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42 MADRID La inseguridad azota la región LUNES 14 s 1 s 2008 ABC AL DÍA Manuel María Meseguer Sabían dónde estaba el dinero La Cafetería Maceda, en Vallecas, ha visto cómo forzaban sus ventanas, ha sufrido un alunizaje y un asalto nocturno, todo en apenas 30 días s El dueño del local cree que le tienen controlado POR JOSÉ M. CAMARERO FOTO DANIEL G. LÓPEZ MADRID. No sólo atracan en grandes centros comerciales o tiendas de lujo, donde el botín puede suponer una importante cantidad de dinero. Los cacos que durante las últimas semanas han hecho su agosto en la región también se ensañan con pequeños establecimientos de barrio, donde el importe a recaudar nunca podrá ser demasiado, comparado con el riesgo que corren. Pero lo hacen. Y si no, que se lo digan a José Luis, el dueño de la Cafetería Maceda II, un típico bar de barrio que se encuentra en la plaza del Doctor Lozano (Puente de Vallecas) muy cerca de la A- 3, carretera de Valencia. En sus 20 años de vida, este establecimiento había sufrido algún que otro susto, pero los tres asaltos que ha vivido en el último mes preocupan demasiado no sólo a su dueño, sino también a empleados y clientes. El primer toque de atención se producía el pasado domingo 9 de diciembre. Aquel día un vehículo de alta gama se empotraba contra las puertas de entrada al centro comercial Ikea- Madrid Este (en el cercano Ensanche de Vallecas) y conseguía un botín de poco más de 5.000 euros. Pocas horas después, en mitad de la noche, los asaltantes abrían el cierre de la cafetería y se llevaban la recaudación de la caja, el dinero de las tragaperras, el de la lotería y, para rematar, una botella de whisky. En total, más de 4.000 euros en pérdidas. Tanto el propietario como las camareras que atienden en el bar están seguros de que ha sido alguien que se encuentra muy cerca y está vigilando. Sabían perfectamente dónde estaba el dinero de la lotería, y fueron directos a por él señala una de las inmigrantes que trabajan en la Cafetería Maceda II. Como todos los propietarios de bares, José Luis sabe perfectamente que cualquier noche pueden asaltar su establecimiento. Por ello, guarda la re- EL MIEDO s recurrente la expresión del temorcolectivoqueahorarebrota como los lobos en las invernadas ante la audacia de los malhechores- gavilla de malvivientes se llama a esas bandas en algunos países de Sudamérica- -para entrar en los domicilios y actuar con una brutalidad desconocida. La salvaje agresión al polifacético José Luis Morenoha desatado lasalarmas, potenciando de paso sucesos y violencias que sin el vandalismo exhibido con el popular personaje apenas tendrían cabida en los medios de comunicación. Cada año al menos un par de estados generalizados de miedo se apoderan de una ciudadanía que se ve inerme ante la contundencia de las bandas. No hace mucho, uno de los bandoleros detenidos explicaba la extremada violencia que exhiben ante las víctimas por la débil capacidad de soportar el dolor de los ciudadanos de sociedades acomodadas y por tanto fácilmente amedrentables con la demostración obscena de una violencia desorbitada. La repetición de las oleadas de temor en urbanizaciones del conurbano madrileño, pero también en los barrios céntricos de la capital ha ido disminuyendo considerablemente la oposición ciudadana al big brother de las cámaras de vigilancia en calles y avenidas, en oficinas bancarias y edificios públicos. El fenómeno de la inmigración, tan súbito que apenas le ha dado tiempo a la sociedad a asumirlo, ha supuesto un caldo de cultivo del temor a unas bandas delcrimen organizado procedentes del Este europeo y la antigua Unión Soviética, sobre todo, pero también nutridas por suramericanos y españoles. Bandas implantadas desde hace años en suelo español y aplicadas al blanqueo de dinero y el bandidaje cuyos desmanes pasaban más desapercibidos a causa del terrorismo, tanto propio como internacional. Remedios tan estrambóticos como habilitar una habitación blindada en el domicilio familiar o el recurso a ejércitos privados de seguridad darían la razón aladesafortunadafrasedeun antiguo delegado del Gobierno en Madrid, quien quiera seguridad que la pague Los valerosos dichos de José Luis Moreno: no puede vivirse ni encerrado en el domicilio ni con miedo, deben ser respaldados por la eficacia policial, el brazo armado del Estado, para devolver la confianza a los ciudadanos. E José Luis, el dueño del negocio, un típico bar de barrio en la zona de Puente de Vallecas culo (Opel Chalet) contra las puertas del establecimiento. Parecía que lo iban a lograr, aunque varios vecinos les dieron el alto, e incluso un trabajador municipal de la limpieza les espetó para que depusieran su actitud. Sólo cuando un vehículo de la Policía Nacional se acercó a la zona, los ladrones huyeron rápidamente en otro vehículo, un Audi, con el que se fueron por la carretera de Valencia. La hipótesis de que los ladrones sean del propio barrio tomaba fuerza, porque varios vecinos oyeron voces en castellano: Esperadme, no os vayáis sin mí les insistía uno de los cacos a sus compañeros en la huída. Tampoco con el alunizaje lograron su objetivo. Por ello, José Luis se encuentra afectado ante lo que pueda ocurrir en los próximos días. Yo creo que lo volverán a intentar explica Manuel, uno de los clientes, aunque en el bar tienen que saber que cuentan con todo el apoyo del barrio Mientras tanto, la ajetreada vida de este pequeño local sigue su ritmo pero la inseguridad es latente y los vecinos se quejan de que la presencia policial es muy escasa. Cada vez hay menos policías en la calle y más robos confirma Avelina. Y mientras, centros comerciales, concesionarios y otros establecimientos siguen sufriendo las consecuencias de un cáncer que parece imposible de curar. Una de las veces los ladrones utilizaron el método del alunizaje caudación en lugares secretos, para que nadie pueda acceder a ella. Posiblemente sea alguien del barrio, que viene al bar de vez en cuando y ve dónde se guarda la caja comentaba uno de los clientes del establecimiento. Pero no fue el primer y único susto antes de que llegara la Navidad. Una semana después, también en jornada dominical, cuando el dueño del bar ABC Venían a robar otra vez Posiblemente sea alguien del barrio, que viene al bar de vez en cuando y ve dónde se guarda la caja acudía a abrir sus puertas, se encontró con las cerraduras y ventanas forzadas, aunque afortunadamente no hubo que lamentar ninguna sustracción. Pero está claro que venían a robar otra vez señala otra de sus empleadas. Ante esta incertidumbre, José Luis decidió instalar una alarma contra robos. Además de ser bien visible desde la calle, se encuentra conectada con la central de la empresa de seguridad. Pero ni aún así. A los cacos no se les pone nada por delante y toda medida de seguridad es poca para evitar que logren sus objetivos. Así, el pasado jueves 10, el bar de José Luis sufrió el tercer atraco. Esta vez, los ladrones utilizaron el método del alunizaje, al empotrar un vehí- Inseguridad comercial