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ABC JUEVES 17- -1- -2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 73 Ópera Wagner: Tristán e Isolda Int: W. Meier, R. Dean Smith, R. Pape, M. Fujimura, A. Titus, A. Marco- Buhrmester, A. Rodríguez, D. Rubiera. Coro y Orq. Titular del Teatro Real. Dir. escena: Ll. Pasqual. Dir. J. López Cobos. Lugar: Teatro Real. Fecha: 16- I- 08 Un reino prodigioso ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Hoy el Teatro Real es un poco más grande. Ha crecido en experiencia y prestigio tras hacer una apuesta de riesgo. Siempre lo es programar Tristán e Isolda pese a jugar con las cartas marcadas por un reparto (el primero de los dos anunciados) formado por mucho de lo mejor que pueda encontrarse por el mundo. Hoy lo sabe el público del estreno, entre el que había personas que llegaron con el susto de tener por delante cinco horas de espectáculo. No es una anécdota. Los espectadores del primer día son plurales, variopintos, y algunos justos en sus saberes como corresponde a la cercana y sesgada historia operística madrileña. Que al final se escucharan muchos comentarios favorables habla muy bien sobre la pedagogía del espectáculo; que además se aplaudiera con notable entusiasmo, confirma el éxito de una jornada extraordinaria. Y lo fue porque en este Tristán figura Waltraud Meier, quien llega a Madrid tras triunfar en La Scala en una produc- ción (Chéreau Barenboim) calificada de irrepetible. La de Madrid no lo es, aunque ella se haya encargado de que lo parezca. Visto en su totalidad, gracias a una emoción cambiante, compleja, desde lo delicado a lo doliente y apasionado. Más cerca del matiz, por la sutil compenetración con el texto. No se habla de adecuación vocal, ni de absoluta perfección técnica. Es algo más profundo que hace referencia a una forma de decir, a una concentración que surge vibrante y espesa hasta alcanzar el clímax en la despedida, ya transfigurada, desde la boca del escenario. Con todo, no fue ese tercer acto el más completo. A lo mejor porque se había puesto mucho en el primero, sin duda porque en el foso había otro aliento. A Jesús López Cobos, la obra le sonó muy bien respirada pero no jadeante. Comenzó proponiendo algo muy bonito de sonido, pausado, cuidado en el perfil, poco carnal, apenas sublimado y menos hirviente. Mantuvo así el primer acto, dibujando un arco que finalizó de forma grandiosa con todos en estado de gracia. En el segundo el sonido se abrió y fue más llano, a excepción de la pre- EFE arte, aunque no tan importante como su hermano Charles; el compositor Ryan Eno, que ha trabajado en creaciones musicales con Madonna y U 2, y el ahora pintor José María Cano. En cierta manera, también de anfitrión estaba Antonio Sanz, director creativo de la revista de fotografía de Ochoa, que recientemente abrió una delegación en Madrid. De un lado para otro, en la amplia sala delimitada en un extremo por estanterías repletas de libros, muchos de ellos sobre arte y fotografía, lady Foster presentaba a unos y animaba a otros a acudir a ARCO. Vestía un blusón negro, con pantalones negros y unos zapatos con el tacón plateado. Los abundantes canapés minimalistas estaban regados con vino Artadi de Rioja y champán francés Veuve Clicquot, mientras dos saxofonistas se turnaban al instrumento. Norman Foster vive en esta casa desde hace 25 años, y hace 14 allí se trasladó a vivir Elena Ochoa cuando se casaron. El edificio está en primera línea del río, junto al Parque de Battersea y al pintoresco Albert Brigde. No a mucha distancia hacia el oeste, en la otra orilla del río, está el despacho de Richard Rogers. Hasta ahí llega la competencia. El Tristán que engancha es el de la leyenda, el del mito, el de la noche que abraza y el de la muerte que funde. El que aquí se cantó sencia solemne, elegante, impecable de René Pape, a quien el papel de Rey Marke le queda como una segunda piel. Al final el trabajo de López Cobos tuvo sentido, resolución y moderado pellizco. Si el problema fuera sólo de idoneidad habría que considerar a Robert Dean Smith un Tristán de relativo interés. Su interpretación fue menos variada que la de Meier y, a falta de un punto de heroísmo, resultó asombrosa la regularidad ante algo tan complejo, la fluidez lírica con la que resolvió la personalidad del caballero enamorado y la robustez del monólogo final. También fue enorme la presencia del Kurnewal de Alan Titus o la anchura y brillantez que tomó Brangäne en la estupenda y algo caliginosa interpretación de Mihoko Fujimara. Y todo ello en un Tristán cuya luz hay momentos que roza el virtuosismo. Lo hace en el primer acto, cuando la escena adquiere una coherencia formal que incrementa la impresión de lo legendario. La proa del barco cabeceando sobre el mar, el cielo corriendo, el instante en el que la cubierta se separa antes de que los amantes tomen el filtro es algo que consolida una intención de fondo que luego se aplaca. Lluís Pasqual traslada de época los dos actos siguientes, pero no beneficia demasiado al protagonista la llaneza de verle vestido de militar o la puerilidad de que muera en la cama de un hospital. El Tristán que engancha es el de la leyenda, el del mito, el de la noche que abraza y el de la muerte que funde. El que aquí se cantó. Nueva York, el deseo y la quimera retrato del alma y la piel de una ciudad S. G. MADRID. Alfonso Armada vivió en la ciudad de Nueva York, como corresponsal de ABC, durante siete años. Hace dos que regresó a Madrid, y en su necesidad por cerrar este capítulo de su vida ha escrito el libro Nueva York, el deseo y la quimera (Espasa Calpe) un retrato del alma y de la piel, de la luz de la ciudad, de quienes la construyeron y quienes la habitan, quienes la retrataron y la padecieron- -ha explicado el autor- Es una elegía y una impugnación. Es un intento de trazar una teoría de la ciudad que se plantea desde el título: ciudad que es objeto de deseo y muy a menudo quimera en la que devienen muchos sueños e ilusiones Armada presentó ayer el libro en la sala Cuarta Pared de Madrid, un espacio donde convergen todas sus pasiones: el teatro, la poesía y el periodismo, como la novelista Menchu Gutiérrez quiso subrayar durante la presentación, en la que destacó como una de las grandes riquezas del libro que el autor deja que la propia ciudad se exprese a sí misma a través de múltiples lenguajes. Por inmenso y rico en resonancia que sea el espectro propuesto, el resultado no se limita a una enumeración de visiones, más o menos inteligentes o penetrantes de la ciudad, hechas por portentosos creadores y junto a jugosos comentarios que acompañan estas miradas. El gran logro de Armada es el tender puentes entre estos lenguajes. Deja que el pintor dialogue con el poeta, el director de cine con el dramaturgo, o con el cocinero. Así, las voces de Capote, Kafka, Whitman, las trazos de Hooper o Dalí entran en resonancia con las voces del exiliado, con la mirada de un superviviente, con la alegría noctámbula de un gato... En el acto, el dramaturgo y periodista estuvo acompañado por el actor Julián Montero, que leyó algunos fragmentos del diario del autor referidos a los días anterior y posterior al 11 de septiembre de 2001, trágico acontecimiento que ocupa varios de los capítulos del libro y que marcaron de manera definitiva la mirada y las miradas de la ciudad. Por su parte, Armada leyó un fragmento dedicado a la infancia de Harpo Marx. Tampoco faltó la música, que estuvo representada por el cantante y compositor nigeriano Simon, que regala a diario su música en los pasillos del Metro de Madrid. Más información sobre la feria: http: www. arco. ifema. es Una escena del montaje de Tristán e Isolda de Lluís Pasqual DANIEL G. LÓPEZ