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32 INTERNACIONAL Egipto alivia el aislamiento de Gaza VIERNES 25 s 1 s 2008 ABC Rafael L. Bardají OSCURIDAD SOBRE GAZA H an bastado unas horas de restricciones sobre la energía que Israel envía diariamente a Gaza, para la condena internacional y que el gobierno de Olmert se vea obligado a recular. Pero la oscuridad sobre Gaza no se debe a los cortes de luz, sino a nuestra ceguera para ver lo que ocurre en esa franja de tierra. Cuando los líderes palestinos se presentan como moderados, no importa que no hayan sido elegidos democráticamente, la comunidad internacional corre a abrazarlos y a financiar su ineficacia. Sin embargo, cuando los dirigentes palestinos elegidos no son los que nos gustan, como es el caso de los terroristas de Hamás, aupados al gobierno a través de las urnas, entonces, pretendemos distinguir entre el pobre pueblo palestino y la banda de criminales que lo tiene secuestrados. El voto, libremente decidido, no cuenta. Los palestinos de Gaza optaron voluntariamente por un gobierno de terroristas. Nos guste o no. Y deben ser responsables por ello. Los actos tienen consecuencias. Más para Israel que sufre la lluvia de cohetes desde Gaza todos los días sin que Hamás haga nada para pararlo. Gaza fue calificada por el gobierno de Israel como territorio hostil y le ampara el derecho internacional y bélico para adoptar este tipo de medidas. La Convención de Ginebra no impide el corte parcial o total, temporal o ilimitado de corriente eléctrica. Es más, ¿a qué tanto escándalo contra Israel cuando Egipto impide que los palestinos de Gaza se nutran de lo necesario a través de su frontera en el sur? ¿Por qué Mubarak no permite el libre comercio entre ambos pueblos? Eso sí que ayudaría. Hechos, no condenas. El error del gobierno israelí no ha sido imponer el bloqueo limitado, sino no haberse preparado para aguantar las presiones internacionales, alimentadas por la excelente propaganda de Hamás. Levantarlo sólo tiene un vencedor, Hamás. Y muchos perdedores, Israel, nosotros y los pobres palestinos que seguirán irremisiblemente bajo sus terroristas. Eso sí, democráticamente elegidos. Unos palestinos vuelven a Gaza con cajas de productos comprados en la ciudad egipcia de Rafah REUTERS Una lujosa coca cola en Rafah En la habitualmente tranquila ciudad costera egipcia se respira un ambiente de fiesta y una marea humana de recién llegados llena sus calles. No queda nada en las tiendas, y todo se ha encarecido desde que llegaron los palestinos POR PAULA ROSAS SERVICIO ESPECIAL RAFAH (EGIPTO) Por una libra o un shekel puedes subir por aquí grita un adolescente desde lo alto de una escalera de mano que salva el muro de metro y medio de altura. A su alrededor, miles de personas saltan como pueden, se encaraman con uñas y dientes o usan las escaleras de otros tantos palestinos que, como Mohamed, han agudizado el ingenio cuando el hambre aprieta. Las vallas han caído y el espino está pisoteado, pero en la tierra de nadie entre Gaza y Egipto aún quedan muchos obstáculos por sortear. Los socavones y los muros no parecen ser un problema, no obstante, para la muchedumbre que sube a pulso todo tipo de víveres, muchos de primera necesidad, pero también animales, aspiradoras e incluso motocicletas. Los aparentes ciclomotores chinos de poca cilindrada se han convertido en uno de los productos estrella entre los palestinos que acuden a las ciudades egipcias de Rafah y El Arish. Son transportados en furgonetas, en carros tirados por burros o, simplemente, empujando, como hace Amel. Entre la turba de gente que vuelve a la frontera después de pasar la mañana entera de compras en Egipto, este joven de pelo largo y aire moderno sufre por su nueva motocicleta. No me la rayéis grita a las decenas de personas que se agolpan entre los coches y camiones y que intentan pasar por encima de su moto nueva. Junto al muro, un hombre de unos cincuenta años levanta a su burro por las patas de delante para intentar que el animal suba el desnivel. El asno se resiste, pero otros dos hombres lo agarran del trasero y empujan hasta que, entre rebuznos, consiguen subirlo. Con esta misma técnica ha pasado poco antes un camello y, constantemente y sin contemplaciones, decenas de jóvenes agarran cabras y ovejas por el pellejo y las lanzan al otro lado. Llevamos en Egipto desde el miércoles explica a ABC Busafa, una palestina de Gaza que ha pasado la noche en El Arish, donde vive su hermana. Entre los paquetes, Busafa lleva velas, muy importantes ahora que no tenemos luz En su carro, dos cabras asoman su cabeza entre los cartones de pañales y patatas fritas. Han sido atadas con el resto de la mercancía y balan nerviosas. No son de primera necesidad, pero estos aperitivos se han agotado en muchas de las tiendas de las ciudades cercanas al paso. También los refrescos. Hace meses que no bebo cocacola, porque ya casi no queda en Gaza y cuesta cinco veces más de lo normal señala Mahmud mientras saborea un refresco en uno de los abarrotados bares de El Arish. En esta habitualmente tranquila ciudad costera egipcia se respira un ambiente de fiesta. Una marea humana, en su grandísima mayoría hombres, deambula por las calles, colonizando tiendas, restaurantes y hoteles. La cola para subirse en los coches de choque es enorme. No queda nada en las tiendas, y todo se ha encarecido desde que llegaron los palestinos asegura Wisham que, sin embargo, está contento de que sus hermanos de Gaza hayan podido cruzar la frontera. Wisham trabaja en Sinai White Cement, una factoría de la zona que estos días está haciendo su agosto. Mientras que en Gaza la tonelada de cemento ronda los 500 euros, en Egipto cuesta diez veces menos, por lo que camiones enteros cargados de sacos se dirigen en peregrinación hasta el Rafah palestino. Aunque desde ayer le estamos sacando un poco más advierte Wisham. Todo el mundo quiere hacer dinero con los nuevos visitantes. Desde policías de tráfico como Ahmed, que pidieron ayer el día libre para hacer de taxista y sacar unas libras de más hasta vendedores de tabaco. Wei el Said, que habitualmente tiene un estanco en Rafah, ayer vendía los cartones de Cleopatra, el favorito en Egipto, por un tercio más del precio habitual. Entre el caos, se ha establecido la paridad entre la libra egipcia y los shekels, con una significativa ventaja para los de este lado de la frontera. El litro de gasolina a una libra o un shekel vocifera un egipcio barbudo encaramado a un dispensador de gasolina. Decenas de hombres se apelotonan con bidones amarillos intentando coger la manguera. Cuesta cinco veces más Los ciclomotores chinos son muy apreciados entre los palestinos que acuden a las ciudades egipcias