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4 OPINIÓN VIERNES 25 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO LA ESTREPITOSA CAÍDA DE PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ROMANO PRODI L centro- izquierda italiano ha vuelto a dar un espectáculo que ofende a la dignidad del país que ha intentado gobernar desde hace año y medio. La sesión de ayer en el Senado no se corresponde con lo que que debería ser el órgano legislativo de un país europeo que figura entre los más importantes del mundo. En medio del inquietante panorama de la economía mundial, el primer ministro saliente había lanzado un órdago, a sabiendas de que muy probablemente lo perdería- -como así ha sido- -y de que sería el colofón de una gestión en la que no ha sabido pasar de un Ejecutivo de mero trámite, sin el menor impulso político, más allá del continuo malabarismo para mantenerse en el poder. Fue el mismo primer ministro, con su obsesión personalista de desalojar del poder a Silvio Berlusconi, quien polarizó la situación política, pero también ha sido Prodi el responsable de no haber utilizado el capital político que obtuvo en las urnas- -magro, pero suficiente- -para emprender una renovación sincera e higiénica del sistema político italiano. Desde el comienzo, Prodi sabía que la estabilidad de su Gabinete dependía de un escaño de más o de menos en el Senado, pero en vez de lanzarse a una reforma en profundidad, ha preferido salir del paso, probablemente esperando un milagro que le permitiera aprovecharse de vientos más favorables. Pero Italia merece algo más. Lo único que ha quedado claro en la gestión de Prodi es que Italia no puede seguir sin un dirigente que acepte el reto de llevar a cabo las revisiones necesarias para actualizar su sistema político, que lleva décadas de crisis en crisis. La primera de estas reformas y la más urgente es la del régimen electoral, porque, tal y como está, el país vive prisionero de las veleidades de formaciones minúsculas cuya representación real es insignificante. Mientras en Italia no se ponga en marcha un sistema electoral razonable, el país seguirá siendo ingobernable y cualquier Gabinete correrá el peligro de caer bajo el chantaje de los localismos más obtusos o, sencillamente, arrastrado por el lastre de comportamientos corruptos, como ha sucedido en esta ocasión. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, tiene que decidir si opta por un nuevo intento de formar una mayoría, con Prodi o con otra personalidad política a la cabeza, o si prefiere llevar al país a una convocatoria de elecciones anticipadas, que según las encuestas significarían el regreso al poder de Silvio Berlusconi. Que en sólo dieciocho meses se haya producido semejante vuelco en la opinión pública es la demostración más evidente del fracaso de Prodi, cuya figura ha quedado claramente superada por las circunstancias. Ahora ha de ser el actual alcalde de Roma, Walter Veltroni, quien va a tener que hacerse cargo del liderazgo del centro- izquierda. Es de esperar que demuestre haber aprendido bien la lección del fracaso de Prodi. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera E TERRORISTAS EN EL OASIS CATALÁN A información oficial sobre la detención de una decena de presuntos terroristas de origen paquistaní en Barcelona revela la existencia de un grupo organizado que, al parecer, había tomado la decisión de atentar de inmediato. En concreto, parece ser que las intenciones de los detenidos eran cometer atentados suicidas en el Metro de la capital catalana, con táctica similar a la empleada por los terroristas del 7- J en Londres. Como es lógico, la investigación judicial precisará el alcance de las pruebas halladas por la Policía y determinará los objetivos de los terroristas. En todo caso, hay que felicitarse por esta operación policial, que demuestra el carácter permanente de la amenaza del terrorismo islamista, azuzado por las constantes referencias de los líderes de Al- Qaida a sus seguidores para la reconquista de Al- Andalus y para atentar contra intereses españoles en el Magreb. Igualmente, conviene no olvidar que, ante la tendencia a magnificar los resultados policiales, los tribunales han encontrado graves problemas para poder imputar a las células islamistas juzgadas hasta el momento delitos de conspiración para cometer atentados terroristas. Ahora es importante constatar la magnitud de la operación y no caer en la torpeza que cometió en su día el PSOE, cuando calificó como comando Dixán a un grupo de islamistas detenidos cuando gobernaba el PP islamistas que luego serían conde, nados como integrantes de organización terrorista. Era el tiempo en que los socialistas reprochaban al PP estas operaciones contra el islamismo integrista porque, a su juicio, pretendía utilizarlas como coartada para su política exterior de seguridad. El desmantelamiento de este grupo presuntamente terrorista ha sido posible gracias a la información de un testigo protegido, es decir, de un confidente, figura imprescindible para que los servicios de inteligencia y policiales puedan penetrar en las redes del terrorismo integrista y anticiparse a sus planes violentos, eso sí, siempre que sus informaciones sean debidamente procesadas. Nuevamente, el control de las mezquitas no oficiales donde se propagan doctrinas integris- L tas se confirma como un instrumento indeclinable para prevenir atentados. Se trata de un problema de seguridad y como tal debe ser abordado por el Gobierno, quien debe seguir infiltrando sus servicios de información en los circuitos de captación, financiación, adoctrinamiento y logística del terrorismo integrista. Tarea difícil, sin duda, porque estas redes fragmentan sus actos de colaboración de tal manera que sólo adquieren claros perfiles terroristas cuando están en la fase final de ejecución del delito. A pesar del respaldo general a la operación contra la célula paquistaní y de la conveniencia de no dar respiro al integrismo violento, la extrema izquierda y el independentismo catalán, es decir, los socios de Zapatero, no sólo han cuestionado los motivos de la detención, sino también la información oficial sobre la posibilidad de un atentado inminente. El consejero de Interior de la Generalitat, Joan Saura, ha encabezado este dislate, tanto más grave por cuanto sus declaraciones proceden de quien tiene la máxima responsabilidad en materia de seguridad en Cataluña. Desgraciadamente, no es un lapsus, sino una actitud política. Para algunos, es imposible que el oasis catalán- -progresista y multicultural- -aloje a terroristas, pero así es. Esta izquierda desacreditada se atreve, sin base objetiva, a minusvalorar los planes terroristas de los detenidos, pero no duda en culpar a Aznar de que en Cataluña haya una extendida red logística del integrismo musulmán violento. Tampoco es insólito este planteamiento. Tras el atentado de Casablanca en 2003, fue Rodríguez Zapatero- -quien tanto se ufana de no haber hecho oposición con el terrorismo- -quien acusó a Aznar de poner a España en la lista negra del terrorismo internacional. Más bien parece que la presencia del terrorismo integrista en Cataluña se debe otras causas, que son las que deberían preocupar a los socios del tripartito antes que dedicarse a sacar a pasear unos prejuicios tercermundistas que únicamente pretenden conseguir que los ciudadanos se confundan y crean que el terrorismo islamista es una reacción legítima frente a determinados gobiernos o gobernantes democráticos. UN ROTO A LA SOCIÉTÉ GÉNÉRALE N empleado de la Société Générale de Francia ha provocado a la entidad un quebranto de casi 5.000 millones de euros que ha llevado a su presidente a poner el cargo a disposición del Consejo y que va a producir al banco unas pérdidas equivalentes, aproximadamente, a los beneficios de un año. No es que el sujeto se haya llevado el dinero de la caja, lo cual tendría más sentido y se explicaría mejor, sino que una sola persona con facultades ejecutivas limitadas ha producido mediante operaciones sucesivas, algunas de encubrimiento, pérdidas de esa magnitud en operaciones de valores. El banco detectó hace unos días el fraude y lo puso en conocimiento de las autoridades supervisoras y, ayer mismo, de sus accionistas y clientes. El autor es un joven de treinta años con cinco de experiencia en el banco, que ha sido despedido y se encuentra en paradero desconocido. También van a ser sancionados y despedidos los jefes del autor material del desastre. Al margen de la naturaleza de la operación fraudulenta, lo llamativo es que un quebranto de tal magnitud se haya producido en un banco que pretende ser moderno, competitivo y bien controlado. El desastre mayor en este caso radica en los sistemas de control del propio banco y, probablemente, en el propio modelo de supervisión en general. La actual crisis financiera, que empezó con las hipotecas basura norteamericanas, ha abierto en canal el modelo U de supervisión financiera en general y ha puesto de manifiesto el nulo respeto al riesgo por parte de entidades financieras hasta ahora de gran reputación. Société Générale, al tiempo que reconoce este agujero gigantesco, asume que tuvo que provisionar el último trimestre del año pasado más de 2.000 millones de euros para hacer frente a pérdidas por operaciones financieras vinculadas a los mercados de alto riesgo. El Consejo de Administración no ha aceptado la dimisión del presidente de la entidad tras considerar que no tiene responsabilidad alguna en el fraude principal, pero no será fácil sostener a un equipo de gestión que ha incurrido en semejante error, con consecuencias tan graves que obligan a recomponer los recursos propios y a laminar los beneficios de un ejercicio. Los bancos españoles han empezado a presentar resultados de su gestión durante el pasado ejercicio. Desde esta perspectiva, la actitud de las entidades de nuestro país contrasta con la de algunos de nuestros vecinos porque acreditan prudencia en la gestión y capacidad para crecer con rentabilidad. Aunque nunca haya que descartar sorpresas ni la aparición de algún vivo que desborde los controles, parece evidente que el sistema financiero español es eficaz y cuidadoso en el manejo del riesgo. Eso explica que los bancos españoles compren fuera e impongan sus modelos de gestión, incluso en Inglaterra.