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4 OPINIÓN MARTES 22 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EUROPA ANTE EL ROMPECABEZAS SERBIO DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera ARRECIA LA CRISIS BURSÁTIL I la jornada vivida ayer en las bolsas europeas no es de crisis, se le parece mucho. Precedidas por los descensos registrados en los mercados asiáticos y a pesar de ser festivo en Nueva York, todas las bolsas europeas se precipitaron ayer en caída libre. La Bolsa de Madrid tuvo su peor comportamiento desde septiembre de 1998 y perdió más del 7 por ciento en una jornada aciaga, en la que solo un valor, la inmobiliaria Colonial, se salvó de la quema gracias a la noticia de que el fondo de General Electric parece interesado en su adquisición, pero después de que haya perdido más de la mitad de su valor. El Ibex está a niveles del verano de 2006 y, en apenas unas pocas jornadas, este año ha recortado todo lo ganado desde entonces. Los analistas no encuentran ninguna explicación concreta, ninguna noticia que haya provocado la avalancha vendedora, y esa misma ausencia añade un matiz preocupante. Parece tratarse de una reevaluación generalizada y sistemática de las perspectivas económicas y de beneficios empresariales, de una convicción casi unánime de que la crisis crediticia ha hecho mella definitivamente en la salud financiera de las empresas y en las expectativas de inversión, consumo, crecimiento y empleo. Se impone la convicción de que ha habido excesos y hay que purgarlos. Se ha instalado la desconfianza. Tardará en desaparecer. Se confirma desgraciadamente que el optimismo antropológico de nuestros gobernantes no tenía base racional alguna. La mal denominada crisis de las hipotecas basura no era algo ajeno y remoto. El ansiado desacoplamiento de la evolución económica de Europa y Estados Unidos era más un deseo voluntarista que una realidad empírica. Los inversores han visto a los grandes bancos norteamericanos realizar fuertes provisiones y tener que poner en marcha programas de recapitalización, y se preguntan cuánto tardará la situación en reproducirse en Europa. Los inversores parecen desconfiar del programa de medidas fiscales anunciado por el presidente Bush y piensan que quizá llegue demasiado tarde para relanzar una inversión empresarial castigada por el fuerte endeudamiento y animar un consumo privado resen- S tido por la disminución de la renta disponible. Los inversores están también poniendo presión a la Reserva Federal para que anticipe su anunciada decisión de reducir otra vez los tipos de interés 50 puntos básicos y prime la lucha contra la recesión a los riesgos de repunte inflacionista. Y qué decir de la actitud del Banco Central Europeo, donde hasta hace unos días el ruido de los halcones partidarios de subir tipos era prácticamente equivalente al de las palomas. Parece difícil que Trichet pueda evitar medidas extraordinarias si continúa la sangría en las Bolsas, aunque puede ser peor el remedio que la enfermedad. El miedo de los inversores es tan amplio, y tan profunda su convicción de que ha estallado la crisis, que han huido hacia los tradicionales valores refugio, depreciando el euro y situando el petróleo por debajo de los noventa dólares barril por primera vez este año. La estanflación está hoy más cerca que nunca en la mente delos inversores. Y en esa situaciónlos excesos de deuda se pagan. España tiene, por tanto, un problema adicional, derivado de la alegría crediticia de los últimos años y alentado irracionalmente por la complacencia de las autoridades, aunque tenga otras fortalezas que exhibir, como la diversificación e internacionalización de su tejido empresarial. Porque no parece que los inversores estén para florituras ni análisis complejos. Lo hemos visto en el caso de compañías concretas, donde, una vez estallada la crisis, ninguna razón era buena para recuperar el ánimo comprador. Esa es la responsabilidad de un Gobierno que ha gestionado la crisis crediticia y financiera con la mirada puesta en las elecciones de marzo y la ilusión de poder retrasarla hasta después de esa fecha. Por eso Solbes insiste en que no hay que exagerar Pero ayer esa estrategia cayó pulverizada por la realidad de unos mercados que han dicho basta con inusitada virulencia. Es hora de abandonar el síndrome de negación y de pensar seriamente en medidas para hacer frente a una desaceleración que amenaza con ser muy brusca y a un colapso financiero que puede llevarse por delante parte de nuestra prosperidad reciente. Para eso tenemos un Gobierno, aunque sea en funciones. FORMACIÓN CÍVICA CONTRA OCURRENCIAS ACE tiempo que la comunidad escolar reclama a los partidos un pacto de Estado en materia educativa. Por eso ha recibido con satisfacción la propuesta de Mariano Rajoy si gana las elecciones el 9- M: convocar a los poderes públicos y a los agentes sociales y económicos para definir una estrategia nacional con el horizonte temporal de una década. El PP ha hecho bien los deberes en el ámbito de la educación. A diferencia de otros casos, el líder popular propone sin rodeos eliminar la polémica asignatura de Educación para la Ciudadanía y apuesta razonablemente por integrar la formación cívica en el ámbito propio de las Ciencias Sociales. Se trata, por tanto, de garantizar el estudio de la Constitución y las instituciones democráticas sin incurrir en un adoctrinamiento ideológico que suprime el derecho de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos. Libertad de enseñanza y derecho a la educación, los dos principios inspiradores del artículo 27 de la Carta Magna, deben conjugarse en una relación de equilibrio y respeto a las opciones personales. De momento, la EpC sólo ha servido para crear confusión y mal ambiente en los centros escolares, lo que supone de antemano el fracaso de cualquier reforma impuesta sin consenso. Rajoy se compromete también a establecer por ley la enseñanza en lengua castellana en toda España, por muy in- H transigentes y reactivos que se muestren los nacionalistas. No sólo es una cuestión de competencias jurídicas, sino una exigencia del sentido común que nadie puede rechazar de buena fe. Los niños españoles que viven en determinadas comunidades autónomas no deben ser rehenes de los compromisos partidistas del PSOE con sus socios radicales. En la misma línea, el refuerzo del inglés como segunda lengua es una oferta que enlaza con la dinámica de una sociedad moderna que no debe dar la espalda a la globalización en nombre de un rancio localismo. Por fin, el refuerzo de la autoridad académica y personal del profesor se ha convertido ya en una necesidad inaplazable, como bien saben muchos docentes que sufren en las aulas el deterioro de las reglas más elementales de convivencia. Mientras el PP plantea problemas reales y ofrece soluciones bien orientadas, la Junta de Andalucía parece dispuesta a perder el tiempo con ocurrencias sin sentido. Ayer informaba ABC acerca de un manual que pretende llevar la paridad a los juegos infantiles, estableciendo un peculiar vínculo entre la separación de sexos en los ratos de ocio y el maltrato machista. Parece ser que hay una forma no sexista de jugar a la comba y a la gallinita ciega Si se comparan unos y otros planteamientos, es fácil llegar a la conclusión de que el PSOE necesita mejorar con urgencia su oferta educativa. AL y como se esperaba, ningún candidato ha obtenido una victoria clara en la elección presidencial celebrada en Serbia, lo que obligará a mantener el suspense sobre el resultado final hasta que el 3 de febrero se celebre la segunda vuelta. El éxito del nacionalista Tomislav Nikolic sobre el actual presidente, el moderado Boris Tadic, no es más que un resultado, provisional, que no debería considerarse indicativo de lo que los ciudadanos decidan en la votación definitiva, pero representa un síntoma claro de que las ideas proeuropeas y las fórmulas de aproximación a Occidente que Bruselas ofrece no han impregnado de forma rotunda las estructuras de la sociedad serbia, que sigue perdida en el laberinto de su pasado. La política que ha desarrollado la UE- -suponiendo que la oferta de una perspectiva europea ha de ser por sí sola el motor de la renovación espiritual de los serbios y el bálsamo que les permita aceptar la pérdida del territorio de Kosovo- -ha sido un fracaso. Menos de un 6 por ciento de los votantes han aceptado abiertamente que Serbia estaría mejor después de la amputación de esta provincia. En efecto, según los resultados del domingo, se puede esperar que en la segunda vuelta Tadic consiga reunir una mayoría suficiente para volver a proclamarse ganador, como ya sucedió en la elección de 2004, y proseguir su política de acercamiento reticente a Europa. Pero aun en ese caso, la constatación de que sigue habiendo una parte nada desdeñable de ciudadanos serbios que optan por apoyar al candidato de un partido cuyo líder está siendo juzgado por graves crímenes de guerra en La Haya- -y que prefiere vincular su futuro a Rusia en vez de a Europa- -no es algo que pueda pasarse por alto. En los Balcanes, el nacionalismo ha sido la fuente de muchas de sus desgracias. El de los serbios les ha llevado a guerras injustas y criminales; el de los albaneses pone constantemente en la cuerda floja el equilibrio de países como Macedonia o amenaza con provocar un terremoto político en toda Europa con sus planes de forzar la proclamación de la independencia de Kosovo. A los serbios se les debe reclamar con la mayor firmeza que hagan todo lo posible por abandonar las viejas teorías de la Gran Serbia que no hacen más que enturbiar su futuro, y en eso deberíamos ayudarles, sobre todo tratando de no convertir los requerimientos políticos europeos en un castigo colectivo. Y a los albaneses de Kosovo, a los que se les ha asegurado ya graciosamente su ingreso en la UE, pese a seguir siendo los únicos que se empeñan en hacernos creer que la situación actual allí es insostenible, o que si no se reconoce pronto la independencia de este territorio va a estallar un nuevo conflicto- -lo que en otras condiciones se consideraría una amenaza- deberíamos exigirles al menos paciencia y colaboración para que no añadan más leña al fuego propio, ni tampoco al de sus vecinos. T