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ABC LUNES 21 s 1 s 2008 DEPORTES 95 EL MUNDO ES UNA HISTORIA TRANCE HIMNÓTICO Dice el presidente del COE que si la letra del himno se hubiera conocido en la gala prevista para hoy, todo habría sido distinto. Tiene razón: habría sido mucho peor JUEGO EN EL CUERPO Las letras de otros himnos, frente a los cuales sufrimos al parecer complejos mal traídos o envidias mal resueltas, surgieron de impulsos anímicos en circunstancias históricas excepcionales. Imagino al capitán de ingenieros Rouget echando mano de su violín, aquella madrugada de 1792, en busca de una melodía que se acompasara al Marchemos, hijos de la patria, ha llegado el día de la gloria que le rugía en la sangre, mientras el Ejército francés del Rin se aprestaba a la batalla. Imagino al abogado americano Key, al alba de un día de 1814, escribiendo enfebrecido Es la bandera estrellada! ¡Que ondee por largo tiempo sobre la tierra de los libres y el hogar de los valientes! mientras los británicos cañoneaban Fort McHenry. Y después trato de imaginar al señor Cubero sentado en su cocina o su salón en Alcobendas, rimando en frío, y la verdad es que me produce un efecto mucho menos himnótico. La letra de Cubero padece un empacho de grandes palabras. España, corazón, hermandad, Patria, pueblos, libertad, gloria, Historia, justicia, grandeza, democracia, paz... Cuenten. Una docena de conceptos XL embutidos en un cuerpo XS de dieciséis versos. Pura asfixia. Las grandes palabras, para picar alto, necesitan un vuelo más airoso, remontarse holgadas entre aleteos más ligeros; si no, cada estrofa es un ave panzuda que se cae con todo el equipo, aunque el equipo sea una selección nacional. No sé si algún día cantaremos el himno al pie de la letra. Mientras vamos tirando sin la letra con toda naturalidad, hay figuras que practican la teatralidad del espíritu cuando suena la Marcha Real. ¡Cuánta dramaturgia en esa pose con mirada al cielo! Como si ahí arriba hubiera algo más que letras evaporadas y grumos de CO 2, más la parte alícuota que le toque a la bóveda celeste en la omnipresencia divina. Si hasta la Iglesia y el Estado están ya de acuerdo en que el Cielo no está en el cielo... No hay nada que dé tanta impresión de falsedad como la teatralización pública de las emociones privadas, aunque sean auténticas. Pero esto es sólo una sensación particular, claro. Cualquiera está en su derecho de mirar teatralmente al cielo; eso que lleva ganado si después el partido se convierte en un infierno. Ignacio Torrijos E Salvador Reyes tuvo su minuto de gloria en el primer partido de la Liga mexicana REUTERS Goleador de 71 años Salvador Cahava Reyes, máximo goleador en la historia del Chivas de Guadalajara, volvió a vestirse de corto en partido oficial... a los 71 años POR MANUEL M. CASCANTE CORRESPONSAL CIUDAD DE MÉXICO. Lo fue todo y lo consiguió casi todo en las Chivas de Guadalajara. Sólo le faltaba entrar en el Guinness Y lo ha logrado este fin de semana, con 71 años, tras jugar unos segundos ante los Pumas de la UNAM, en la primera jornada del Torneo Clausura 2008 de la Liga mexicana. Con el 57 a la espalda- -año en que el rebaño sagrado obtuvo su primer trofeo de la regularidad- feliz como un chiquillo, Chava tocó tres veces el balón (con la complicidad del rival) y, antes de cumplirse un minuto de partido, regresaba al banquillo entre los aplausos de sus compañeros, quienes también le brindaron la victoria final por 3- 0. El club al que contribuyó a convertir en campeonísimo quiso rendir así homenaje al máximo goleador de su historia, con 122 tantos, y a una generación de futbolistas (Héctor Hernández, Bigotón Jasso, Pina Arellano, Pancho Flores, El Tigre Sepúlveda, Jamaicón Villegas... que llevarían a la cima al equipo tapatío, cuando entre 1956 y 1965 conquistaron siete títulos de Primera (cuatro consecutivos, proeza todavía por igualar) Reyes no tenía palabras para describir lo que siento. Es muy emocionante, porque me lo hacen en vida, y creo yo que en todo el mundo no ha pasado nunca una cosa así, por lo de mi edad. Fue una gran sorpresa, aunque en realidad no me retiré nunca de manera oficial, ni me hicieron partido de despedida ni esas cosas: sólo dejé de jugar Salvador Reyes Monteón nació en 1936 en Guadalajara y militó en el Chivas desde los 16 hasta los 31 años; tras jugar en Estados Unidos, colgó las botas en el Laguna. Su primer título liguero, y del club, lo conseguía el 3 de enero de 1957, frente el Irapuato, gracias a un gol suyo en el último minuto. Con México participó en Suecia 58, Chile 62 e Inglaterra 66. En la actualidad entrena a las divisiones inferiores del club. Su padre, Luis, y su hijo Salvador también han vestido la camiseta rojiblanca. Aunque la iniciativa del dueño de la entidad, Jorge Vergara, fue recibida como una excentricidad en algunos círculos del balompié mexicano, ni el entrenador local ni las autoridades deportivas encontraron problema alguno. Al técnico, Efraín Flores, no le preocupó desperdiciar un cambio: ¿Cómo no regalarle un cambio a la gente del campeonísimo después de lo que hicieron y de lo que ha significado Chava para el fútbol mexicano? n este agitado lunes Plácido Domingo iba a estrenar en público la letra elegida para el himno nacional, pero llamó al presidente del Comité Olímpico Español y le dijo: mejor no. A tenor de la letra, la renuncia estaba cantada. Así como el hipnotismo produce un sueño artificial pasándonos por los ojos una mirada hipnótica, se suponía que un trance himnótico debía subyugarnos, no menos artificialmente, si nos pasaban la letra del himno por los oídos. Domingo recapacitó, y nos hemos quedado sin himnosis. Dice Alejandro Blanco, presidente del COE, que si la letra se hubiera conocido directamente en la gala prevista para hoy, sin el adelanto informativo de ABC, todo habría sido distinto. Tiene razón: habría sido mucho peor aún. Con su anticipo salvador, ABC tuvo el detalle de evitarle a Plácido Domingo un chasco sonado. Nadie conoce mejor que un tenor la diferencia entre cantar y dar el cante. El denominador común de lo ridículo y lo sublime es la solemnidad. Ponerse solemne es imprudente, peligrosísimo. Una solemnidad bien colocada da lo sublime; mal colocada, lleva a lo ridículo. Y esta vez la colocación era fatal, tonta de solemnidad. Al autor de la letra, Paulino Cubero, lo han puesto de mamarracho para arriba, o sea para abajo, eminencias inspiradas para la mofa pero huérfanas de una musa que les soplara una letra mejor. Don Paulino hizo un intento digno, aunque fallido. Un himno no nace así como así. La letra estaba condenada a no tener alma, pero Cubero no es por ello un desalmado: no ha cometido un delito de lesa patria, sino sólo una infracción poética. Tiene el récord de goles del Chivas, con 122, y ganó con el equipo siete Ligas, cuatro de ellas consecutivas Con su anticipo salvador, ABC tuvo el detalle de evitarle a Plácido Domingo un chasco sonado