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88 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 20 s 1 s 2008 ABC Argenta, mito y leyenda Se cumplen 50 años de la desaparición del director de orquesta. Su muerte. prematura y dramática, y su talento le convirtieron en una referencia y nadie duda hoy en situarlo como la mejor batuta española POR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE MADRID. Mañana, 21 de enero de 2008, se cumplirán cincuenta años de la muerte del director Ataúlfo Argenta. El exacto momento en el que nace la leyenda y muere el mito. No hay conversación de la época que no se refiera al hecho. Argenta está en boca de todos, y su muerte, teñida de ese misterio que siempre rodea los acontecimientos fortuitos y solitarios, no deja de generar comentarios. Sale a relucir su fama de conquistador que corre en paralelo a lo afable de su carácter abierto y sonriente; se habla de lo absurdo de las circunstancias, de lo inexplicable de su comportamiento. Argenta aparece muerto en el garaje de su casa de Los Molinos, pueblo de la sierra madrileña, y el dictamen final sólo acaba por confirmar que tiene la sangre envenenada por el monoxido de carbono del coche que deja encendido cuando el garaje estaba ya cerrado. Si hoy se recuperase con detalle todo lo que aquella muerte suscitó, se comprendería que, teniendo sólo 44 años, Argenta había conseguido lo imposible en un escenario musical lleno de carencias. Más aún que con la punta de los dedos estaba ya tanteando el triunfo al lado de los primerísimos directores de la historia. Lo paradójico es que siendo ya inmensamente popular, aquel día de enero, a Argenta apenas le conocen quienes le han visto en el teatro. Las imágenes que hay de él se limitan a una serie de fotos que le señalan enfermizo pero apuesto, expresivo, con carácter y buena percha, siempre jovial y entrañable. Tan sólo quedan unos minutos para el cine que el No- Do captura durante unos ensayos en el Festival de Música de Granada. Además de un extraordinario surtido de grabaciones, algunas conservadas en el archivo de Radio Nacional y otras discográficas que llaman la atención por su singularidad, fuerza expresiva, sentimiento y perfección técnica. Entre ellas, toda una larga colección dedicada a la zarzuela con la que demuestra la mucha entidad que tiene el género. Director de la ONE Aquel día de enero, y hay que volver una y otra vez a esa fecha para lamentar lo mucho que se perdió, Argenta está a punto de realizar su primera gira americana y tiene entre sus trabajos más inmediatos la grabación en Viena de la integral sinfónica de Brahms. Es un músico que, llamando la atención de las mejores orquestas de mundo, sigue trabajando aquí, haciendo el milagro cabría decir, de convertir lo paupérrimo en excelso. Desde hace doce años es director de la Orquesta Nacional de España y, en ese tiempo, ha conseguido lo que nadie ha mejorado desde entonces. Eleva el nivel de la agrupación hasta lograr que sean tan habituales las salidas por el extranjero como el clamor de los triunfos, y Ataúlfo Argenta, en una imagen de archivo ABC Fernando Argenta Director de Clásicos populares UN NIÑO GRANDE M i padre fue una especie de niño grande ilusionado y optimista, amante de la vida, que supo afrontar cientos de situaciones difíciles con una sonrisa en los labios, haciendo honor al dicho árabe si tú sonríes a la vida, la vida te sonreirá a ti Otro, hubiera tirado la toalla mucho antes que él, pero él, no, aunque estuvo a punto en alguna ocasión. También es verdad que contó con el apoyo incondicional, con la admiración y el amor más generoso que se pueda uno imaginar, por parte de una persona, siempre alegre, abierta, inteligente y dispuesta a todo con tal de ayudarle, mi madre. El cariño que se tenían, los mil y un avatares y peripecias que pasaron juntos, los obstáculos que tuvieron que afrontar y superar, se traducían en carantoñas, abrazos, sonrisas y miradas tiernas, que los que compartíamos hogar con ellos, teníamos la suerte de contemplar siempre que estaban juntos. Mi padre disfrutaba con cantidad de cosas, que supongo que le gustan a la mayoría de los seres normales la buena mesa, las tertulias, y los amigos. Era seguidor de deportes, como el ciclismo (en la época en que Bahamontes nos te- nía a todos los españoles pendientes del Tour El fútbol; era del Racing de Santander, del Athletic de Bilbao, y del Real Madrid. La pintura y la fotografía, cuya afición desarrolló intensamente en sus últimos años. Le gustaba ir al cine, y leer, sobre todo libros de historia. En Castro Urdiales, su ciudad natal, se lo pasaba bomba los pocos días que podía estar allí. Entonces (como diría Beethoven) se encontraba desabrochado Se ponía las botas a comer pescado junto a pescadores amigos de su niñez en Casa de Encarna Echaba largas partidas de mus, y aunque no era el mejor jugador del mundo, como buen aficionado, presumía de serlo. Le encantaba salir a pescar, a bailar en las romerías, y dirigir a la Banda siempre que se lo ofrecían. Amaba Castro, y ese amor era correspondido. En fin; una persona risueña, bondadosa, necesitada de dar y recibir cariño. Un poco despistado e infantil, en algunas ocasiones, pero serio, trabajador, y un músico sensible, apasionado y genial cuando estaba encima del podio.