comparten habitación en una residencia de estudiantes. La segunda está embarazada y decide abortar. Es aquí donde el cuándo y el dónde adquieren una importancia capital. Estamos en una pequeña localidad rumana, con el comunismo a punto de desmoronarse, en unos tiempos en los que España vivía la movida (o eso cuentan) La interrupción del embarazo está penada con la cárcel y las protagonistas se disponen a mostrarnos el drama personal que se avecina. Al contrario que en La vida de los otros no hay alusiones directas a la dictadura. 4 meses, 3 semanas y 2 días forma parte de un proyecto más amplio titulado Relatos de una edad de oro con la que Cristian Mungiu pretende contar una historia subjetiva del comunismo en Rumanía sin referirse de forma explícita al sistema político que sufría su país. La idea es contar diferentes historias de aquella época de infortunio que la gente tuvo que vivir como si fueran tiempos normales Cuenta el director que cuando se disponía a escribir la historia, que conoció personalmente, mucha gente le contó relatos parecidos. Me quedé asombrado al descubrir que era una historia muy común que siempre se había escondido entre sombras dice. Oí cosas realmente horribles La ley que prohibía el aborto en Rumanía data de 1966. Según el cineasta, la tasa de natalidad aumentó enseguida en su país. Cuando fui al colegio, éramos varios Cristian en clase, como si no hubiera bastantes nombres para todos añade con humor. La otra consecuencia es que, cuando llegó el final del comunismo, más de 500.000 mujeres habían muerto por abortar ilegalmente. En este contexto, el aborto perdió su connotación moral; se veía más como un acto de rebelión y resistencia contra el régimen En contrapartida, cuando se legalizó el aborto, en 1989, hubo casi un millón de interrupciones voluntarias del embarazo, mucho más que en cualquier otro país de Europa. Según el cineasta, todavía hoy se usa como método anticonceptivo, con más de 300.000 casos declarados anualmente Mungiu también comenta las dificultades de rodar una película de época como empiezan a ser los ochenta. Ahora hay siete veces más coches, los edificios tienen aire acondicionado, entonces no había farolas en las calles... Su mayor anhelo: Capturar la emoción y la verdad Laura Vasilu, en una imagen de la película rumana ganadora de la Palma de Oro en Cannes ABC 4 meses, 3 semanas y 2 días Rumanía 2007 113 minutos Género- -Drama Director- -Cristian Mungiu Actores- -Anamaria Marinca, Vlad Ivanov, Laura Vasiliu, Alexandru Potoceanu Época de infortunio Malos tiempos para abortar E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Esta película rumana ganó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes, y a nadie le sorprendió porque reunía todos los requisitos para merecerlo: un argumento duro, espinoso; una mirada directa, fría; un lenguaje severo, desdramatizado; un personaje interpuesto entre lo dramático y el espectador... Cualidades de festival que quizá no lo sean tanto para su entrada ahora en las salas comerciales. Es, sin lugar a dudas, una película curiosísima, distinta, hecha por un cineasta que controla cada uno de los Más información sobre la película: golem. es 4 meses 3 semanas 2 dias nervios de su obra y con un ojo raro incluso mira al pasado sin que trasluzca ni el más leve parpadeo de nostalgia, cosa que se entiende, dadas las circunstancias. Pero no es fácil. La historia se sitúa a mediados de los años ochenta, en Rumanía, durante la dictadura de Ceaucescu, y relata exclusivamente y en tiempo casi real la peripecia de una joven que ayuda a su amiga a abortar en unas condiciones penosas y en un lugar y una época en la que estaba penado con cárcel. Sin necesidad de que su cámara busque temperatura dramática, el director, Cristian Mungiu, narra ese encadenamiento de sucesos fríos mediante planos largos, tozudos, sin calidez pero altamente descriptivos y reales No hay una reflexión o una postura moral ni sobre el aborto ni sobre el ambiente opresivo de la dictadura comunista: un retrato frío sin aparente implicación emocional ni moral de su autor, pero que, sorprendente- mente, atrapa al espectador convirtiéndolo en partícipe más que en testigo. Y esta paradoja sucede por la gran y cercana interpretación de la protagonista, Anamaria Marinca (darle el protagonismo no a la mujer que aborta sino a la amiga, y poner en ella todo el peso narrativo es una declaración de intenciones: como si Mungiu quisiera postular, más que sobre la cuestión ética de abortar, sobre el convenio no escrito de la amistad) Pero el talento cinematográfico del director no se aprecia sólo en el tono y la distancia con la que cuenta la terrible y seca historia. Su modo de engarzar situaciones y tomar curvas narrativas es espectacular, y secuencias como la cena en casa de los padres del novio o el retrato (completamente kaurismático de la recepción del hotel o del presunto médico, dejan al espectador perplejo y en ese terreno donde la risa (la maldita risa) pugna por salir de modo inconveniente.