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ABC DOMINGO 20 s 1 s 2008 Precampaña electoral s Análisis ESPAÑA 21 El debate de la economía Los problemas se notan en la capacidad adquisitiva de las familias: las hipotecas suponen una cuota considerable de sus gastos y los precios afectan a la bolsa de la compra para disipar incertidumbres y aminorar los efectos, el modo en que se ha reaccionado, o se ha obviado, el cambio de una situación que, tras las elecciones de 2004, era favorable. Sorprende, en primer lugar, el error sostenido en las previsiones gubernamentales: se revisa a la baja el crecimiento e incluso la nueva cifra sigue pareciendo exagerada a la inmensa mayoría de los analistas y expertos, el Euribor sigue subiendo aunque se anuncie su techo, la inflación nada tiene que ver con las previsiones, aumenta el paro a cotas que se consideraban imposibles tras el orgullo con el que se hacía referencia a nuestro crecimiento, etc. Estos fallos en los vaticinios resultan llamativos teniendo en cuenta que al Gobierno no le faltan ni analistas como los que sí se han acercado a la realidad ni el acceso a las opiniones y estudios de estos expertos. Da la impresión de que ha habido una rara dosis de voluntarismo, siempre esperando que las cosas cambien, como ahora se aventura, por ejemplo, con la inflación, de la que se dice que descenderá en la primavera. Ocurrió lo mismo cuando estalló la crisis de las subprime: mientras los gobiernos francés y alemán (y el propio secretario del Tesoro de Estados Unidos) mostraban su alerta sobre la consecuencias y hacían sus propuestas, el de España se consolaba afirmando que el efecto sería entre nosotros muy limitado. Una cierta dosis de voluntarismo en unas circunstancias en la que el aumento del gasto es en un buen porcentaje estructural, quizá porque el vicepresidente, ahora reivindicado como hombre de confianza de Rodríguez Zapatero para el futuro, perdió la batalla en su coalición con los ministros que pretendían un balance más populista y, por ello, con más gasto y más ganchos en ciertos sectores. Se observa ahora en las ofertas fiscales electorales: el PP en el programa coordinado por Juan Costa, apuesta fuerte por las rebajas de impuestos, el PSOE las coloca en la cuarentena de según las circunstancias Es decir, si para los socialistas esta medida, que también es de izquierdas según el presidente, estaría en función de la marcha de la economía y de los compromisos adquiridos de gasto a los que no se quiere renunciar. Y para los populares sería un instrumento que, colocando el dinero en el bolsillo del contribuyente como dice Pizarro, incentivaría la actividad, el consumo, el crecimiento y, con ello, una mayor recaudación. El PP puede acreditar que lo hizo en el pasado y funcionó bien. No faltan los analistas que piensan que, mientras la crisis no se agudice, la situación económica no será determinante en el electorado. Hay algunos que añaden que la paga de pensiones y la revisión salarial im- Germán Yanke e lo que ocurre, que no como lo pinta el PP no te, nemos la culpa nosotros me dice un dirigente del área económica socialista. La crisis hipotecaria norteamericana, el precio del petróleo, el de los cereales, etcétera, añade entre otras causas que les serían ajenas, con las que se enfrentan pero que no ha generado el Gobierno. Todos son problemas, claro, de distinta intensidad pero importantes, aunque el que podría achacarse a la política económica de estos últimos cuatro años no está en esa nómina. Es el modo de encarar la crisis, lo que se ha hecho o no se ha hecho D Hace bien Pizarro en reclamar el debate que Solbes ha aceptado, y haría bien el PP en explicar la situación puesta por el incremento del IPC en 2007 aminorará antes de las elecciones la sensación de desconfianza. Pero lo cierto es que los problemas de la economía española se notan en la capacidad adquisitiva de las familias: las hipotecas son en muchas de ellas una cuota considerable de sus gastos y la subida de los precios afecta, llamativamente en algunos casos, a la bolsa de la compra, a los gastos básicos. Ya desde hace tiempo desciende la confianza en la economía hasta llegar, a comienzos del año, a las cotas más bajas de la UE. Así que el desajuste entre las optimistas previsiones y los indicadores satisfechos del Gobierno y la realidad de la economía familiar se nota aunque no se comprendan bien las causas. Hace bien Pizarro en reclamar el debate que Solbes ha aceptado y haría bien el PP en tratar de explicar la situación, sin alarmismos, y hacer pedagogía con sus propuestas. El alarmismo no funciona, como no le sirvió de nada al candidato Almunia contra el PP, porque lo relativo a la economía tiene que ser constatado por los electores, no sugerido intencionadamente. Pero es el campo en el que el PP puede ofrecer un equipo que no sea el de los fracasos y un programa que no sea la herencia del pasado.