Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
32 RELIGIÓN DOMINGO 20 s 1 s 2008 ABC El español Adolfo Nicolás, elegido nuevo Prepósito General de la Compañía de Jesús Reúne las cualidades deseadas por el Papa para desempeñar el cargo JUAN VICENTE BOO CORRESPONSAL ROMA. Después de 25 años de excelente mandato del Padre Peter Hans Kolvenbach, la Compañía de Jesús seguirá en muy buenas manos. La elección de su sucesor en la mañana de ayer en Roma fue muy rápida pero, sobre todo, recibió la confirmación inmediata del Papa y un caluroso elogio del Vaticano a las pocas horas desde las páginas de L Osservatore Romano El español Adolfo Nicolás, que hoy presidirá una solemne misa de acción de gracias en la iglesia romana del Gesú, comienza su mandato con el aplauso del Vaticano y de los jesuitas de todos los continentes. Tanto la Santa Sede como los principales responsables de la Compañía de Jesús destacaron ayer que el perfil biográfico del Padre Adolfo Nicolás es muy similar al del carismático padre Arrupe, quien llevó el timón de la Orden desde 1965 hasta 1983. El Padre Nicolás fue también provincial de Japón y desarrolló su misión en ese país la mayor parte de su vida, antes de ser llamado a Roma. A la lógica alegría de los jesuitas de Asia se sumaba ayer el entusiasmo de los jesuitas americanos, y el de muchos españoles. A pesar de que acababa de caerle sobre los hombros el peso de la mayor orden religiosa, con casi 20.000 miembros, el Padre Nicolás estaba ayer sereno y sonriente, sin aspavientos, en una actitud de afectuosa normalidad. A primera vista es un hombre sencillo, que no hace notar ni su inteligencia ni otras muchas dotes elogiadas por sus hermanos. 46 años en Oriente En ese ambiente familiar, Nicolás recibía ayer abrazos y estrechones de manos de los jesuitas de la Curia ataviado con un elegante chal de colores- -prueba visible de su inculturación en Asia, donde ha vivido 46 años- mientras sus gafas anticuadas dejaban claro que sabe cuidar los objetos personales y ahorrar gastos. En la casa central de los jesuitas, el clima había cambiado por completo en pocas horas: los cuatro días de silencio y ayuno previos a la elección daban paso a una jornada de auténtica fiesta. Al segundo escrutinio, los 217 electores entre los 225 participantes en la Congregación daban la mayoría absoluta a un candidato que, según confirmó en menos de dos horas L Osservatore Romano reúne las cualidades requeri- El Padre Nicolás durante su juramento como nuevo Prepósito General de la Compañía das para una revitalización de la Compañía, según las indicaciones de la carta enviada por Benedicto XVI al Padre Kolvenbach al comienzo de la Congregación General En una orden religiosa que se caracteriza por su cuarto voto de obediencia al Papa, la sintonía con el Santo Padre es un elemento fundamental. Según el diario oficioso del Vaticano, el 29 sucesor de San Ignacio de Loyola es una persona de gran experiencia en el terreno del gobierno, la formación, la enseñanza teológica y la inculturación de la fe que eran los puntos señalados en la carta del Papa junto con la relación entre Jesucristo y las religiones que el Padre Nicolás conoce perfectamente por haber pasado su vida entre sintoístas, budistas y protestantes. Adolfo Nicolás nació el 29 de a abril de 1936 en Palencia, entró en el noviciado de Aranjuez en 1953 y se licenció en Filosofía en Alcalá de Henares en 1960. Desde 1964 a 1968 estudió teología en Tokio, donde se ordena sacerdote en 1967. Dedica tres años en Roma a realizar un máster en teología en la Pontificia Universidad Gregoria- Norberto Alcover Jesuita y escritor PRIMERO A DIOS n momento alguno me he cruzado como jesuita con Adolfo Nicolás, nuestro nuevo Superior General, pero en las pocas horas que han pasado desde su elección romana, he conectado con cuatro personas E que han convivido con él durante los años de estudio en España y, más tarde, en permanentes viajes desde Oriente a este Occidente que se debate consigo mismo. Y dejando para más adelante el significado interno y externo de tal elección, me apresuro a comentarles lo que me han encarecido de su personalidad, ya desde sus comienzos en el Noviciado de Aranjuez y, más tarde, como compañeros de Filosofía en Alcalá de Henares. En la carta que Benedicto XVI ha dirigido a toda la Compañía en la persona de Peter Hans Kolvenbach, como Superior General saliente, tras proponernos a todos una serie de intercesores en este momento fundamental, añade que todos ellos conseguirán que todo hijo de San Ignacio pueda tener ante los ojos primero a Dios, y luego el modo de ser del Instituto según conocidas palabras que aparecen en nuestra Fórmula del Instituto. Ignacio es del todo terminante en esta cuestión, que no hace más que recoger el espíritu y la letra del comienzo de los Ejercicios Espirituales, al proponer el llamado Principio y Fundamento El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto alcanzar su plenitud (salvar su alma) La espiritualidad ignaciana permane- ce fiel a esta consigna del Fundador. Ignacio es rotundo y definitivo, como exigente de virtudes sólidas y perfectas Pues bien, mis cuatro interlocutores me han confirmado que Adolfo Nicolás, nuestro nuevo Padre General, vive desde sus comienzos en la Compañía esta cualidad de nuestro Instituto y de nuestra espiritualidad: Primero a Dios como referente último, como núcleo inalterable, como piedra perfecta, y solamente después puestos los ojos en la Compañía de Jesús como parte de la Iglesia Católica y en el mundo al que hay que evangelizar. El elegido en Roma, me satisface que tenga una perspectiva tan rotundamente divina, es decir, que permanezca en presencia de su único Señor día y noche, porque desde tal atalaya comprenderá mejor a sus jesuitas y a todos los hombres y mujeres que ama el Señor. Desde su elección, ya corren por ahí comentarios más políticos que teológicos, que en nada ayudarán a situar la personalidad de Adolfo Nicolás en su justa perspectiva. Uno, desde este primer momento, desea comunicarles lo que le parece verdaderamente nuclear: que estamos ante un hombre que cree en Dios de corazón y, en consecuencia, lo pone por delante de cualquier otra realidad. Ignacio estará satisfecho de lo sucedido.