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ABC JUEVES 24 s 1 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA VESTALES DE LA RESISTENCIA UIZÁ el error más doloroso, el despropósito más triste del malogrado y mal llamado proceso de paz haya sido el desencuentro con las víctimas, orilladas hasta la humillación por un designio gubernamental tan soberbio como torpe; si malo e inútil era intentar la negociación con los terroristas sin el consenso de la oposición, hacerlo sin la anuencia de los depositarios de la memoria del dolor significaba algo tan simple como una derrota moral y una gratuita fractura- -otra más- -de la conciencia democrática. Al alejarse de las víctimas, al tratar de paIGNACIO sar por encima de su desCAMACHO consuelo, Zapatero no sólo despojaba a su proyecto de legitimidad ética sino que lo abocaba al fracaso convirtiéndolo en un interesado tejemaneje político ejecutado a espaldas de las únicas personas moralmente capaces de administrar el perdón. El presidente no ha entendido jamás la condición de vestales de la democracia que las víctimas ejercen en una sociedad sacudida por el horror. No lo puede entender porque representan el sentido agónico de la libertad, el concepto de la lucha y el sufrimiento, términos que chirrían en su modelo acomodaticio y relativista. En el diseño zapaterista del poder y de la política, las víctimas resultan un engorro porque permanecen ancladas en el principio irrenunciable de la dignidad y no se muestran dispuestas a someter su combate a ninguna clase de transacción táctica; como ya han perdido lo esencial, defienden el valor de su sacrificio y se erigen, desde su desamparo, en el incómodo testimonio de la aspiración a la justicia y de la resistencia ante los enemigos de la sociedad abierta. La ausencia vergonzante de Zapatero en los congresos de las víctimas del terrorismo es la fotografía de un penoso revés democrático. Un Gobierno sin coraje para dar la cara ante los testigos de nuestro mayor drama colectivo representa un amargo desengaño. Refugiado en el burladero de un discurso maniqueo y esquemático que trata de etiquetar políticamente a los deudos de la tragedia, el zapaterismo se esconde de sus propios remordimientos en una huida inaceptable de su responsabilidad que no es sino la confirmación de este desalentador naufragio. En una de las manifestaciones registradas a lo largo de esta desdichada legislatura, Teresa Jiménez Becerril interpeló públicamente al presidente reclamándole con dramatismo una razón que pudiese explicar a sus sobrinos huérfanos. Ésa sigue siendo la cuestión pendiente, más allá de pretextos retóricos y de huecas necesidades pragmáticas: un motivo convincente para que las familias de los asesinados no lleguen a la desalentadora conclusión de que sus allegados murieron por nada. Zapatero, como la mayoría de nosotros, puede elegir su bando, su estilo, sus convicciones y sus prioridades; pero las víctimas no eligieron ser lo que son. Las condenó un delirio de sangre y de infamia y lo único que desean es la esperanza de saber que su drama y su angustia tienen o pueden tener un sentido. Tan difícil no debería resultar comprenderlo. Q EN EL GOLFO PÉRSICO L Consejo de Cooperación del Golfo es una confederación en proyecto, con el ojo puesto en Irán; son seis monarquías de mayorías variables, suníes o chiíes, en la costa oriental de Arabia. En ellas cada monarca reina y gobierna, forma difícil de explicar en el siglo XXI, a 2.761 años de la fundación de Roma, madre del Derecho. Cada soberano árabe, heredero de una dinastía, representa, sin embargo, un sistema menos represivo, por ejemplo, que los regímenes de Siria o Sudán. Estas seis monarquías cuentan con servicios de seguridad obsesionados por la protección de yacimientos de petróleo y gas, de refinerías, puertos y oleoductos. En Omán, al sureste de la Península, frente a India, Qabus reina sobre un territorio de extensión comparable a Reino Unido. A los 67 años, ejerce su poder con moderación notable para la pauta arábiga. Desde Musandam, Omán controla, frente a Irán, la entrada al golfo Pérsico. Si comparamos con Dinamarca, hay un alto nivel de represión, pero es más que modesto si se trata de la región más tensa del planeta. ¿Por qué han sobrevivido las moDARÍO narquías del Golfo? Entre otras razoVALCÁRCEL nes, porque han sabido alejar la elección del vértice del poder, evitando el peligro de división, difícil de gestionar también hoy. También quizá porque los seis estados tienen monarcas prudentes. Sólo en este punto pueden compararse con otros sistemas hereditarios: Japón, Tailandia, Reino Unido, España, Holanda, tienen reinas o reyes bien educados, capaces. Otros reyes menos brillantes tratan también de ganar su empleo, como en Bélgica o en Suecia; Alberto II, pasados los 70 años, pelea desde la desaparición de Balduino por la unidad de su país. En Suecia, Carlos Gustavo es llamado como poder arbitral en un pleito duro y secreto sobre componentes nucleares. Pero volvamos al Índico: los vecinos de Irán reclaman protección. No la negocian sólo con Estados Unidos; buscan también un respaldo europeo. Abu Dhabi y Pa- EXTERIOR E rís firmaron durante la presidencia de Giscard, en 1979, un acuerdo de cooperación militar. El esfuerzo diplomático francés obtiene ahora sus resultados, cuando Nicolas Sarkozy se dispone a abrir una base aeronaval en Abu Dhabi, una modesta instalación de sólo 500 soldados, con una fuerza aérea desplegada in situ. Entretanto, el estado mayor británico sigue su silencioso avance hacia una mayor independencia de las pautas tecnológicas americanas. Es un asunto de relieve, poco o nada analizado en los medios de comunicación. Estos recuadros semanales tratan de orientar al lector advirtiéndole de algún proceso, como se intenta en esta nota. Reino Unido busca desde 1970 un mayor margen de respiración propia en el ámbito de la defensa. Su vinculación a las tecnologías americanas data al menos de la ley de Préstamo y Arriendo, cuando en 1941 decenas de destructores fueron cedidos por Roosevelt a Churchill, con el propósito de proteger la ruta del Ártico y el enlace naval con Rusia. El control tecnológico sigue después de 67 años. En 1976, durante la transición de Kissinger a Brzezinski, el estado mayor y los servicios de inteligencia británicos insistieron en proseguir su camino hacia la no total dependencia. Londres se aproximó poco a poco a los códigos tecnológicos franceses y alemanes. La defensa de un estado moderno depende en buena parte de su grado de dependencia científica. La vinculación británica a algunos sistemas trasatlánticos constituía un entramado impenetrable. Estados Unidos la mantenía aunque la Unión Soviética no existiera ya. Hoy Reino Unido está más vinculado a la defensa francesa o alemana: son al fin y al cabo estados vecinos, de parecida dimensión, con los que es menos difícil negociar. Es una evolución práctica, real, ajena a impulsos ideológicos. Francia inaugura una base permanente en Abu Dhabi mientras Gran Bretaña y Alemania mantienen, con Estados Unidos, los mayores contingentes en Afganistán. Entretanto, los fondos de inversión de Kuwait o Qatar salvan de la quiebra a bancos americanos y europeos. Son quizá crisis superpuestas.