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ABC LUNES 14 s 1 s 2008 DEPORTES 87 EL MUNDO ES UNA HISTORIA EL SUEÑO DEL PORTERO FUERA DE JUEGO Fernando Castro Flórez La ciudad de Budapest fue una fiesta para celebrar la salida del rally REUTERS El rally sin miedo Un camión de helados, una ambulancia, un autobús de una empresa que fabricó armas en la guerra fría y varios Velorex de tres ruedas cruzan estos días, sin miedo a Al Qaida, el Sahara y Mauritania. No es un chiste, es un rally: el Budapest- Bamako POR LUIS DE VEGA CORRESPONSAL RABAT. El Budapest- Bamako, algo así como el Dakar de los autos locos, lanza un órdago a Bin Laden y sus muchachos y no se achanta después de que su hermano mayor- -más rico y poderoso- -se haya echado atrás. Los más de trescientos participantes en esta tercera edición salieron el sábado de la capital húngara y tienen previsto acabar en la capital de Malí el día 27 de enero, tras recorrer 8.700 kilómetros. Llegarán a África por Marruecos y bajarán, en un trazado casi calcado al Dakar, hasta Mauritania a través del Sáhara Occidental. Después, en vez de seguir descendiendo hacia Senegal, se adentrarán continente adentro hasta alcanzar Bamako. La celebración de la carrera, como han reconocido sus organizadores, es la mejor forma de plantar cara a las amenazas terroristas, aunque ellos aseguran que no las han sufrido directamente como el LisboaDakar. No debemos permitir que los terroristas arruinen nuestras vacaciones o nuestros sueños dijeron en el comunicado hecho público pocos días antes de la salida. Los organizadores del Dakar cometieron un grave error cancelando el evento. Nosotros no debemos imitarles señalan los responsables del Budapest- Bamako con la intención de destacar la otra faceta de la prueba: la de distribuir ayuda allí por donde pasan. Este es el momento de decirle a los mauritanos que tienen amigos en el mundo añade el comunicado. Siguiendo el espíritu de esta carrera nacida en 2005, sus participantes son aficionados entusiastas y profesionales aventureros a los que no les llega el presupuesto para correr con Carlos Sainz, Nani Roma y compañía. Por ejemplo, el denominado Equipo K está integrado por los británicos Kevin Smith y Kevin Foster, que se ganaron el derecho a estar en la prueba en un programa de televisión. Para ello intentarán la proeza de llegar a Bamako con un Polski Fiat de 1985 averiado ya antes de salir de Budapest. Si consiguen acabar la carrera aún les quedará faena: vender el automóvil y entregar lo obtenido a una organización caritativa. Con este coche daremos pena a cualquier terrorista que nos vea, y nos dejará marchar declaró confiado Foster el sábado durante la ceremonia de salida a la agencia AP. En cuanto al autobús, un articulado de veinte metros, sirvió durante dos décadas para trasladar a los empleados de una base militar húngara donde se fabricaban misiles. Ahora viaja bautizado como Bus número 7 en honor a una de las líneas de transportes más frecuentadas de Budapest. Sus dos conductores y siete pasajeros llevan todo lo necesario a bordo- -hasta grifo de cerveza- -para sobrevivir. Pero como ellos mismos aseguran en su diario, al igual que muchos otros vehículos, el objetivo de la prueba es humanitario. Para ello van cargados de bolsas de ropa, medicinas, juguetes, material escolar y deportivo. staba viendo, en la tele como mandan los cánones, el partido que enfrentaba al Real Madrid con el Atlético de Bilbao cuando un lanzamiento de un delantero del equipo vasco fue atrapado por el guardameta rival. Escuché entonces la siguiente frase, pronunciada por Andrés Montes con sentenciosa lentitud: Aparece, magistralmente, Cañizares No era uno más de los múltiples gazapos y desbarres a los que nos tiene acostumbrados ese profeta del tiqui- taca, sino un lapsus que ofrecía, a la manera freudiana, la más profunda y traumática de las verdades. Porque el portero no está sino que aparece casi en el sentido de las teofanías. Es así lógico que los madridistas estén iniciando una suscripción popular para elevar al santoral a Casillas que, con toda autoridad, despliega sus poderes a las espaldas de una defensa que, desde hace años, es un prodigioso coladero. Sabemos que el portero es siempre el más raro del equipo, aquel que obligatoriamente viste de forma distinta. Esa singularización lleva a algunos a emplear colores aberrantes, inadecuados incluso para desfilar por el sambódromo. No tienen ningún reparo en vestir, acaso con intenciones apotropaicas, de amarillo, mentando el mal fario, convertidos en blanco de todos los insultos e incluso de los objetos que la caterva cafre acumula durante la semana para luego vomitar desde los fondos de los estadios. Pero el individuo que aparece impasible bajo los palos, hermano aunque no lo sepa del luctuoso destino del árbitro, necesita esa focalización aunque sea en el maremagnum de las invectivas. Handke convirtió en literatura la famosa fórmula del miedo del portero ante el penalti. Estoy convencido de que no es tensión angustiosa lo que marca ese tiempo de la pena máxima sino el gozo sublime de cobrar protagonismo aunque sea para encajar un gol. Hasta Zubizarreta cuando E El principal objetivo de esta carrera de autos locos es distribuir medicinas, juguetes, ropa y material escolar Sabemos que el portero es siempre el más raro del equipo, aquel que obligatoriamente viste de forma distinta ritualmente se arrodillaba mientras taladraban sus redes cumplía su destino teatral y escapaba de la extraña soledad en medio de la multitud. Api, el portero del Moscardó Infantil, el equipo de mis amores, es un ejemplo perfecto de la psicología del que tiene que mantener el equipo a cero. Mientras sus compañeros regatean obsesivamente para conseguir una catarata de goles, él está de brazos cruzados al borde del área, se sienta en el césped artificial, mira a las musarañas y se aburre como una oveja. Cuando le llega el balón, algo infrecuente, alterna las genialidades con las extravagancias y, lo peor de todo, con las cantadas; también Arconada las hacía y, en la final del Europeo contra Francia, llevó a la diezmada afición al borde del suicidio. Es cosa del kairós, de esa ocasión al vuelo que los griegos asociaron con la persuasión y con el final de la verdad mítica. Un tiro parece que se va fuera, el portero hace la estatua y sigue la trayectoria con la mirada: perfecto, golazo por la escuadra. Un cuerpo vuela, literalmente como las volutas que acompañan a la penetración del esférico en el recinto sagrado de las redes. Hay una belleza en las palomitas inútiles aunque tampoco falta lo ridículo en algunos autogoles o despistes cantarines. Al primero que recuerdo es a Iribar, maestro de la sobriedad, ajeno a la retórica o al frikismo, luego consiguió apasionarme Reina que era justamente lo contrario, esto es, un amante de la floritura. Soñé con ser un portero de la escuela rusa, verbalmente violento, con las botas pegadas a la línea, esto es, a la frontera que nadie podía atravesar y, sin embargo, mi miedo a pegarme la hostia padre me apartaron de ese cometido heroico. No sólo me gustaba la diferencia indumentaria del portero sino su sentido de la propiedad: portería, área, redes, un territorio en el que podían emplearse las manos y los puños. René Higuita, un verdadero loco (recordemos la parada del escorpión en Wembley) vino a desmantelar la lógica del aburrimiento del cancerbero (ese animal mítico que guarda la entrada del infierno) le daba la ventolera y salía gambeteando hasta la portería rival. Su manierismo suponía la aparición de una forma esdrújula de la mega- cantada. Ahora pienso que lo que yo quería era hacer todo al mismo tiempo, esto es, tenía alma de chupón y necesitaba que el balón fuera mío urbi et orbe. Ahí comenzó, no lo ignoro, mi narcisismo o, en esa aparición de un portero por otro, la desazonante esquizofrenia.