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ABC LUNES 14- -1- -2008 Aplausos y rosas en la emotiva despedida al poeta Ángel González 67 MUSEO MURAL DIEGO RIVERA su carrera como muralista lo vivió en Nueva York. El Centro Rockefeller invitó a tres artistas para competir por un mural: Picasso, Matisse y Rivera. El español ni siquiera contestó, Matisse no estuvo de acuerdo. La hizo el mexicano, pero su decisión de introducir la figura de Lenin desató la guerra. Se negó a quitarla y, tras recibir sus honorarios, el 9 de febrero de 1934 se destruyó el mural. Rivera pidió al Gobierno mexicano un lugar donde volver a crear la obra: la rehizo en el Palacio de Bellas Artes. El escándalo del Centro Rockefeller provocó que le retiraran un encargo para el pabellón de General Motors en la Feria Mundial de Chicago. El dinero que cobró del Centro Rockefeller lo empleó en un Retrato de América para la New Worker s School, sede del Partido Comunista. Por primera vez pinté un muro que pertenecía a los obreros comentó el artista. El presidente mexicano Miguel Alemán declaró patrimonio nacional todos los murales y creó la Comisión de Pintura Mural, constituida por Siqueiros, Orozco y Rivera. Ellos escogían a los candidatos para decorar los inmuebles públicos. Uno de los más bellos murales de Rivera es Sueño de una tarde dominical en la Alameda central creado originalmente para el Hotel del Prado y que desde 1986 se halla en el Museo Mural Diego Rivera. Concebido como una enciclopedia imaginaria de los personajes de la historia mexicana, aparecen en él más de 150 figuras. En el centro, Rivera se autorretrata a los 9 años. De sus bolsillos asoman un sapo y una culebra. Da la mano a la calavera Catrina, creada por José Guadalupe Posada. A su lado, Frida sostiene el símbolo del yin y el yang (el eterno retorno) En el plano superior, las figuras de Benito Juárez, Porfirio Díaz y Francisco I. Madero. El arzobispo se negó a bendecir el hotel por una frase que incluyó Rivera Dios no existe en un pergamino en manos de Ignacio Ramírez. Por dicha frase el mural sufrió dos atentados y hubo agresiones a la Casa Azul de Coyoacán y al estudio de Rivera. Durante nueve años el mural estuvo cubierto por un biombo plegable. El libro se cierra con dos murales perdidos: Pesadilla de guerra y sueño de paz y Gloriosa victoria Rivera denunció el secuestro del primero. Parece que se destruyó. El segundo apareció en el Museo Pushkin de Moscú. Más información en: http: www. taschen. com La historia del Teatro vuelve a la fachada del Insurgentes El mural más popular de Diego Rivera, con Cantinflas como protagonista, está siendo restaurado y se instalará en unos meses MANUEL M. CASCANTE CORRESPONSAL CIUDAD DE MÉXICO. Quizá no sea el mejor, ni el más representativo, pero La historia del Teatro es el mural más popular de Diego Rivera. Popular, en el sentido de visto por el mayor número de personas, ya que desde 1953 luce en la fachada del Teatro Insurgentes, en la avenida del mismo nombre, la mayor de la Ciudad de México. O lucía, pues durante el último año sus mosaicos han pasado por chapa y pintura y, una vez concluida su restauración, volverán a ser montados en su emplazamiento original en los próximos dos o tres meses. A comienzos de 2007, expertos del Instituto Nacional de Bellas Artes, con la ayuda de urbanistas y arquitectos, desmontaron La historia del Teatro para su limpieza, cuadro por cuadro y mosaico a mosaico, así como la reparación de pequeños fragmentos. Esta labor permitirá que la obra- -víctima del intenso tráfico del Distrito Federal y de los fenómenos meteorológicos- -permanezca en su lugar por un siglo más. El mural, colocado sobre la marquesina de la entrada principal al teatro, mide 47,2 por 11,5 metros, y pesa 264 toneladas. La obra destaca por la variedad de tonalidades empleadas por Rivera para aportarles volumen y sombras a las figuras representadas; además, fue elaborado de manera cóncava. Para su recuperación se han utilizado los mismos mosaicos venecianos y bizantinos, comprados al mismo fabricante de Cuernavaca, donde Rivera los adquirió. El mural fue encargado por José María Dávila, dueño del inmueble en aquel entonces, y Diego Rivera empleó un año en realizarlo. La figura central es Mario Moreno Cantinflas y junto a él aparecen caudillos mexicanos como Emiliano Zapata, Miguel Hidalgo o Benito Juárez, así como el emperador Maximiliano de Habsburgo y su esposa, Carlota. Para establecer de inmediato el tema del mural, y el propósito del edificio, pinté en la parte baja del centro una gran cabeza enmascarada con dos manos femeninas enfundadas en delicados guantes de noche, hechos de encaje. Cubrí el resto de la superficie con escenas de obras de teatro que reflejan la historia de México, desde la Colonia hasta el presente, convergiendo en el centro superior en un retrato de Cantinflas, el genio mexicano de la farsa popular, pidiendo dinero a los ricos y dándoselo a los pobres, como en realidad hace diría el universal artista mexicano en su presentación. 264 toneladas