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ABC VIERNES 18 s 1 s 2008 Elecciones en EE. UU. s Las primarias INTERNACIONAL 33 Las dos caras de Hillary Carl Bernstein justifica la ambición de la candidata demócrata como una redención del clintonianismo Para el mítico periodista, Hillary abrazó la política cuando se vio más traicionada por Bill ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. ¿Cómo es posible que los mismos que criticaban a Hillary Clinton por mandar demasiado cuando su marido era presidente, digan ahora que ella no está preparada para mandar sola? ¿Cómo es posible? se sulfuraba una señora de mediana edad. ¿Es ésa su pregunta? la conminó indirectamente a serenarse Budd Mishkin, moderador del encuentro con Carl Bernstein, leyenda periodística del caso Watergate y autor de Una mujer al cargo la biografía no autorizada de Hillary Clinton. ¿Y para cuándo una biografía así de Obama? se sulfuró a los pocos minutos un joven negro. Con sus ojos que han visto caer a Nixon, Bernstein les observaba a todos desde el escenario del Y 92, uno de los máximos centros culturales de Nueva York, habitualmente frecuentado por la clase de personas que salen a cenar en las películas de Woody Allen. Al llegar Bernstein pidió que subieran las luces de la sala porque quería verle la cara al público, sobre todo cuando llegara el coloquio. Pero su idea de coloquio no era tanto contestar como preguntar él mismo: ¿Cuántos de los presentes ya han decidido que votarán a Hillary Clinton en las primarias de Nueva York? Un tercio del público levantó la mano. ¿Y cuántos ya han decidido que votarán a Obama? Otro tercio. ¿Indecisos? ¿El otro tercio? Bernstein se apresuraba a sacar esta conclusión cuando el moderador le recordó que los tickets del acto también se habían puesto a la venta para los votantes republicanos. Carl Bernstein, autor de la biografía no autorizada de Hillary Clinton trucción de una mujer acusada de sacrificar su dignidad conyugal por su ambición política a manos de alguien como Bernstein, cuyo historial sexual trivializa el del mismísimo Bill Clinton. Los enemigos de la candidata creen haber visto en el libro de Bernstein casi un argumentario a su favor: que si ella es fría que si ella esconde sus emociones, que si ella es falsa Pero hay que decir que ni las cosas ni su libro son tan simples. El biógrafo destacó que su biografiada tuvo que tomar la decisión de postularse para ser senadora por Nueva York, como paso previo a la carrera presidencial, en plena tormenta política por el caso Lewinsky. En esas circunstancias dio el paso al frente. Pero, a diferencia de otros, Bernstein no cree que ella sacrificara sus sentimientos a la política, sino que más bien abrazó esta última cuando se vio más íntimamente traicionada. Bernstein ha descubierto en el matrimonio Clinton a una especie de césar de dos cabezas pero también dos corazones: el de él, capaz de ser infiel a su esposa con mujeres de una dolorosa vulgaridad, y a la vez de correr riesgos políticos tremendos, como mentir siendo presidente, antes de arriesgarse a que su esposa le abandone, si dice la verdad. Una y otra vez Clinton comete este error, una y otra vez es el apoyo de ella lo único que le saca del atolladero, aún a costa de un daño profundo. Para los dos. ABC Sólo un republicano Ah, ¿sí? dijo Bernstein. ¿Cuántos republicanos hay entre nosotros? En toda la sala sólo una persona llegó a desplegar tímidamente un brazo. Risas. Ésa es ahora mismo la foto finish de las élites bienpensantes de Nueva York. No podía dejar de llamar la atención el contraste entre tantas ganas de votar demócrata y tantas dudas sobre a quién. La atracción de la conferencia consistía en asomarse a las codiciadas intimidades de Hillary Clinton. No dejaba de tener su morbo asistir a la decons- La compenetración entre los Clinton es tal que se sienten destinados a hacer valer sus ideales para toda América, que cuando estallan las mentiras de Bill, Hillary siente que él no la ha traicionado sólo a ella, sino al común legado. Y por eso quiere ser presidenta. Siempre según Bernstein, ella toma esta decisión para restaurar y redimir el clintonianismo. No sé qué hacer con su libro, señor Bernstein reflexionó el moderador. Una página me hace pensar que yo nunca podría votar a esta mujer, y la página siguiente me hace pensar lo contrario, ¿cómo es posible? ¿Tal vez porque he hecho buen periodismo? le respondió Bernstein, con una gran sonrisa.