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ABC LUNES 14- -1- -2008 25 UNA SELECCIÓN DE LOS MIR MÁS JUSTA La Administración tiene la responsabilidad de establecer baremos que cuantifiquen con la mayor objetividad y justicia los méritos profesionales del candidato José Antonio Salido Valle De la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz C uando concluía la fase de valoración de méritos de un concurso oposición para proveer plazas de Facultativos Especialistas de Área del Servicio de Salud de Castilla- La Mancha, de cuyo tribunal calificador formaba parte en mi condición de jefe de servicio, me sentí como colaborador de un hecho consumado, que no sólo me atormentaba por tener la sensación de haber cometido una injusticia en el cumplimiento de la más estricta legalidad, sino que también me originaba problemas de conciencia sobre cómo debía actuar en el futuro con los médicos residentes de los que soy responsable en su etapa de formación como especialistas. Debo anteponer que el problema que se suscita- -con discretos matices- -es extrapolable a los distintos Servicios de Salud de nuestra nación, y consecuentemente con sus mismos efectos, por lo que paso a considerar ambas inquietudes por separado. En relación con la sensación, mejor llamarla certeza, de la actuación que estimo legalmente injusta, debe precisarse que en la fase de concurso de estos procesos selectivos se valoran los méritos atesorados por los aspirantes en sus currículum vitae. Ésta no debe estar expuesta al azar, no ocurriendo lo mismo con la fase de oposición susceptible de influenciarse por múltiples factores, que pueden hacer que el aspirante- -al realizar el ejercicio, en este caso de supuestos prácticos- -tenga un mal día Por ello, la Administración tiene la responsabilidad de establecer baremos que cuantifiquen con la mayor objetividad y justicia los méritos profesionales del candidato. Volviendo a nuestro proceso selectivo debo considerar que no cumplía los criterios antes expuestos, y para fundamentar mi opinión traigo a colación dos ejemplos. En primer lugar, no se debe entender como justo un baremo que puntúa todos los artículos publicados por igual, desde aquel que pueda presentarse en una re- El acceso a la formación MIR recibe numerosas criticas vista de máximo impacto, posicionada en los primeros lugares de la especialidad a nivel internacional, hasta aquellos publicados en revistas carentes de impacto, ya sean de sociedades científicas regionales, o de entidades, como, por ejemplo, mutuas de accidentes laborales, fundaciones, etc. que- -con todo el respeto hacia ellas, y asumiendo que cumplen una función- -no son comparables con las anteriores. Sería como equiparar diamantes y circonitas. No vale, como por parte de algunos se alega, que esto se hace para promover que se publique, y en concreto en revistas españolas, ya que lo que hay que fomentar es el esfuerzo y la excelencia. Todavía resulta más sorprendente que prácticamente todos los candidatos aportaran en sus curriculum autorías de sedicentes capítulos, alguno hasta siete- -puntuadas cada una como cuatro artículos excepcionales- -lo que se podría tildar de kafkiano, ya que en su gran mayoría se trataban de re- ROLDAN SERRANO súmenes de casos clínicos con una pequeña discusión publicados en el Libro de Residentes que edita la sociedad científica para estimular la participación de estos médicos en formación. Nada que ver con el capítulo encomendado al erudito en una materia para dar altura científica a un tratado, y que, por cierto, se le puntuaría igual. Al tener el tribunal que aplicar los baremos al pie de la letra, sin posibilidad de alterar las puntuaciones establecidas, tuvimos la seguridad los que formábamos parte del mismo, que de ser candidatos nos quedaríamos postergados a los últimos lugares, e incluso en la hipótesis de presentarse médicos insignes, de los que se conocen sólo con mencionar su nombre, no correrían mejor suerte. Por lo expuesto, res ipsa loquitur de no implicarse la Administración en resolver esta problemática imponiendo unos baremos justos, el acallar nuestra conciencia a título personal por participar como miembros de tribunales en es- tos procesos selectivos- -como anteponía legales, aunque injustos- -sólo podríamos hacerlo desde las perspectivas, de la objeción de conciencia negándonos a participar, o autojustificar nuestra participación por obediencia debida. Pero aún resulta más problemática mi segunda inquietud, nuestra postura a adoptar como responsables de la formación de estos especialistas, lo que nos plantea un verdadero dilema, ya que la situación que nos ocupa puede conducir a dos posicionamientos contrapuestos. De un lado el formador, adaptándose a ésta, pero quizás olvidando las obligaciones inherentes a su condición de minoría selecta, puede animar a los médicos en formación hacia una actitud de superficialidad, en la que predomine la cantidad sobre la calidad, ya que cuando terminen su especialidad y se enfrenten a los procesos selectivos, les será muy rentable en la evaluación de sus currículum. Es obvio, que de esta actitud podría escribirse un verdadero tratado, pero mi respuesta la sintetizo en el pronunciamiento de Ortega ...la vida nueva tiene que estar hecha con una materia cuyo nombre es autenticidad De otro lado, puede adoptar una posición de fomentar en los médicos residentes el esfuerzo y la calidad de formación por ejemplo, propiciándoles la colación del grado de doctor, también en mi criterio minusvalorado, el desarrollo de trabajos de investigación serios con vocación de aportar resultados interesantes para la comunidad científica, y por tanto de publicarse en revistas prestigiosas, etc. pero, a diferencia de la otra postura, su discípulo perderá opciones cuando le apliquen baremos que priman la superficialidad, y consecuentemente le penalicen el esfuerzo y la autenticidad en favor de otros opositores formados en el primer posicionamiento de los considerados. Resulta patente, que si no Si no se hace un rápido viraje de timón las perspectivas de futuro son absolutamente descorazonadoras No se debe entender como justo un baremo que puntúa todos los artículos publicados por igual se hace un rápido viraje de timón para evitar que la rectitud de conducta llegue a convertirse en un perjuicio para terceros, en este caso a los que se pretende formar, las perspectivas de futuro son absolutamente descorazonadoras, tanto para los formadores, como indiscutiblemente para los MIR en formación. Actualmente ambas partes siempre tendrán presente, en cualquiera de los dos posicionamientos, el dicho castellano una cosa es pregonar y otra dar trigo posiblemente más en el segundo al que algunos tacharían de quijotesco, y esta dificultad para lograr esa transparencia y confianza que es imperativa para alcanzar philía paidagogike constituye un motivo más de la crisis del magisterio que hoy vivimos en general, y a nivel médico en particular. Debo concluir manifestando que lo que aquí se expone es la expresión, en este ámbito, de la falta de valores y del relativismo en nuestra sociedad, denunciado por autores de las más diversas sensibilidades, así como en estas páginas de ABC casi a diario. No obstante creo, que con el esfuerzo de los que ante el dilema que me planteaba optan por la segunda postura- -ésos ¿pocos? que responsablemente asumen contracorriente su condición de minorías selectas- -se está aún a tiempo de concienciar a la Administración Sanitaria del camino decadente que llevamos. Si esto se consigue, con voluntad y ayuda de instituciones como pudiesen ser las Reales Academias- -que cuánto aportarían desde su independencia y altura científica- -y la Universidad, así como de la Comisión Nacional de Especialidades, de las Sociedades Científicas, e incluso si se pudiese contar con la gran experiencia y prestigio de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca) se podría diseñar un proceso selectivo justo y homogéneo para todo el territorio nacional, al menos en la valoración de méritos profesionales. Si realmente éste llegara a cumplir estas dos características, y se consensuara su aplicación en el precitado ámbito, se habría conseguido, en esencia, dar autenticidad a la evaluación, y por añadidura a la formación de nuestros médicos, así como confianza y satisfacción a los formadores, candidatos y evaluadores que desearan actuar con probidad- -la inmensa mayoría- -lo que, sin duda, repercutiría de forma muy positiva en nuestros Servicios de Salud, y consecuentemente en una mejor atención sanitaria a los españoles.