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50 ECONOMÍAyNEGOCIOS Empresas DOMINGO 20 s 1 s 2008 ABC Enrique Serbeto Colonial: sálvese quien pueda El quinto mayor grupo inmobiliario de Europa por valor de activos atraviesa el momento más complicado de su corta historia, con sus accionistas buscando una salida que pasa por vender sus títulos MIGUEL LARRAÑAGA MADRID. Pocas veces se puede asistir a un espectáculo tan desconcertante como el que se produce con todo lo que rodea a Inmobiliaria Colonial. El accionista de control (Luis Portillo) fuera del consejo; otro accionista de referencia (Nozar) con su paquete a la venta; un competidor (Joaquín Rivero) hablando con los bancos acreedores y negando estar interesado en comprar la compañía y un equipo gestor tratando de pilotar la empresa y sacarla del atolladero. Y, a todo esto, la cotización al borde del ataque de nervios con un perfil digno de una montaña rusa, en el que tan pronto amenaza con un nuevo descalabro como sube más del 10 en unos minutos. Si existiera la esquizofrenia empresarial, podría asegurarse que Colonial necesitaría un psiquiatra. Todo comenzó cuando el inmobiliario sevillano Luis Portillo pagó a La Caixa un precio considerado entonces fuera de mercado por su paquete de control de Colonial. Era el momento álgido de la exuberancia bursátil de las inmobiliarias y la pequeña Inmocaral, controlada por Portillo, se comía a Colonial. Inmediatamente después, en un movimiento considerado en aquel momento de libro Portillo pactaba con la familia Losantos la absorción de Riofisa para conformar la nueva Colonial como una empresa con una fuerte presencia en el negocio patrimonialista, con destacada actividad en la promoción y gestión de centros comerciales y de ocio, y una pata en edificación de viviendas prácticamente residual. Como complemento, Colonial se hizo con una participación del 15 en FCC, posición con la que Colonial se aseguraba jugosos dividendos procedentes de la constructora y planeaba obtener importantes plusvalías. Pero llegó la crisis y la deuda de las compañías dejó de ser prácticamente un activo y pasó a ser un lastre. Colonial llegó al verano de 2007 con 9.000 millones de deuda y pasó a ser una compañía bajo la lupa de bancos e inversores. Nada había cambiado, sólo el entorno. Lo que antes eran facilidades para financiar operaciones se convirtió en endurecimiento de las condiciones y se trasladó en forma de temor al mercado. Le costó a Portillo cerrar el crédito con Royal Bank of Scotland, Calyon, Eurohypo y Goldman Sachs. Seis mil cuatrocientos millones a un tipo de interés de Euribor +1,94, siempre que se cumplieran determinadas garantías en cuanto al nivel de deuda sobre activos. Cabe decir que se han cumplido escrupulosamente, que Colonial ha atendido sin mayores problemas a los pagos y que tiene programados adecuadamente los de los próximos dos años. ¿KRISIS? ¿QUÉ CRISIS? a palabra crisis viene del griego krisis que se traduce como esfuerzo, juicio, de donde a su vez se formó la voz latina cerno, de la que en castellano proviene discernir. Crisis era en los diccionarios de hace sesenta o setenta años un cambio brusco en el desarrollo de una enfermedad generalmente de buen augurio nada de lo cual explica lo que nos está pasando. Hasta hace un par de años, no había informe económico de coyuntura que no alertase del riesgo de explosión de la burbuja inmobiliaria en España. Nadie había previsto lo de las hipotecas- basura en EE. UU. y por eso a mi me parece que es un poco postizo vincular alegremente una cosa con la otra. Creo que el mercado inmobiliario ha llegado a una saturación anticipada y toda brusquedad en el aterrizaje debe atribuirse a la intervención del Gobierno, que ha actuado en esto sin mucha cabeza, incluso resucitando el Ministerio de Vivienda, que no existía desde el franquismo. Una de las principales obsesiones del presidente del Gobierno, ha sido bajar los precios de la vivienda, con la ambición de no truncar ninguna aspiración vital, bla bla bla y lo que ha conseguido es poner enfermo al sector de la construcción, que era el motor de la economía. Todo lo demás- -los costes de la energía y de los alimentos básicos- -son factores externos que vienen por añadidura y que afectan también a los demás países europeos, donde, sin embargo, no se conoce ningún tipo de fiebre en el sector inmobiliario. De las subprime sólo se habla en serio en Londres, donde están los bancos que se han pillado los dedos en este agujero negro made in USA Ya veremos algún día cuánto de este dinero que los bancos dicen que no encuentran ha ardido en Irak. Es decir, creo que hay crisis, que no es el síntoma de una mejora precisamente, que se ha creado en casa, y que los peores efectos de esta destemplanza están por llegar, porque el sector de la construcción tiraba de muchos otros y porque los primeros que se van a quedar en la calle son los emigrantes más débiles. Dicen que andan ya en algunos sitios robando por los huertos para comer. ¡Aun les echarán la culpa a ellos de los precios de los alimentos! L Crédito de 6.400 millones Ejecución de garantías Pero con lo que nadie contaba era con un hecho aparentemente colateral y que al final lleva camino de convertirse en el centro de toda la crisis. Portillo y algún socio de referencia más tienen gran parte de sus acciones compradas a través de contratos de opción y llegado el momento del vencimiento los bancos han vendido parte de las acciones como cobertura ante la caída de las garantías, provocando una caída bursátil digna de encomio en la última semana del pasado año. A tal grado llegó el asunto que la CNMV requirió a los principales accionistas de la sociedad para que aclararan cuántas acciones tenían en su poder a través de estos mecanismos, para que el mercado calibrara el peligro de que pudieran repetirse episodios semejantes. Desde entonces nada ha sido igual en Colonial. Portillo ha desaparecido del consejo de Joaquín Rivero podría ser uno de los salvadores de Colonial administración y Mariano Miguel, el primer ejecutivo de la compañía, ha asumido la presidencia. Tiene ante sí el reto de pilotar la nave mientras los accionistas la abandonan. Portillo habla con el anterior presidente de Metrovacesa, Joaquín Portillo, para tratar de convencerle de la conveniencia de una fusión con la francesa Gecina, ahora bajo el control de Rivero tras su escisión de Metrovacesa. Rivero se resiste aunque admite que hay contactos. Incluso reconoce que ha hablado con alguno de los bancos acreedores, pero niega que las conversaciones con Portillo estén JAVIER RIOS La irrupción de Gecina en una fase en la que pueda preverse un acuerdo. Al tiempo, Nozar pone en venta su 16,31 del capital de Colonial y espera poder tenerlo resuelto en un par de semanas. Los otros accionistas significativos, Alicia Koplowitz y Domingo Díaz de Mera, guardan silencio, pero en el mercado se da por supuesto que aprovecharán cualquier ocasión para desprenderse de sus participaciones. Mariano Miguel, mientras tanto, asegura que Colonial no está hablando con nadie Pero lo cierto es que el pasado viernes saltó otro nuevo rumor al mercado: General Electric podría estar estudiando una opa sobre Colonial. Esto es de locos. Joaquín Rivero, ni sí, ni no ni tampoco lo contrario Joaquín Rivero siempre ha reconocido que estuvo interesado en comprar Colonial, pero la guerra accionarial que por entonces vivía Metrovacesa le impidió realizar la operación, además de que Portillo pagó una prima difícilmente superable. Puede ser que el destino termine por convertirle en el jefe de Colonial. Ante las dificultades por las que atraviesa, Portillo ha recurrido a su ex socio (Portillo también estuvo presente en el accionariado de Metrovacesa) para convencerle de que Colonial y la francesa Gecina son una combinación ideal. Y Rivero se deja querer, pero no dice ni que sí ni que no, ni tampoco lo contrario. Rivero tiene sus propios problemas, como el veto de la autoridad bursátil francesa a la opa que ha lanzado sobre Gecina tras la escisión de Metrovacesa en dos partes, pero ya ha accedido a dialogar con uno de los bancos acreedores de Colonial. Perro viejo en estas lides, Rivero quiere saber de primera mano qué opinan los que en realidad tendrían en sus manos la viabilidad de una posible operación. Y se deja querer, pero tampoco le va la vida en ello.