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ABC VIERNES 18 s 1 s 2008 Precampaña electoral s Análisis ESPAÑA 17 La pregunta más difícil Ayer vimos lo que de error tenía la estrategia: Gallardón parecía más presente (paradójicamente por ausente) en la rueda de prensa que el brillante fichaje del PP, Manuel Pizarros A Rajoy no le ha salido bien, desde luego, este inicio de la precampaña sobre las de Wagner: te sientas en la patio de butacas- -decía- -y si, al cabo de dos horas miras el reloj, compruebas que sólo ha pasado media hora Lo de los tiempos, dicen sus fieles, es el fuerte de Mariano Rajoy pero da la impresión de que ahora se les están atropellando en momento crítico, a menos de dos meses de las elecciones. Lo de Ruiz- Gallardón se olvidará pronto, dicen algunos, pero el alcalde, a diferencia de Piqué o Matas, incluso de Rato, tiene una constante visibilidad política y, además, su caso tiene mayor significado político. Veremos, pero, por el momento, hasta ha quedado deslucida la presentación pública de Manuel Pizarro. Para evitar la sensación de calentón, o de haber cedido in extremis al órdago habilidoso de Esperanza Aguirre, el equipo de Rajoy dice que ya estaba decidido de antemano que Ruiz- Gallardón no iba a estar en la lista del candidato popular y que sólo la filtración de la presencia de Pizarro hizo que se modificara el plan: primero, la negativa al alcalde, después el anuncio del número dos de la candidatura. Ayer vimos lo que de error tenía la estrategia: Gallardón parecía más presente- -paradójicamente por ausente- -en la rueda de prensa que el brillante fichaje del PP. Este asunto puede verse desde dos puntos de vista. El primero, desde la gente de la calle a la que Rajoy aludía en medio de esta vorágine para insistir en su independencia El otro, desde las tripas del PP. El interés que suscitaba la presencia de Ruiz- Gallardón en la lista para el Congreso no esta- Germán Yanke Iba Ruiz- Gallardón a ver Tristán e Isolda en el Teatro Real y, tras pasar por la sede del PP, se quedó en casa. Tiene su aquél lo de la ópera que se perdió: la historia del hijo de Meliadus que, herido por el arma envenenada de Morold, descubre que sólo le puede curar la hermana de su adversario, Isolda. Pero en Madrid ni hay historia de amor ni Isolda le quiere curar y el alcalde, abatido, reconoce que está derrotado Por lo de la ópera se puede consolar con la humorada de Erik Satie Rajoy no se ha quitado el sambenito de la desconfianza en sus posibilidades electorales ba basado en la impresión de que les unía una férrea amistad ni en trayectorias similares, sino en lo que tenía de suma ante unas elecciones que se jugarán en un puñado de votos y de ofrecer a los ciudadanos una imagen más abierta, complementando lo que hoy significa el equipo de Génova con otros perfiles, es decir, dando una sensación de amplitud y moderación. Encajaba muy bien en el plan de Rajoy para este último tramo ganar unos votos y evitar algunos enfados en el electorado indeciso y, hasta la mañana del martes, algunos de los más cercanos al presidente del PP daban por segura la presencia del alcalde de la capital en la candidatura. Esto se ha venido abajo. Quizá se olvide, aunque lo dudo, quizá otras noticias inclinen a su favor la gran incógnita pero, por el momento, se ha venido abajo. Respondo primero porque la pregunta que me hace a mi es más fácil dijo ayer Pizarro cuando un periodista quería saber la opinión de Rajoy sobre lo de Gallardón y la suya sobre su paso a la política. Desde el interior del PP, y aunque muchos dirigentes alaben la autoridad de Rajoy, el problema, a mi juicio, es que éste no se ha quitado de encima, ni antes ni en esta situación de crisis, el sambenito de la des- confianza en sus posibilidades electorales y una cierta sensación de provisionalidad. Ha tenido que soportar que, con unos acompañantes en su sillón del Congreso que no eran, al menos, el gran equipo necesario, otros se preparan para lo peor, para lo peor para Rajoy quiero decir. Ruiz- Gallardón y Aguirre son, dijo ayer su presidente, valiosos, queridos y votados, pero sus más fieles han contado a quien han querido que el martes les dijo que estaba harto de ambos, con lo de la insistencia de uno en estar en la candidatura y el libro de la otra. Y con sus aspiraciones, debía haber añadido. El alcalde, seguramente, se ha equivocado con una reiteración de su deseo, aunque últimamente había amainado. Aguirre ha revelado el fondo de su táctica cuando se ha visto que no quería estar en la lista de Rajoy para apoyarle, aun formalmente, sino sólo en el caso de que estuviera Ruiz- Gallardón. Rajoy, al ceder a su órdago, la ha convertido en la triunfadora del duelo. Pero si en el PP había sensación de necesitar refuerzos, no había, ni en el caso de Rato, un deseado Y Mariano Rajoy ha convertido en eso al alcalde de Madrid en amplios sectores. No le ha salido bien, desde luego, este inicio de la precampaña.