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4 OPINIÓN LUNES 21 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO INASUMIBLE PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CLONACIÓN TERAPÉUTICA N las próximas semanas el Ministerio de Sanidad podría dar luz verde al primer proyecto español para crear un embrión humano clónico a partir de células de la piel. El grupo que lidera esta investigación, el Centro Príncipe Felipe de Valencia, lleva meses esperando la autorización del Gobierno para utilizar los clones como modelo con el que investigar enfermedades hereditarias. Para ello, Sanidad cuenta con el aval de la discutida Ley de Investigación Biomédica, la normativa que dio cobertura legal a la clonación terapéutica. Pero, indudablemente, no con cuenta con un respaldo en los planos de la ética y la moral toda vez que, desde esos puntos de vista, la manipulación de embriones humanos para esta clase de fines resulta inadmisible. Es cierto que el proyecto valenciano no persigue crear seres idénticos a otros. El objetivo es recurrir a la misma técnica que permitió clonar a la oveja Dolly para obtener un blastocisto (un embrión muy precoz) con los óvulos de mujeres en tratamiento de fertilidad y las células de la piel de un donante. La pretensión es lograr que ese embrión sobreviva el tiempo suficiente para obtener sus células madre y contar con un preciado material biológico para su estudio. Sin embargo, sea cual sea el objetivo de la técnica, la utilización de embriones suscita la lógica oposición ética de un amplio sector de la población, incluida una parte de la comunidad científica. No es aceptable el forzamiento de determinadas técnicas médicas que terminan por despojar de valor a la vida humana desde su origen, y menos aún cuando se enmascaran en un más que discutible concepto de la investigación y del progreso, como si quienes se oponen a semejantes técnicas fuesen retrógrados que rechazan sistemáticamente cualquier avance de la medicina. El criterio moral reside, sencillamente, en un elemental respeto a la vida humana. En ella está el límite. Pero además se trata de una iniciativa desactualizada. El proyecto de Valencia llega cuando la clonación terapéutica parece superada por otras técnicas que obtienen los mismos resultados sin despertar recelos éticos. El pasado mes de noviembre dos grupos científicos, en Japón y Estados Unidos, demostraron que se podía reprogramar una célula de la piel para que se comportara como si fuera embrionaria, es decir, convertirse en una neurona, una célula muscular, cardiaca... o cualquiera de los más de 220 tipos celulares de un organismo humano. Nadie dudó en considerarlo un hito científico que abría la puerta a la creación de tejidos y órganos de recambio, listos para trasplantes, sin rechazo inmunológico ni reparos éticos. El propio Ian Wilmut, el padre científico de la oveja Dolly, fue el primero en anunciar que abandonaría la clonación terapéutica en favor de la reprogramación celular. En España, los expertos en medicina regenerativa también se preparaban para adaptarse a las nuevas reglas de juego. El ministro de Sanidad, Bernat Soria, tiene ahora una oportunidad para estrenar su nuevo Comité de Bioética con un criterio más razonable del que tradicionalmente viene apuntando con sus planteamientos. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera E MÁS MAYORES Y MENOS JÓVENES EL 9- M AS campañas electorales del Partido Popular y del PSOE habrán de tener muy en cuenta los cambios sociológicos que se han producido desde las elecciones de 2004. Ningún partido tiene éxito si no sabe identificar correctamente la composición de la sociedad y no adapta sus mensajes y ofertas a la heterogeneidad de los ciudadanos. La diferencia de las próximas elecciones de 9 de marzo con las de 2004 no residen sólo en la desaparición de los efectos que provocó el brutal atentado islamista de Atocha- -cuya incidencia en la decisión electoral de miles de votantes es incuestionable- sino también en los movimientos significativos que se han producido en la pirámide de edad. Dentro de mes y medio, por ejemplo, en comparación con 2004 desaparecerá del censo electoral en torno a un millón de personas menores de 29 años y se reducirá el número de nuevos votantes- -los que llegan a la mayoría de edad- -en unos 240.000. Paralelamente, aumentan en cerca de 300.000 los votantes mayores de 65 años. Estas variaciones en los tramos de edad de los grupos sociales explican que tanto socialistas como populares estén incidiendo en la mejora de las pensiones mínimas, como hizo ayer Zapatero tras repetir un anuncio muy similar al que ya hiciera en septiembre del pasado año en Rodiezmo (León) El voto de la tercera edad gana peso y se convertirá en un terreno disputado entre populares y socialistas, aunque los primeros parten con una ventaja tradicional, probablemente reforzada tras una legislatura caracterizada por un exceso de crispación política y un deterioro de las economías familiares a causa de la inflación, factor decisivo para el poder adquisitivo de los ciudadanos. Sin embargo, sería un error, a la vista de los análisis que hoy publica ABC, seguir dando por bueno el tópico de que, si los mayores son conservadores, la otra cara de la moneda es que la izquierda acapara el voto joven y de que la derecha no tiene opciones en este estamento social. Para los socialistas, la reducción de los porcentajes del voto joven y de los L nuevos votantes es un problema estratégico, por varias razones. La primera es que no es previsible que el 9- M se produzca una movilización similar a la de 2004 entre los sectores más radicales y jóvenes de la izquierda. Por tanto, a la menor dimensión de estos electores se sumaría una mayor abstención. Además, los jóvenes que en 2004 pudieron votar en un contexto de comodidad y bonanza económica, hoy se encuentran con la amenaza del paro, el aumento de los precios y el agobio de unas hipotecas que cada vez consumen más dinero. Finalmente, se está constatando que los nuevos votantes no responden al estereotipo uniformista que les aplica la izquierda. Antes bien, buena parte de ellos sienten una clara decepción por la gestión del Gobierno socialista, que siempre se ha dirigido a la juventud con discursos obsequiosos y complacientes- -como en el sistema educativo, por ejemplo, o la política de subvenciones- con un tratamiento sesgado a la izquierda y al radicalismo, cuando lo cierto es que siguen siendo muchos los jóvenes españoles que se reconocen católicos o que, simplemente, no secundan el laicismo agresivo del Gobierno, que apuestan por la moderación política y que, sobre todo, desean una forma de hacer política que despeje el horizonte de problemas innecesarios y facilite el progreso individual y social. Tenía razón José Luis Rodríguez Zapatero cuando afirmó ante al Comité Federal de su partido, en noviembre pasado, que las elecciones no están ganadas Entre otras razones, porque el electorado de hoy no es el mismo que el de hace cuatro años y el PSOE da la impresión de haberse enterado tarde, en concreto, de haberse enterado sólo a partir del verano de 2007, cuando los datos económicos empezaban a empeorar de forma continuada, el efecto del 11- M se diluía con la sentencia de la Audiencia Nacional y daban la cara los fracasos del Gobierno en la gestión del proceso de negociación con ETA y en los principales proyectos de la legislatura. BUSH Y BERNANKE, CONTRA LA CRISIS A política económica en Estados Unidos, tanto la monetaria como la fiscal, siempre ha sido preventiva. Actúa con prontitud para evitar que la situación se deteriore en exceso. Algunos responsables europeos menosprecian esa agilidad y la acusan de activismo innecesario. Pero lo cierto es que la semana pasada el presidente Bush, de acuerdo con el gobernador de la Reserva Federal, Bernanke, anticipó un paquete de medidas fiscales cuyo objetivo declarado es impedir la recesión. A pesar de que el crecimiento en el último trimestre del año ha sido muy cercano al potencial, se estima en 2,7 por ciento la tasa interanual, las autoridades económicas no han encontrado consuelo en las cifras históricas, sino que han mirado los indicadores adelantados, analizando toda la información cuantitativa y cualitativa disponible y se han asustado. No han buscado justificaciones a sus decisiones pasadas, sino que se han movido con presteza para presentar el próximo 28 de enero al Congreso un importante paquete de medidas fiscales, un punto porcentual del PIB, 145.000 millones de dólares, destinado a relanzar la inversión de las empresas, sobre todo las pequeñas, cuya capacidad de creación de empleo es notoria. Además, Bernanke ha insistido, y Bush aceptado, que la propuesta no incluya acciones que pongan en peligro la posición estructural de las finanzas públicas. Dicho claramente, que no aumente el gasto público con programas populistas que no pueden luego ser eliminados cuando termi- L ne la situación de excepcionalidad. Con una correcta política fiscal, las reducciones de tipos de interés que prácticamente anunció el gobernador serán más eficaces. Y aun así, no es seguro que se pueda evitar la recesión porque las entidades financieras han sufrido un daño colosal. El contraste con la situación española no puede ser más evidente. El Gobierno sigue mirando hacia el pasado, busca excusas para no actuar y reconocer el cambio de ciclo o apela al patriotismo para que se mantenga la inversión y el consumo. Y cuando no queda más remedio, se embarca en un programa de ampliación del gasto público, con finalidad más electoral que de reactivación económica, que se llevará por delante el superávit fiscal utilizando demagógicamente la cantinela de la ampliación de derechos. Contrasta con lo que sucede en Estados Unidos y con lo que recomienda en Europa el gobernador del BCE, que volvió a insistir en la necesidad de incrementar la flexibilidad para que las empresas puedan explotar los beneficios de las nuevas tecnologías. Lo que el vicepresidente económico Solbes calificó de meras turbulencias lejanas se ha transformado en apenas cuatro meses en una alarmante situación de estancamiento económico e inflación. Los episodios anteriores de esta naturaleza fueron largos y dolorosos. Cuanto antes se actúe para prevenirlos, mejor. Supeditar la necesaria respuesta a una campaña electoral no es una actitud propia de un Gobierno responsable.