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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE cal, con cientos de instrumentos de todo el mundo y un sistema interactivo que permite disfrutar de músicas muy diversas www. museomusicabarranda. com) Barranda Folk, los sábados, asegura, entre otras cosas, las actuaciones en el Salón Social de distintas agrupaciones- -este año catorce- -procedentes de diferentes lugares de Murcia y más allá. Pero la fiesta fiesta la protagonizan los barrandeños el domingo, después de la Misa, cuando las Cuadrillas marchan por la calle Mayor y por otras vías habilitadas ante la cantidad de grupos y fans que se reunen. Después de calentar la mañana con jotas, seguidillas, parrandas, torrás y fandangos, se recuperan fuerzas en mesas aprovisionadas generosamente por la gente del pueblo. La tarde es muy combativa por el choque de las Cuadrillas- -de dos en dos- -en las calles: se desafían con coplas ingeniosas o con la energía de sus intrumentos. Al caer la tarde- -y arreciar el frío- -todos se refugian en el Salón Social: más cantos, bailes sueltos duelo de trovos -composiciones espontáneas en verso- -y hasta pequeñas funciones o cuadras Voces, guitarras, guitarros y requintos, platillos y panderetas... No hay nada más, durante tres días intensos, para los Aguilanderos. Dos generaciones, cuerda en mano, en las calles de Barranda ABC Siempre nos quedará Barranda IGNACIO RAMOS A ABC lguna vez he escrito que está Barranda en el Noroeste pobre de la Murcia más pobre; pero también he escrito que esta aldea pequeñita y humilde sabe ver la hermosura que existe en la nieve que llora en los barrancos, en el oro de aliaga florecida, en la cabra que escala los peñascos, en la mirada larga, gris, incierta, de gentes que anhelan desesperadamente la esperanza. Por eso no me extraña que a través de los siglos Barranda haya sabido conservar sus tradiciones más hermosas. Y, entre ellas, la de los Aguilanderos, esa cuadrilla de músicos de oído que se transmiten, de padres a hijos y de abuelos a nietos, los sones, las letras, las costumbres, con que aún se alegran la Pascua navideña año tras año. Aún hoy recorren el pueblo como una ola ruidosa de alegría desbordante. Unas Navidades sin música de Aguilanderos no son Navidades en Barranda. Desde que yo recuerdo nunca falló esta tradición. Y cuando, hace treinta años, se decidió organizar una fiesta que diese cobijo a estas músicas ancestrales, todo el pueblo se volcó en la tarea. Hoy, la Fiesta multiplica por quince sus escasos novecientos habitantes; de toda España llegan visitantes a saborear sus raíces culturales en el encuentro más paradigmático de cuantos se celebran en relación con la música de tradición oral según el etnólogo Manuel Luna. Comenta el escritor Javier Orrico, que, en el regreso de una cultura campesina que se resiste a desaparecer, sólo nos quedan Barranda y su Fiesta de las Cuadrillas Yo añadiría, parodiando la célebre frase peliculera, que en ese acervo cultural atávico siempre nos quedará Barranda. Para recordar la esencia, compartir la alegría y percatarse de que los siglos y las máquinas no nos han mejorado un ápice los modos de entender y disfrutar la vida.