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ABC JUEVES 17- -1- -2008 Precampaña electoral s Análisis ESPAÑA 15 fería que ocupara plaza por el Senado. Floriano tendrá que renunciar a su acta de diputado autonómico si es elegido el 9 de marzo para poder tener su escaño en el Congreso. Una de las Comunidades con más renovación en sus candidaturas ha sido la Valenciana. En la capital, Esteban González Pons será el número uno que tendrá que enfrentarse a la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, la candidata socialista. En Castellón, el cabeza de cartel será Juan Costa, ex ministro y coordinador del programa electoral del PP. En Alicante repite uno de los clásicos del partido, Federico Trillo. En Cataluña, la gran incógnita estaba en Barcelona, pero se despejó con Dolors Nadal como candidata. En esta Comunidad, el PP aspira a subir algún escaño, sobre todo después de la mala gestión del Gobierno en las infraestructuras, que ha afectado a centenares de miles de catalanes en su vida diaria, y al desapego creciente por los políticos gobernantes tras la aprobación del Estatuto de Autonomía. Más información sobre la precampaña y los candidatos en www. pp. es La dama y el vagabundo Rajoy hizo llamar a Aguirre y Gallardón sin adelantarles nada, pero extremadamente cansado de los meses que le han dado s En Génova se tiene la convicción de que ha sido un acto de autoridad Charo Zarzalejos decisión, de no dedicar un minuto a la trifulca Aguirre- Gallardón y de cerciorarse de la hora de llegada de la presidenta de su viaje a Andalucía, llamó a Ángel Acebes. Al número dos no le sorprendió que Rajoy le reclamara. Ya habían hablado de la cuestión y sabía que Rajoy deseaba zanjar la cuestión en la tarde del martes. Así- -y por el hecho de ser el secretario general del PP y hombre de máxima confianza del líder- -se ha convertido en lo más parecido a un testigo protegido de una reunión sin precedentes. Rajoy hizo llamar a Aguirre y Gallardón sin adelantarles nada, pero extremadamente cansado de los meses que le han dado Para cuando les tuvo delante, Rajoy hacia días que había recibido el recado de Aguirre: Si va Alberto, yo también La presidenta le hizo saber que estaba dispuesta a dimitir de su cargo. ¿Estamos todos locos? se preguntó Rajoy. Naturalmente, había escuchado en numerosas ocasiones el yo quiero ir de Gallardón. El enfado del líder era extremo y no sin razón. Los más próximos a Rajoy sostienen que la decisión de no contar con ninguno de los dos estaba tomada. Otros, que también conocen a Rajoy, dicen que si en la reunión Esperanza hubiera reiterado su deseo de ir aún a costa de hacer un roto muy serio al partido, es muy probable que hoy Gallardón estuviera en la lista No está escrito en ningún sitio que Rajoy deseaba contar con Gallardón, pero es constatable que no tiene incompatibilidad alguna con él, ni personal ni política, ni- -desde luego- -con Aguirre, pero ni en sueños pensó para su candidatura. El azuce en todo caso no ha sido el mismo. A modo de vagabundo, Gallardón tiene votos, pero no partido como para organizar una revuelta. Aguirre, a modo de primera dama, tiene votos y partido y, por tanto, capacidad para la revuelta. Y no ha ocultado sus poderes. No se ha guardado ni una carta. ¿Por qué ese afán por la exclusión de Gallardón? Desde dentro, Aguirre ha jugado sin límites y, a priori, ha ganado en la medida que Gallardón no va. ¿Y qué? Ha sido algo así como matar mosquitos a cañonazos. ¿Es proporcionado dejar la Presidencia de la Comunidad para ir al Congreso por el mero hecho de que Gallardón pudiera estar en la candidatura? ¿Cómo es posible que el alcalde haya medido tan mal los tiempos? ¿Por qué no se reunió antes con Rajoy para plantearle sus deseos? Al líder del PP cabe reprocharle que no hubiera cortado este vodevil hace tiempo. Al término de la reunión, Rajoy sabía que desde algunos sectores iban a cuestionar su liderazgo. Sin embargo, en Génova se tiene la convicción de que ha sido un acto de autoridad. Ahora la consigna es pasar página. Gallardón no oculta su disgusto. Se siente derrotado, pero, aunque pueda parecer lo contrario, Aguirre no ha ganado. Rajoy perdona, pero tiene memoria. Gallardón ha sido insistente, pero hay límites que una dama no debe sobrepasar. Y dicen en Génova que Esperanza se ha pasado Caras nuevas en Valencia MADRID. En la sede central del PP la actividad era ayer la cotidiana. De lo que ocurre en la séptima planta se enteran pocos. Por ello, cuando el martes por la noche saltó la noticia de la exclusión de Gallardón de la lista por Madrid, la perplejidad fue absoluta. Mariano Rajoy ya había resuelto lo que para él era sustancial: poner una buena cabeza al frente de la economía y eso lo tenía resuelto con el fichaje de Manuel Pizarro. Además, tiene gente de sobra para elaborar la lista y la certeza de que nadie le va a decir que no. Desde esta tranquilidad y después de muchas semanas de no haber tomado la