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ABC JUEVES 17 s 1 s 2008 Libros de la Escuela CULTURAyESPECTÁCULOS 75 Cuestión de (buena) educación El próximo domingo llega a los quioscos la primera entrega de la colección Libros de la Escuela, Aritmética y Cartilla moderna de urbanidad para niños con su ejemplar del diario ABC y por tan sólo 4,95 euros POR MANUEL LUCENA GIRALDO Existe en inglés una diferencia que lamentablemente parece haberse perdido en el español de uso cotidiano, que alude a dos términos que sólo en apariencia son sinónimos, aprendizaje y educación. Señala el siempre atinado Diccionario de la Real Academia que el aprendizaje consiste en la acción y efecto de aprender algún arte, oficio u otra cosa, el tiempo que en ello se emplea, o la adquisición por la práctica de una conducta duradera La educación consiste, en cambio, en la acción y efecto de educar, la crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes, o la instrucción por medio de la acción docente De acuerdo con una sutil diferencia, sepultada por los disparates tecnocráticos de la pedagogía moderna, como bien recoge nuestro Diccionario, una cosa es la adquisición de conocimientos y otra bien distinta, que en el mejor de los casos se da de forma simultánea, es la educación entendida como interiorización de reglas de civilidad y rutinas de cuidado del cuerpo y del espíritu. Por eso, en Gran Bretaña quien curse sus estudios en las universidades de Oxford o Cambridge señalará que se ha educado en ellas indicando de ese modo que en sus aulas venerables ha adquirido, junto a un más o menos amplio conjunto de conocimientos, una serie de prácticas de sociabilidad y códigos de conducta. Lamentablemente, aunque nuestro idioma aún guarda la preciosa frase tiene una buena educación para referirse a quien se respeta y respeta a los demás, los planes de enseñanza reformados con temeridad incendiaria durante las últimas cuatro décadas han olvidado la importancia de transmitir, además de los contenidos de las asignaturas, ese conjunto de conductas públicas y privadas que, lejos de constituir un catálogo de represiones que deben ser superadas o eliminadas, expresan la voluntad de una sociedad de vivir en paz, reducir la violencia a límites tolerables, o contar con útiles protocolos de comportamiento. La inclusión de las Cartillas de urbanidad para niños y para niñas en edición de 1929 de la barcelonesa FTD en la colección Libros de la Escuela constituye, en este sentido, una llamada a la reflexión y también un provechoso repaso a los ámbitos en los cuales suplimos con cultura nuestra natural tendencia a la barbarie. Planteadas como un viaje a los espacios de lo social y en el tiempo de lo cotidiano, ambas recogen en sus quince capítulos, con el apoyo de historias ejemplares cortas y de bellos dibujos, esas conductas deseables y provechosas. Si el niño bien educado es cariñoso y buen compañero el mal educado hace cosas muy feas y repugnantes, que disgustan a personas dignas de respeto Al levantarse, la niña deberá vestirse con calma y sin destrozar los vestidos En la calle, ambos irán con cuidado en los cruces y al llegar al colegio deben respetar y obedecer a su maestro tratando a los compañeros con paciencia y cariño En la mesa, evitarán la glotonería y una vez probados los alimentos no emitirán opinión sobre su mal gusto o defectuosa preparación En cuanto a los juegos, observarán como principios generales saber ganar sin demostrar excesiva alegría, perder sin enfadarse y no hacer trampas ni de broma Durante el paseo, no arrancarán las flores ni destrozarán las plantas, guardando dignidad y silencio cuando se celebren actos públicos y conciertos musicales En el caso de visitas familiares y en los viajes, las cartillas recuerdan que los principios de la buena crianza son no menos fundamentales, pues en ellos son especialmente dañosos los caprichosos que van, vienen, interrumpen, preguntan y chillan sin ton ni son, los egoístas que quieren que todos se ocupen de ellos, que los escuchen y que los alaben, y los regruñones, que de todo se quejan El cultivo de la piedad, la caridad, la obediencia, la laboriosidad y la modestia constituyen los capítulos restantes, el corolario para una educación que fue del ayer, pero conserva valores de siempre. Las Cartillas de urbanidad constituyen un provechoso repaso a los ámbitos en los cuales suplimos con cultura nuestra natural tendencia a la barbarie