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4 OPINIÓN MARTES 15 s 1 s 2008 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO MAYORAL, PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro FUERA DE LAS LISTAS ICTORINO Mayoral, ideólogo e impulsor de la controvertida asignatura de Educación para la Ciudadanía, no aparece en las listas electorales elaboradas por el PSOE. Ni en Extremadura ni en Madrid ha encontrado acomodo el veterano político, que saltó a la fama durante algún tiempo por su extraña manera de interpretar el compromiso cívico que tanto predicaba. Como denunció en su día ABC, varias entidades vinculadas con Mayoral han obtenido contratos y subvenciones de ayuntamientos y comunidades autónomas, siempre dejando caer en el concurso correspondiente el aval que suponía contar con el apoyo de un personaje influyente. Cuando se hace gala de defender a ultranza la ética pública, la mezcla de intereses generales y particulares resulta cuando menos incongruente. Más allá de la responsabilidad jurídica en que haya podido incurrir, el ya ex diputado socialista cometió una falta evidente desde el punto de vista ético. La opinión pública es muy sensible ante el comportamiento de los responsables políticos, porque la ejemplaridad es un elemento esencial para reforzar la legitimidad del sistema. Victorino Mayoral ha merecido un serio reproche social que ahora le cuesta su carrera como diputado. No puede echar la culpa a nadie más que a sí mismo y a su doble vara de medir, rigurosa y estricta para los demás, pero demasiado laxa y permisiva respecto de sus propias actividades privadas. A principios de legislatura, el Gobierno aprobó un código de buenas prácticas, carente de eficacia normativa pero muy significativo de esa retórica buenista que tanto gusta a Rodríguez Zapatero. Como es notorio, no siempre se ha cumplido con la debida diligencia. Desde una postura laicista y dogmática, Victorino Mayoral ha contribuido a implantar una visión unilateral de la vida pública según criterios ideológicos que no comparte un amplio sector de la sociedad. Lo menos que se puede reclamar a quienes exigen tanto a los demás es que adapten su propia conducta a los principios que pretenden imponer. El caso es que los manejos del diputado extremeño en el ámbito de ciertas ONGs, fundaciones y otras entidades que viven en buena medida del dinero público ha sido muy poco edificante. En rigor, es un caso de manual para la EpC, como ejemplo pura y simplemente de aquello que no se debe hacer. Su partido le pasa ahora factura porque se trata de una figura desprestigiada ante los ciudadanos, que resta en vez de sumar de cara a unas elecciones que van a ser muy competidas. Lo que no ha conseguido la ley lo han logrado las denuncias públicas: el PSOE se ha visto obligado a prescindir de un personaje que ya no tiene nada que aportar a la política española. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera V LEGISLATURA PERDIDA L decreto de disolución de las Cortes Generales, acordada ayer por el Consejo de Ministros reunido en sesión extraordinaria, marca oficialmente el fin de esta legislatura y abre el período electoral que desembocará en las elecciones generales de 9 de marzo. Es tiempo, por tanto, de balance de estos casi cuatro años de gobierno socialista. A estas alturas, los ciudadanos tienen una idea clara de la gestión de Rodríguez Zapatero en los aspectos esenciales de su mandato, pero desde septiembre de 2007 el declive de los principales índices económicos está acelerando la extensión de una opinión negativa sobre el Gobierno socialista. Los problemas políticos se sobrellevan mejor cuando la economía doméstica de los españoles discurre favorablemente, pero no es este el caso, como reflejan todos los sondeos publicados en las últimas semanas, según los cuales el PSOE ha perdido la ventaja que obtuvo sobre el PP en 2004. Este dato resulta desolador para los socialistas, porque han vaciado la legislatura en proyectos, leyes y pactos pensados, ante todo, en la marginación de los populares. Desde la reforma del estatuto catalán a la política exterior, pasando por la educación, la inmigración o la justicia, todos los pasos dados por el PSOE se han encaminado a dejar al PP fuera de los asuntos de Estado y de deslegitimar la opción política que representa, a caballo de un revisionismo histórico que la izquierda ha planteado como una revancha por la ruptura que no hizo en 1978. La lucha antiterrorista ha sido un capítulo especial en la gestión de Zapatero. El reconocimiento de que faltó a la verdad cuando negó la continuidad de las negociaciones con ETA tras el doble asesinato de Barajas no atenúa su responsabilidad política. Es una confesión tardía. Dijo en 2004 que iba a presidir un Gobierno que no mentiría a los españoles, pero es inevitable que la conclusión a la que llegue la mayoría de españoles sea la contraria. Tampoco es cierto que su Gobierno haya hecho lo mismo que otros en el diálogo con ETA. Al menos, el de Aznar no mantuvo ningún contacto con los terroristas después de su primer asesinato en 2000 y E volcó todos los recursos del Estado- -incluido el pacto Antiterrorista- -para la derrota definitiva de ETA. Zapatero puede explicarse, con estos antecedentes, que el escenario final de su mandato diste mucho del que había imaginado en abril de 2004. Que el PP esté situado en un empate técnico con el PSOE es el dato que certifica el fracaso absoluto de la apuesta radical de los socialistas contra la derecha democrática. La quiebra de los consensos constitucionales, las crispaciones innecesarias- -como la que protagoniza con la jerarquía católica- los pactos con minorías independentistas, las legislaciones sectarias, el descrédito internacional y el empecinamiento en negar que la economía ya no va bien son actitudes políticas que pasan factura. El más grave error del PSOE fue pensar que el ambiento de acoso a las sedes del PP durante la jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004 perduraría hasta el final de la legislatura. Ahora, los socialistas se encuentran en la necesidad de rehacer en dos meses la imagen de su Gobierno, el único en la democracia que, en su primer mandato, ha perdido prácticamente toda su ventaja electoral sobre la oposición. La tarea de remozar este mandato de cara a las urnas no va a ser fácil, aunque el Gobierno apueste ahora por la eficacia policial contra ETA. Es difícil que, en estas semanas finales, la lucha antiterrorista dé o quite votos de forma decisiva para el resultado electoral. El cambio de signo en la economía, por el contrario, sí puede actuar como el incentivo determinante de una posible victoria del PP. Y puede serlo, sobre todo por el empeño de Rodríguez Zapatero en negar la evidencia, en discutirle a los españoles lo que éestos ven y sienten en sus propias casas y en sus familias. Hay menos dinero disponible para el consumo y para el pago de las hipotecas. Las previsiones de crecimiento se recortan diariamente por entidades y medios especializados. El paro en la construcción no encuentra alternativa en la industria. Llegados los primeros avisos de ese eufemismo de la desaceleración tampoco Zapatero preside ese Gobierno que siempre escucharía y atendería a los ciudadanos. RAJOY ACIERTA CON PIZARRO E despeja la incógnita: Manuel Pizarro será el número 2 de la lista del PP por Madrid, reforzando así la solidez del equipo que encabeza Mariano Rajoy de cara al 9- M. Manuel Pizarro es un notable jurista, en su calidad de abogado del Estado y miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Su trayectoria empresarial es muy relevante, desde su etapa en Ibercaja hasta la presidencia de Endesa. En el largo y desafortunado proceso de la opa sobre la eléctrica, el nuevo candidato popular dio la talla como defensor a ultranza del interés de los accionistas y como garante de la limpieza de una operación que el Ejecutivo gestionó de forma lamentable. Todavía se recuerda la comparecencia pública de Pizarro con la Constitución en la mano, como símbolo de la defensa firme de la libertad de empresa en el marco de la economía de mercado que proclama la Norma fundamental. En una etapa dominada por la avalancha de datos económicos negativos, la opción que ha tomado Rajoy es fiel reflejo de que la economía es un asunto que habrá que plantearse muy en serio en los próximos años, porque, a nadie se le oculta, que si gana el PP el ex presidente de Endesa sería muy probablemente el vicepresidente económico del Gobierno. Mientras Zapatero repite con Solbes, un valor seguro pero devaluado por la ambición de otros sectores de su partido, el líder del PP apuesta a fondo por una personali- S dad que transmite confianza a los ciudadanos por su capacidad técnica y su integridad personal y profesional. Frente a las presiones de ciertos grupos que sólo atienden a su interés particular, Mariano Rajoy demuestra con esta decisión su autonomía como líder del PP a la hora de determinar qué es lo más conveniente para el interés general. La opción por Pizarro encaja plenamente con el mensaje de rigor y sentido común que pretende transmitir el líder de la oposición, más allá de la retórica vacía o de un carisma más aparente que real. La prudencia es una virtud que cotiza al alza en tiempos de incertidumbre social y económica y, desde este punto de vista, el PP les dice a los ciudadanos que está dispuesto a enfocar con seriedad los problemas que de verdad les preocupan. Ese es, ni más ni menos, el reproche que muchos votantes dirigen a Rodríguez Zapatero, siempre dispuesto a jugar en el campo de las palabras sin contenido y de las promesas inconcretas. La lista del PP por Madrid sale muy fortalecida con esta decisión, que anticipa probablemente otras posteriores y demuestra que las presiones de segundo nivel no surten efectos sobre Rajoy. De hecho, sus posibilidades de ganar el 9- M son ahora mayores, en especial si se confirma que seguirá contando con los mejores candidatos, más allá de pequeñas rencillas o de personalismos sin sentido.