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6 OPINIÓN LUNES 14 s 1 s 2008 ABC LA CRÓNICA DEL LUNES DE LAS MENTIRAS CONFESADAS DE ZAPATERO A LOS CINCUENTA DÍAS DE RAJOY Zapatero inventa homenajes a las Fuerzas de Seguridad, con seis banderas españolas al fondo, mientras justifica que sus alcaldes oculten la enseña nacional cido el Gobierno, lo que dañará sus expectativas electorales. Como las está dañando la crisis económica, contra la que Zapatero agita la bolsa del superávit de las cuentas públicas del Estado, como si el sonajero de un brujo se tratara, sabiendo que las monedas no suenan en los bolsillos de muchos ciudadanos a los que Solbes recomienda no dejar propinas, comer conejo, alquilar viviendas en vez de comprarlas, y visitar los bares. Al tiempo, y para desagraviar a la nación discutida y discutible Zapatero inventa homenajes a las Fuerzas de Seguridad, con seis banderas españolas al fondo, mientras justifica que sus alcaldes oculten la enseña nacional y da por buena la normativa que margina el idioma español en Cataluña y País Vasco. Y todo ello mientras se presenta, en el homenaje al Rey, vestido de paladín de la Constitución de 1978, que él mismo ha cuestionado con el Estatuto catalán. De lo que no dice nada Zapatero, y el que calla otorga, es si piensa reabrir la negociación con ETA, o qué hará con la pretensión del PNV de convocar un referéndum, o si piensa contar en Madrid con ERC, como el PSC- PSOE en Barcelona. O cómo actuará si el Tribunal Constitucional echa por tierra artículos del Estatuto catalán- -del que ha dicho que no es principio ni fin de nada o qué pasará en Navarra si los escaños de Nafarroa Bai acaban siendo decisivos para su mayoría. O cómo piensa actuar frente a la crisis económica que ya está aquí. Parece claro que, si gana las elecciones, y vista la ilusión que le hicieron Pablo Sebastián AS elecciones generales se encaminan hacia un duelo personal entre dos, entre Zapatero y Rajoy, en pos de la movilización y concentración de los votantes en torno al PSOE y al PP, sin que Gaspar Llamares o Rosa Díez puedan interferir en el resultado final. Una batalla política que La Moncloa pretende simplificar en torno a un duelo entre la izquierda y la derecha, y no sólo, como pretenden los populares, a cuestiones de estabilidad y de confianza ciudadana a la hora de hacer frente a los nuevos desafíos de los nacionalistas, la crisis de la economía y la ruptura de la convivencia. Y, vista la precampaña electoral y los vaticinios de las encuestas, se puede decir que la incógnita reside en saber quién será perdedor y no el triunfador que al día de hoy no aparece por ninguna parte. Y, por extraño que parezca, podría darse el caso de que pierdan los dos si, por ejemplo, el PP gana por pocos diputados y el PSOE pacta un gobierno con los nacionalistas. Incluso un empate en escaños dejaría tocados a Zapatero y Rajoy. De ahí la importancia que los estrategas de los partidos dan a los debates por televisión, que los mítines y entrevistas previas están desactivando, o siendo utilizados por los candidatos para que sus asesores elaboren fichas y argumentos ante las preguntas y acusaciones esperadas del contrario. Por más que en, esos ensayos previos, se puedan escapar autoinculpaciones, como las que confesó Zapatero al diario El Mundo desvelando que mintió a los españoles, porque negoció con ETA sobre cuestiones políticas, como Navarra y autodeterminación, y que no dijo la verdad cuando, después del atentado de Barajas de finales de 2006, afirmo solemnemente que habían suspendido- -liquidado, añadió Rubalcaba- -los contactos con ETA, que el Gobierno reanudó en el 2007. La propia velocidad que el Gobierno está imprimiendo al procedimiento para ilegalizar a ANV y PCTV que se ini, ciará esta semana con ayuda de los maleables Garzón y Pumpido, prueba que Zapatero legalizó las nuevas plataformas electorales de Batasuna como otra concesión política y que las va a cerrar ahora por claro interés electoral. Aplicando la venda con la que tapar, con antelación, la herida que abrirá ETA con un nuevo atentado, del que está conven- L El líder del PP permanece en su mecedora, convencido, como la liebre frente a la tortuga del cuento, que la carrera se gana en la recta final los regalos electorales de los cardenales Rouco y García Casco, Zapatero revisará los acuerdos entre la Iglesia y el Estado y reformará la ley del aborto con plazos. Rajoy tampoco dice demasiadas cosas de lo que va a hacer y, menos aún, con quién. El líder del PP permanece en su mecedora convencido, como la liebre frente a la tortuga del cuento, que la carrera se gana en la recta final. Por ello, de momento sólo nos ha anunciado una rebaja de impuestos como el bálsamo de Fierabrás que ha de curar todas las heridas que su anunciado tsunami de la economía dejará en el territorio español. Mientras tanto, Rajoy, el número uno de la lista que Aguirre presentará por Madrid, cuida su imagen y deshoja la margarita de sus candidatos y de su programa electoral, convencido de que conseguirá ¡en sólo 50 días! lo que no alcanzó en cuatro años: una perspectiva de clara victoria que le permita gobernar. Para lo que necesitará el compromiso del electorado conservador un guiño al centro, que se llama Gallardón, y un equipo de Gobierno, por el que Zapatero le va a preguntar. La campaña electoral discurre como si los dos púgiles en liza sólo fueran a celebrar el último asalto, con el cuerpo magullado, cansados y sin que los árbitros del combate tengan decidido el final. En el que ambos podrían dar con sus huesos en la lona, ofreciendo un resultado inédito que Zapatero y Rajoy pretenderían justificar para permanecer ambos al frente del PSOE y del PP, lo que, en ese caso, sería muy difícil de imaginar.