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ABC DOMINGO 20 s 1 s 2008 MADRID 63 El toro, un morlaco de los de antes... de antes de la guerra, sembrando el pánico en plena Gran Vía. Abajo, fotografía de Fortuna dedicada a nuestro popularísimo diario Dos orejas y rabo en la Gran Vía Hace ochenta años, un toro desmandado recorrió el centro de Madrid hasta que el matador Fortuna lo toreó y dio matarile en la Red de San Luis MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Habían pasado cuarenta y dos años desde que Chueca, Valverde y Pérez González inmortalizaran la calle más europea de la Villa y Corte en aquella joya del género chico que fue La Gran Vía con sus ratas yo soy el rata primero, y yo el segundo, y yo el tercero y sus pobres chicas, las que tienen que servir, aquellas menegildas con una vocación inquebrantable: Aprende a sisar, aprende a sisar En aquella Gran Vía de un 23 de enero de 1928, en aquel Madrid mitad poblachón y ya mitad rompeolas de todas las Españas, calles empapadas de sainete y revolución, en esos Madriles que ya paseaban Alberti, Cernuda y Federico, historia y leyenda se iban a echar un capote. Y nunca mejor dicho. Porque aquella mañana, cuando los obreros de los Cuatro Caminos (cortados por el mismo patrón que los de Siete domingos rojos de Sender) y las modistillas de Lavapiés aún no habían almorzado, cuando los monaguillos de San Ginés no se había echado al coleto ni una simple rosquilla, allende el río, por el Alto de Extremadura, un toro bravo (aprecien sus defensas de enjundia) se desmandó y se emancipó de una manada para enfilar acto seguido, zahíno, cuatralbo y con los pitones viento en popa, hacia el centro de la capital y poner sus pezuñas en polvorosa en pos de la Corredera Alta de San Pablo, derrotando por el camino, causando tanto estupor como estragos, y hasta algunos heridos, antes de lanzarse sobre las coles, repollos y legumbres para el cocidito madrileño del Mercado de San Ildefonso. Luego, con las rumiantes tripas bien repletas (según narraba la memorable crónica de ABC del día siguiente) el cornúpeta se aprovechó de la pendiente de la Corredera Baja del más arriba mencionado santo y con el impulso de sus tremendos cuartos traseros tiró hacia la Red de San Luis, donde entró de improviso, sin acompañamiento de clarines ni alguacilillos, a pesar de lo cual, algunos A su paso, el bicho dejó unos cuantos heridos, y se llevó por delante las viandas del Mercado de San Ildefonso El diestro mandó traer de casa su propio estoque para darle su correspondiente finiquito al morlaco transeúntes intentaron torearlo como mandan los cánones. Pero quiso el destino que al fin el morlaco se encontrara de bruces con él, el susodicho destino, con tan mala suerte y peor fortuna, pues el diestro del mismo nombre (Diego Mazquiarán de civil, cuando no iba trajeado de luces) decidió allí mismito no templar gaitas, y a un paso de la calle de la Montera le recitó de corrido al bicho una tanda de verónicas zurcidas con su abrigo. El diestro no mareó la perdiz, pero sí al astifino, y cuando le trajeron un sable desde el Casino Militar para darle a la bestia el finiquito, Fortuna prefirió enviar un subalterno a su casa de la calle de Valverde, para que le abasteciese con su propio estoque, con el que en un pis- pas el matador mandó al otro mundo al cornudo, tras el trámite de media estocada y un descabello. Entre ovaciones, el maestro fue llevado en hombros hasta un bar para terminar, ante un cafelito, la singular faena. Se desconoce si en las ventas del camino de Aragón se dio buena cuenta del rabo del bicharraco, pero sí se sabe a ciencia más que cierta que aquel día Madrid recibió una estocada mucho más cruel y hasta la bola, el mutis por el foro definitivo de la gran María Guerrero. Que ella, Fortuna y el bovino sigan descansando en paz. ABC. es Crónica en ABC del 24 de enero de 1928 en www. abc. es