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80 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos VIERNES 25- -1- -2008 ABC La muerte os sienta tan bien Todavía sin aclarar, la muerte de Heath Ledger aviva la memoria del amplio puñado de artistas- -del cine, las letras, las artes, la música- -que fallecieron demasiado pronto POR JAVIER CORTIJO MADRID. Si Hollywood (Babilonia) fuese un periódico, posiblemente la sección de sucesos pesaría más que la de espectáculos, economía e, incluso, cotorreos sociales. Gran parte de la iconografía y mitología del negocio del espectáculo (cine y música, principalmente) se basa en el dichoso cliché de vivir rápido, morir joven y tener un cadáver bonito y exquisito. Por eso a nadie sorprende la trágica maldición de los rubios arrancada en 1993 con River Phoenix, y continuada esta semana con Brad Renfro y Heath Ledger (y no olvidemos que Owen Wilson se salvó por la campana y, quizá, por un puñado de pastillas caducadas) Pero en el santoral de celuloide abundan los actores desaparecidos prematura y extrañamente, desde el mismísimo cine mudo y con Rodolfo Valentino a la cabeza. La Dama de la Guadaña ya era un personaje (secundario o no) más en el juego de Hollywood, y poco importaban los macabros efectos secundarios: a Florence Lawrence, la chica de la Biograph su mentor Laemmle quiso promocionarla inventándose una aparatosa muerte en accidente automovilístico. Consiguió su objetivo, pero con alto coste: a los pocos años la actriz se suicidaba con engrudo insecticida. Peor fue el caso de Virginia Rappe, actriz de baja estofa que murió a los 30 años cuando su pareja, el orondo cómico Roscoe Fatty Arbuckle, le provocó una brutal peritonitis al violarla con una botella de champán. Parecida conmoción causó la desaparición a los 26 años de Jean Harlow, una de las bellezas doradas de la troupe de Howard Hugues, en 1937, por un misterioso problema renal. También los años 50 y 60 fueron de aúpa para las necrológicas ilustres, aunque la procesión de caídos empezó en 1947, con el Crónica negra Una fotografía de Heath Ledger, de la película Brokeback Mountain en un memorial montado frente al edificio donde murió cuerpo seccionado de la veinteañera Elizabeth Short. Sin embargo, muy pocos casos en la historia del cine superan las mediáticas muertes de, por un lado, James Dean (acrecentada por los destinos no menos trágicos de sus compañeros de Rebelde sin causa Nick Adams, Sal Mineo y Natalie Wood) en 1955 y, por otro, naturalmente, Marilyn Monroe en 1962. También hizo correr ríos de tinta la salvaje desaparición de la actriz Sharon Tate, descuartizada por los lunáticos seguidores de Charles Manson en 1969; y Bruce Lee y su hijo Brandon (fallecidos de forma nunca aclarada en 1973 y 1993 respectivamente) completarían el quinteto de la muerte del Hollywood de los últimos 50 años, con permiso de casos tan impactantes como los de Jayne Mansfield o Jean Seberg, cómicos popularísimos como John Candy o John Belushi y, con un extra de dramatismo, niños- actores muertos como Heather O Rourke (la rubita de Poltergeist o casi el reparto completo de la clásica Pequeña pandilla (ya saben, Alfalfa y compañía) como bien recoge en libros como Vivir y morir en Los Ángeles y ¡Malditas películas! (ambos editados por T B) Miguel Ángel Prieto, recordado escritor y periodista madrileño que también falleció con solo 36 años. Por cierto, el cine español también tiene su catálogo de bajas prematuras, como José Luis Manzano, actor fetiche de Eloy de la Iglesia en filmes como Navajeros y Colegas (donde coincidió con Antonio Flores) que REUTERS vivió en la realidad su propia autodestrucción ficticia, Ion Gabella, muerto en accidente de moto hace un lustro, en plena juventud, o los directores Claudio Guerín, que se cayó de un campanario mientras rodaba La campana del infierno a los 34, o el actor y director de Cuernos de espuma Manuel Toledano, desaparecido el verano pasado por un ataque al corazón a los 33 años. Aunque suene frívolo, la parca también come palomitas (y no hace huelga de guión)