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64 AGENDA Tribuna Abierta MARTES 22 s 1 s 2008 ABC Manuel Alejandro Compositor Si el COE quería un himno para levantar la moral de sus deportistas e incitar a que vociferen y se desahoguen sus hinchas, que le hubieran encargado a José María Cano una nueva música y una nueva letra, que lo hace genial, o, como lo han hecho, aunque con el permiso de las Cortes, que hubieran utilizado la querida y, por otros, malquerida Marcha Real pero con una letra que en vez de decir Viva España hubiese dicho Hala España IS pareceres, opiniones, protestas o rebeldías siempre las he solido ahogar escribiendo cancioncillas, como aquella simplona Soy rebelde que popularizó la también simple y modosita cantante Jeanette. No soy erudito en nada y me convencen con facilidad de aquello y de lo contrario; mis convicciones son frágiles y nada estimo absoluto, ni incluso la razón, sobre todo la práctica que pasa por inviernos y primaveras y según qué viento y qué calma, así el color del cristal por el que mira. Pero de este tema, el de la letrita, que suscitó un superaficionado al deporte, creo que, humildemente, podría aportar algo, pues es un oficio que me coge de lleno. No soy compositor, ni escritor, ni mucho menos poeta; soy única y exclusivamente escribidor de canciones, de sus melodías y sus letrillas, y me avalan unas quinientas, que en su mayoría han ocupado y siguen ocupando una parcelita de las ondas y los ratos vacíos de una pequeñísima parte de la gente preciosa de nuestro mundo de habla hispana. i el señor presidente del COE se hubiese valido de una larga y esplendorosa Operación Triunfo para seleccionar su letrita, yo no hubiera abierto mi boca para nada; todo hubiese quedado dentro de un deportivo espectáculo que habría hecho las delicias de millones de desocupados. Pero no sé por qué razón contó con el concurso de la Sociedad de Autores, a la que pertenezco, ni por qué ésta entró al trapo sabiendo, supongo, de las espinas del asunto, que, digan lo que digan, las tiene y bien profundas. Si el COE quería un himno para levantar la moral de sus deportistas e incitar a que vociferen y se desahoguen sus hinchas, que le hubieran encargado a José María Cano una nueva música y una nueva letra, que lo hace genial, o, como lo han hecho, aunque con el permiso de las Cortes, que hubieran utilizado la querida y, por otros, malquerida Marcha Real, pero con una letra que en vez de decir Viva España hubiese dicho Hala España y así, además, hubiéramos oído por fin el ala con el acento en su lugar y no como en el Halá (Alá) Madrid que parece invocar al muy siempre venerado Dios musulmán. Algo que en muy buena medida se perdió con el nuestro. Y hablando de acentos: cómo es que después de convocar la Sociedad de Autores a seis indiscutibles lumbreras (aunque ninguno había escrito letrita alguna jamás) escogieron de entre siete mil una que quería LA DICHOSA LETRITA... M alumno Germán A. Beigbeder, que la transforma en un himno coral, en una marcha con aromas wagnerianos; esta versión fue precisamente la que la Banda de Infantería de Marina de Madrid interpretó en el Congreso de los Diputados en el acto de toma de posesión de Don Juan Carlos en el año 1978. Pero esta Marcha, que es la que de momento tenemos, desprovista de todas esas joyas, es, más que una solemne marcha, una simple e inocente lección de solfeo de las que escribía don Hilarión Eslava queramos o no, por mucho que los recuerdos pongan a unos la piel de gallina y a otros las uñas de tigre; con todos los respetos, prueben a solfearla y verán lo bien que queda: do sol mi do sol fa mi re do do si la sol do re mi sol fa mi re do sol sol mi sol fa re fa mi do mi re sol la si do re mi fa sol fa mi re do o nos engañemos; hay un problema profundo y de enorme envergadura que no es exclusivo de nuestro país ni consecuencia de nuestro carácter; Ernst Jünger, de la escuela de Nietzsche y Spengler, en su diario Pasados los setenta (Tusquets Editores) que casualmente leo en estos días, dice textualmente, hablando de naciones que sufrieron sangrientas guerras: También en Japón fueron exigidos y realizados durante la segunda guerra mundial sacrificios extremos. Tales sacrificios fueron realizados por las guarniciones que en las islas lucharon hasta la muerte, por las mujeres que trabajaban en las fábricas, por los aviadores que llevaban una cinta blanca en la frente. El contragolpe de un escepticismo extremo resultó inevitable. Nosotros los alemanes conocemos esos fenómenos: la aversión al uniforme, a la bandera, al himno nacional, a los ideales de la nobleza de espada... o hace tanto tiempo que acabó nuestra contienda, en realidad apenas treinta años; no cuentan los cuarenta subyugados. Es muy pronto; no obliguemos a amar lo que se ha odiado apenas ayer y poco a poco como lo estamos haciendo, convivamos respetándonos, consolándonos, perdonándonos; olvidando, construyendo y, ojalá, hasta amándonos. Suturemos convencidos punto a punto las heridas, que desaparezcan las cicatrices y sus cercos, que nadie sepa ni qué pasó ni si pasó y, entonces, comencemos a cantar cualquier himno, cualquier marcha, cualquier canción. N S decir lo mismo que las anteriores pero, eso sí, con abrazo y democracia añadida, faltaba más; que no mencionaba de ninguna manera nuestra evidente Monarquía- -quedando bien con el diablo y no con Dios- -y que incurría en los siguientes trucados acentos: desdé los verdes valles- -bajó su cielo azul- -pueblós en libertad Que alá Historia dan (otra vez rememorando el alá del Madrid) ...Y aquí viene el redoble final: Justiciay (forzosa sinalefa al hablar y no digamos al cantar) o sea, justiciay grandezá democraciá sin paz (lo de sin paz lo pongo porque si ponemos y paz, como está escrito, nos faltaría una sílaba) Y ya podría haber venido nuestro genial Plácido, que escuchándolo nos hace olvidar no digo ya los acentos, sino todas nuestras tribulaciones, para que hubieran seguido existiendo esos lamentables gazapos. Ahora bien, si estamos en la era del todo vale, pues que hubiera valido, pero como himno deportivo y no como el de mi patria... P ero el problema básico no está en Ventura de la Vega, Marquina, Pemán o este buen y voluntarioso Cubero, que todos aportaron sus palabras, salvando las distancias, naturalmente, entre aquellos maestros y este improvisado señor Cubero, según sus valías y según sus épocas; el problema está en que la Marcha Real, musicalmente hablando, es una marcha y no un himno. Una marcha ya nos indica la palabra qué fin tiene, y un himno es una composición esencialmente poética y a veces poético- musical para, solemnemente, ensalzar algo divino o terrenal. Puede haber marchas donde encajen a la perfección poéticos o épicos versos, mas precisamente ésta nuestra que nos ocupa es un hueso duro de roer, pues es una melodía en extremo carente de cualquier valor artístico y bello. Y, además, como marcha que es, está pensada para fanfarrias, pífanos, tamboras; para glosar los cambios de guardia de los reales palacios; desprovista de flexible línea melódica y de ricas armonías, ya que en realidad es un tema que sólo requiere los acordes de tónica y dominante. Por eso, al caer en las manos de músicos exigentes, como el maestro Pérez Casas, que como director de la Banda de Albarderos la tenía que oír todos los días, la viste y la dignifica; y algo parecido le sucedió con el tiempo a su también exigente N